jueves, 27 de diciembre de 2012
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Grítame de errores
¿Por
qué no me gritas “bésame, sin pudor”?
así reemplazamos el azúcar
mezclamos lo amargo con amor,
nos salimos un poco del menú
para curar mi enfermedad,
¿me haces sentir cósmica, como ayer?
si lo único importante aquí eres tú
no necesitamos más de eternidad,
¿es que acaso hay algo que debamos temer?
las flores son un nuevo tabú,
que ni tú ni yo vamos a perder,
y la violencia así forma parte del grisú
que es nuestro extraño querer.
Grítamelo directamente al vestido,
habría de resbalarse de curiosidad
y de ansias de haber huido,
buscaría en tus manos el sudor frío,
y el roce cándido que encienda mis mejillas,
ese toque lleno de veracidad
y fe ciega del confío…
Con los brazos abiertos a caer,
me quedaría esperando ver
cómo tu sonrisa brilla,
si tus ojos también lo hacen…
Para que termines, finalmente
devolviéndome a pedazos la inocencia
y yo siga pensando qué demente
si con trozos no se tapa la imprudencia…
así reemplazamos el azúcar
mezclamos lo amargo con amor,
nos salimos un poco del menú
para curar mi enfermedad,
¿me haces sentir cósmica, como ayer?
si lo único importante aquí eres tú
no necesitamos más de eternidad,
¿es que acaso hay algo que debamos temer?
las flores son un nuevo tabú,
que ni tú ni yo vamos a perder,
y la violencia así forma parte del grisú
que es nuestro extraño querer.
Grítamelo directamente al vestido,
habría de resbalarse de curiosidad
y de ansias de haber huido,
buscaría en tus manos el sudor frío,
y el roce cándido que encienda mis mejillas,
ese toque lleno de veracidad
y fe ciega del confío…
Con los brazos abiertos a caer,
me quedaría esperando ver
cómo tu sonrisa brilla,
si tus ojos también lo hacen…
Para que termines, finalmente
devolviéndome a pedazos la inocencia
y yo siga pensando qué demente
si con trozos no se tapa la imprudencia…
lunes, 10 de diciembre de 2012
Tac
La bomba de tiempo sigue y espanta, con sus inescrutables y eternos tic tacs, permaneciendo ahí sin importarle nada, sin importarle nadie, más que el tiempo mismo por el deber que ha de cumplir. No se sabe cuando se va a detener, pero no parece prioridad que los demás sepan algo más aparte de que se detendrá, y suena y suena, tic, tac, tic, se acaba. Aunque es fácil ignorarla. Basta con cerrar los ojos y pensar en algo más (y me refiero a fácil para quién sepa concentrarse con la suficiente delicadeza y fuerza de voluntad). Quizá,en alguno de esos casos en que el ocio sea más importante que las obligaciones, se pueda inquirir en la palabra de mes (complejo), en el color del día (celeste), en la frase que ronda por todos lados (vanitas pecata mundi) e incluso en el sabor que se ha impregnado este mes (Diciembre) y que sigue apareciendo a diario (helado de chocolate y algo de pasas al ron), para distraerse del sonido. En otro caso simplemente es cosa de respirar. Se va contando, uno, dos, tres, y de pronto los segundos se dejan caer y ya no se recuerdan más, hasta que algo vuelve a recordar el tiempo y la bomba vuelve a señalar su fin acercándose y resuelve sonar con más ímpetu que antes. Terminará y se sabe. Terminará y nos asusta a todos, ¿o solamente a mí?
domingo, 4 de noviembre de 2012
Mil y un cosas
¿Y cómo es que de pronto sabes todo todo de mí?
Sabes que estornudo seis veces cada vez, que no tengo color favorito, que la música me altera el día y solo la escucho cuando es alterable, que me creo luz y capaz de iluminar a otros, que estoy buscando ese eterno "she is wonderful" en cada cosa que hago, que me encanta leer, que soy feliz porque aprendí a hacerlo y tantas cosas más... ¿cómo lo supiste todo?
No sé, lo leí en tu blog.
jajajaja
chao xD
Sabes que estornudo seis veces cada vez, que no tengo color favorito, que la música me altera el día y solo la escucho cuando es alterable, que me creo luz y capaz de iluminar a otros, que estoy buscando ese eterno "she is wonderful" en cada cosa que hago, que me encanta leer, que soy feliz porque aprendí a hacerlo y tantas cosas más... ¿cómo lo supiste todo?
No sé, lo leí en tu blog.
jajajaja
chao xD
lunes, 29 de octubre de 2012
Hey
Estamos aquí, uno frente al otro, respirando a medio tiempo y aún así mirando a la nada, que se expande lentamente y nos va alcanzando, cada vez más cerca. Creo que también, observando con sigilo el aire, se puede distinguir y escuchar el silencio llenando la gran habitación, como inundándola poco a poco y tratando de escurrirse por las puertas estrechas y rendijas imposibles de las ventanas cerradas. Puede que hasta incluso, tenga un color que no le pertenece, o bien, puede que sean imaginaciones mías y que realmente, sea un silencio común y corriente como cualquier otro, demasiado casual, incómodo, ambos dos mirando a la nada y al mismo tiempo, observando los ojos ajenos.
Seguramente no decimos nada, porque no tenemos que decir. Sabemos, aunque tengamos las dudas, que no es necesario hacerlo. Cada uno comprende que solo entenderlo es primordial y el resto viene por añadidura, entenderlo y nada más. Estar allí, entenderlo, respirar. Respirar juntos. Y aún así, no decir nada.
Por cortesía lo saludé con un "hey" y bajé la mirada. Me respondió que no era tiempo aún, que no correspondía.
- Hoy conocí a la mujer más maravillosa del universo, mamá.
- ¿Te ama?
- No creo...
- ¿Entonces cómo puedes decir que es maravillosa, si no lo hace?
- Ya lo hará.
Seguramente no decimos nada, porque no tenemos que decir. Sabemos, aunque tengamos las dudas, que no es necesario hacerlo. Cada uno comprende que solo entenderlo es primordial y el resto viene por añadidura, entenderlo y nada más. Estar allí, entenderlo, respirar. Respirar juntos. Y aún así, no decir nada.
Por cortesía lo saludé con un "hey" y bajé la mirada. Me respondió que no era tiempo aún, que no correspondía.
- Hoy conocí a la mujer más maravillosa del universo, mamá.
- ¿Te ama?
- No creo...
- ¿Entonces cómo puedes decir que es maravillosa, si no lo hace?
- Ya lo hará.
sábado, 27 de octubre de 2012
Explicación científica
Principio de la anemia perniciosa:
Se deja de ser prudente, el cuerpo comienza a atacarse a sí mismo y la cantidad de HCl disminuye. Se quiere ser rebelde, la cantidad de Vitamina B12 necesaria no se absorbe y luego todos los glóbulos rojos explotan.
Posteriormente, el oxígeno es transportado por la maldad.
viernes, 12 de octubre de 2012
No, no está, es.
De pronto va avanzando, aplastando con su color gris insípido, como un Jabberwocky atravesado en la garganta, y oh, sí, yo sé que ahí está. Inevitable quitarlo, qué se le va hacer después de tantas veces que te hacen callar, que no les importa cómo te expreses mientras no hables en voz alta, en ruidos espantosos que despiertan al niño que duerme en TV y a los vecinos, los dichosos vecinos que siempre lo escuchan todo...
Separación de tiempo y aún nada que hacer. Alicia intentando luchar, pero sigue ahí y oh, yo lo siento.
Pesado, tan pesado; no deja avanzar pero sí permite, aunque por conmiseración, arrastrarse lentamente, como intentando incorporarse para llevarse mejor, como una relación simbiótica amigable, como mentiras, gris, más mentiras, más gris, obcecación y terquedad hereditarias (mera concepción personal, simple-mente estúpida de iniquidad consagrada que deambula por Wonderland después de varias guerras mundiales). Sigue avanzando, estando ahí, y no, no está, es.
Separación de tiempo y aún nada que hacer. Alicia intentando luchar, pero sigue ahí y oh, yo lo siento.
Pesado, tan pesado; no deja avanzar pero sí permite, aunque por conmiseración, arrastrarse lentamente, como intentando incorporarse para llevarse mejor, como una relación simbiótica amigable, como mentiras, gris, más mentiras, más gris, obcecación y terquedad hereditarias (mera concepción personal, simple-mente estúpida de iniquidad consagrada que deambula por Wonderland después de varias guerras mundiales). Sigue avanzando, estando ahí, y no, no está, es.
jueves, 4 de octubre de 2012
Quién será...
Un alma que se me aparece en tiendas
Batallas y amenazas de contiendas,
Edición piadosa de un momento,
Escaleras polvorientas de cualquier rubro
Que van y recorren río abajo
Los caminos impávidos de Julio,
Aún cortados al azar,
Abandono recíproco de un cambio.
Sin previa tarde de viernes
En vista de mucho co-razón,
Rodeadas de garzas y de mares
Se encuentra una obcecación inexacta,
Amarillo que cae evidente
Agarrándose al cristal
Sin encerrarse en sombrías vanidades.
Pero Judy... Judy siempre es ella. ¿Quién la va a cambiar, tan inocente, tan... tan Judy?
No serás tú quien la cambie, Jerusa, sigue sonriendo.
Evita perder.
Batallas y amenazas de contiendas,
Edición piadosa de un momento,
Escaleras polvorientas de cualquier rubro
Que van y recorren río abajo
Los caminos impávidos de Julio,
Aún cortados al azar,
Abandono recíproco de un cambio.
Sin previa tarde de viernes
En vista de mucho co-razón,
Rodeadas de garzas y de mares
Se encuentra una obcecación inexacta,
Amarillo que cae evidente
Agarrándose al cristal
Sin encerrarse en sombrías vanidades.
Pero Judy... Judy siempre es ella. ¿Quién la va a cambiar, tan inocente, tan... tan Judy?
No serás tú quien la cambie, Jerusa, sigue sonriendo.
Evita perder.
lunes, 27 de agosto de 2012
Compartir
Hoy el día estuvo hermoso. Ojalá con las letras se pudiese sentir lo que es el calor del sol que se extrañó por tanto tiempo en la piel. Natural, suave; la vida abraza y se va quedando.
domingo, 26 de agosto de 2012
Divagación en vilo, de gritos y lápices de tinta
Perdón, pero necesitaba de esa dosis tremenda que es la liberación, ya que ahora mismo no existe otro modo aparte de este. La música, el baile, los dibujos y el conversar de han extinguido para mí; son fantasmas, simplemente, porque murieron y tengo recuerdos planos y tan vagos... Menos mal que dijiste, Daniela, y mira que el blog pone tu nombre con la línea de error abajo, porque quizá no te llamas así cuando terminaste por cambiarte el nombre mil veces y tu original se olvidó. Qué más da, je ne sais pas y no me importa ni el más mínimo segundo porque le haré caso a Shakespeare y su enunciado de las rosas que nunca leí y que tampoco me pude aprender con la memoria fija. Es sólo un mal momento, Daniela, tenés que entender. Durará poco como todo aquello que fluye, aunque sea eterno acaba por ser terriblemente diferente y es en efecto, una pérdida más que nada. Sí, podés reírte de ti... mirá que con acento argentino suena más bonito.
Es tarde, Danielita, ándate a dormir porquenosequé y no traje los lentes y léeme los premios de rifa; tanto que te quiero, mamá, y tan mal que te trato porque te tengo una envidia tremenda y soy una malagradecida de los mil demonios... te quiero, te quiero, no me dejes aunque te grite y deje sorda y triste, nunca quise portarme así contigo...
Come-on & s'ilvousplâit, un lamento no te hará más feliz para nada, pero así evitas el pensamiento de dormir y las otras barbaries que piensas en todo el idioma diferente que se te cruce por delante... miedo al insomnio, sí, y miedo al futuro que siempre creíste soñar... si podías visualizar algo, no se iba a cumplir y ya no se van a cumplir esas cosas jamás, por algo las imaginas, ¿o no? Qué pena y qué miseria te van a envolver si no las podés imaginar, Vivi, la inerte y nunca nombrada Vivi, la solitaria Vivi y las falsas amigas que nunca le compartió Daniela y por eso nunca se enteró de la verdad... hasta el día de hoy cree que todos son buenos y se entristece ante las malas noticias por ser así de obsoleta.
Y vete a decir que me morí de celos, es sólo un mal momento y ergo nada.
Miente, miente, sigue mintiendo y no, no confíes en mí porque ni yo lo hago.
Otro día.
Es el té, querido, siempre ha sido el té y está mal que lo confundas con amor y el tiritar de mis manos con la emoción... con los descubrimientos yo fallo y cuando sea capaz de responder todas tu preguntas, hasta las más absurdas e incongruentes, estoy segura de que parto.
Otro día.
Mirá de las tonterías que te ponés a divagar. Vacío, sin contenido; algún día te va a pasar la cuenta. No tenés más karma para pagar y ahí (sí, más y y y y y si si tú él yo) sigue el juego, más piezas en un tablero inconcebible y onírico.
¡Él, él, él! Siempre va pasos más adelante de mí...
Tanta paciencia que me tenés y no sé que quieres, que esperas, si yo estoy vacía, no sé...
Otro día.
Que explote, que arda con sus pasiones.
Que explote al fin y al cabo, porque es la única forma de terminar con cualquier cosa vulnerable a arder.
Otro día.
Ya ves que eres influenciable. Y tanto así, tan profundamente, que eres un modelo casi perfecto de lo que quieres imitar, por no decir clon. Basta de eufemismos y cosas raras, entiende de una vez que el océano dorado, la brisa que extiende o el control de sus lamentos no eres tú. A ti te pasaron un lápiz, el conocimiento de las letras y tu hiciste tanto caos como se te dio la gana... Mal, mal, pésimo. Y tan, tan ridícula con el lapicito rosado escribiendo en la micro, con los minutos contados en que pierdes más tiempo intentando leer la hora que adivinándola por sobre el nácar y sus indicadores, viajando de anhelo en anhelo para que en la noche no puedas dormir.
No se obtiene nada con esconder, decide si quieres ser verdadera. Es el primer paso para ser real.
Es tarde, Danielita, ándate a dormir porquenosequé y no traje los lentes y léeme los premios de rifa; tanto que te quiero, mamá, y tan mal que te trato porque te tengo una envidia tremenda y soy una malagradecida de los mil demonios... te quiero, te quiero, no me dejes aunque te grite y deje sorda y triste, nunca quise portarme así contigo...
Come-on & s'ilvousplâit, un lamento no te hará más feliz para nada, pero así evitas el pensamiento de dormir y las otras barbaries que piensas en todo el idioma diferente que se te cruce por delante... miedo al insomnio, sí, y miedo al futuro que siempre creíste soñar... si podías visualizar algo, no se iba a cumplir y ya no se van a cumplir esas cosas jamás, por algo las imaginas, ¿o no? Qué pena y qué miseria te van a envolver si no las podés imaginar, Vivi, la inerte y nunca nombrada Vivi, la solitaria Vivi y las falsas amigas que nunca le compartió Daniela y por eso nunca se enteró de la verdad... hasta el día de hoy cree que todos son buenos y se entristece ante las malas noticias por ser así de obsoleta.
Y vete a decir que me morí de celos, es sólo un mal momento y ergo nada.
Miente, miente, sigue mintiendo y no, no confíes en mí porque ni yo lo hago.
Otro día.
Es el té, querido, siempre ha sido el té y está mal que lo confundas con amor y el tiritar de mis manos con la emoción... con los descubrimientos yo fallo y cuando sea capaz de responder todas tu preguntas, hasta las más absurdas e incongruentes, estoy segura de que parto.
Otro día.
Mirá de las tonterías que te ponés a divagar. Vacío, sin contenido; algún día te va a pasar la cuenta. No tenés más karma para pagar y ahí (sí, más y y y y y si si tú él yo) sigue el juego, más piezas en un tablero inconcebible y onírico.
¡Él, él, él! Siempre va pasos más adelante de mí...
Tanta paciencia que me tenés y no sé que quieres, que esperas, si yo estoy vacía, no sé...
Otro día.
Que explote, que arda con sus pasiones.
Que explote al fin y al cabo, porque es la única forma de terminar con cualquier cosa vulnerable a arder.
Otro día.
Ya ves que eres influenciable. Y tanto así, tan profundamente, que eres un modelo casi perfecto de lo que quieres imitar, por no decir clon. Basta de eufemismos y cosas raras, entiende de una vez que el océano dorado, la brisa que extiende o el control de sus lamentos no eres tú. A ti te pasaron un lápiz, el conocimiento de las letras y tu hiciste tanto caos como se te dio la gana... Mal, mal, pésimo. Y tan, tan ridícula con el lapicito rosado escribiendo en la micro, con los minutos contados en que pierdes más tiempo intentando leer la hora que adivinándola por sobre el nácar y sus indicadores, viajando de anhelo en anhelo para que en la noche no puedas dormir.
No se obtiene nada con esconder, decide si quieres ser verdadera. Es el primer paso para ser real.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Mon cher ami III
A ti te cuento,
Con todas sus letras
A partir de muchas derivas
Con la más grande de las ternuras
- de esas que se apegan y sacan sonrisas,
de esas que van casi sin prisa-,
Que estás en todas partes
El autor de un libro,
En una frase cautivante,
Una vez en vista de un paraguas
Y una lluvia de cualquier invierno,
En que el café con chocolate
Era un invento de hace mucho
-a veces demasiado- tiempo
(Moka, pero no recuerdo si el hecho era
la instantaneidad de su preparación)...
Quién nos mandó a leernos,
Cuando hay versos que van demás
Yo de eso jamás tuve la culpa...
Siempre quise que todo fuese pólvora
O que todo sea otro día casual
Bajo azules estridentes
Habiendo dormido nada...
- Pero siendo tan esporádico
No me das tiempo de reaccionar
Y me sorprendo, más bien
Como hay que hacer todo el progreso
De nuevo y otra vez...
Un largo camino
A ser abstracta
Si el alma anda siguiendo a alguien
e intentando salvar el mundo.
PD: Si esto es malo, el primero era peor xD por eso lo edité aunque sea por realización personal, es un diario después de todo, ¿verdad?
PD2: Seguía siendo terrible.
Con todas sus letras
A partir de muchas derivas
Con la más grande de las ternuras
- de esas que se apegan y sacan sonrisas,
de esas que van casi sin prisa-,
Que estás en todas partes
El autor de un libro,
En una frase cautivante,
Una vez en vista de un paraguas
Y una lluvia de cualquier invierno,
En que el café con chocolate
Era un invento de hace mucho
-a veces demasiado- tiempo
(Moka, pero no recuerdo si el hecho era
la instantaneidad de su preparación)...
Quién nos mandó a leernos,
Cuando hay versos que van demás
Yo de eso jamás tuve la culpa...
Siempre quise que todo fuese pólvora
O que todo sea otro día casual
Bajo azules estridentes
Habiendo dormido nada...
- Pero siendo tan esporádico
No me das tiempo de reaccionar
Y me sorprendo, más bien
Como hay que hacer todo el progreso
De nuevo y otra vez...
Un largo camino
A ser abstracta
Si el alma anda siguiendo a alguien
e intentando salvar el mundo.
PD: Si esto es malo, el primero era peor xD por eso lo edité aunque sea por realización personal, es un diario después de todo, ¿verdad?
PD2: Seguía siendo terrible.
jueves, 9 de agosto de 2012
Todo actúa por impulsividad, más cuando se sabe que no va a funcionar y se quiere ignorar lo inevitable...
Hay dias en que el sol deja de brillar para contradecir a las nubes que quieren tomar vacaciones. Y el cielo no quiere quedarse solo. Será, se resignan ellas, el otro verano tal vez.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Y soy un atado de nervios
Y lleva una presión en el pecho,
terrible e incongruente
y no encuentra fin
ni salida ni remanso,
quiere permanecer aún
al asalto de la duda,
abrazando el miedo
el arrepentimiento por ir...
¿Cuál es tu excusa,
-por más impávida y
por más inusual-
que pueda llegar a ser?
La curiosidad, mi vida,
es culpable de cualquier asesinato.
Luego lo remonta en formas,
de sombrero o de idea
por encima de cada cabeza,
terciopelo negro en las nubes,
más peso,
más inconsecuencia,
- y necesito ayuda,
ayuda porque tengo temor-
el gesto de dejar de estar
y de robarme tus ideas...
Y aquella presión
no deja de rebelarse,
cuanto tiempo más
cuantos días perdidos...
Cesa ya, presión
si al menos fueses original...
no haces más que todos
se trata de amargarme los días.
terrible e incongruente
y no encuentra fin
ni salida ni remanso,
quiere permanecer aún
al asalto de la duda,
abrazando el miedo
el arrepentimiento por ir...
¿Cuál es tu excusa,
-por más impávida y
por más inusual-
que pueda llegar a ser?
La curiosidad, mi vida,
es culpable de cualquier asesinato.
Luego lo remonta en formas,
de sombrero o de idea
por encima de cada cabeza,
terciopelo negro en las nubes,
más peso,
más inconsecuencia,
- y necesito ayuda,
ayuda porque tengo temor-
el gesto de dejar de estar
y de robarme tus ideas...
Y aquella presión
no deja de rebelarse,
cuanto tiempo más
cuantos días perdidos...
Cesa ya, presión
si al menos fueses original...
no haces más que todos
se trata de amargarme los días.
jueves, 19 de julio de 2012
Wordception
Toma el asiento, enciende la pantalla, espera que no se apague súbitamente. Mientras el vicio cobra vida y el ventilador hace el ruido que no debería hacer, intenta mantener sus pensamientos alejados y separados de todo lo que acontece y no ha querido morir, aún después de meses y años de contiendas que no acabaron en su preciso momento, ni quisieron convertirse en un aprenderás más tarde.
Es frívola, como las demás. Tiene malos pensamientos y deseos, como todos. La meta del ángel se le aleja una y otra vez, porque ya no tiene motivos para buscar esas alas que anheló alguna vez. Y piensa, con lástima, que el gris está volviendo y haciéndose uno con las noches en velo que más que una súplica ahora son eternas y eternizantes, y más que gratas se han vuelto graciosas; una burla a su forma de ser.
Vuelve a mirar la pantalla. No está conectado el internet, habrá que esperar hasta que la voluntad del objeto inanimado ceda a los constantes apagar y encender otra vez. Pero, recuerda y quiere recordar, que nunca el método ha funcionado y que tiene muchas imágenes que ver y volver a vivir. Conversaciones, releídas con manchas imaginarias de café; fotos que ya han perdido sus puntas; risas, que ya han perdido la razón que las hizo brotar alguna vez.
Ya recordó demasiado y el día se le amargó un poco más. Está nublado, falto de azúcar. Abre Word (le hace gracia que al escribir Word, este lo corrija inmediatamente a mayúscula… existe el egocentrismo hasta en los programas de computadora) y comienza a divagar para ver qué tanto han mejorado sus expresiones por medio de las lecturas, a modo de un autoanálisis.
Escribe que toma el asiento, que enciende la pantalla, espera que no se apague súbitamente, por el error que persistió aún después de la visita del técnico. Escribe poco, porque intenta hacerlo fluido, mientras espera que el vicio la envuelva otra vez, como una nube de humo.
El internet se ha conectado. Cierra Word, y con él, las palabras.
Es frívola, como las demás. Tiene malos pensamientos y deseos, como todos. La meta del ángel se le aleja una y otra vez, porque ya no tiene motivos para buscar esas alas que anheló alguna vez. Y piensa, con lástima, que el gris está volviendo y haciéndose uno con las noches en velo que más que una súplica ahora son eternas y eternizantes, y más que gratas se han vuelto graciosas; una burla a su forma de ser.
Vuelve a mirar la pantalla. No está conectado el internet, habrá que esperar hasta que la voluntad del objeto inanimado ceda a los constantes apagar y encender otra vez. Pero, recuerda y quiere recordar, que nunca el método ha funcionado y que tiene muchas imágenes que ver y volver a vivir. Conversaciones, releídas con manchas imaginarias de café; fotos que ya han perdido sus puntas; risas, que ya han perdido la razón que las hizo brotar alguna vez.
Ya recordó demasiado y el día se le amargó un poco más. Está nublado, falto de azúcar. Abre Word (le hace gracia que al escribir Word, este lo corrija inmediatamente a mayúscula… existe el egocentrismo hasta en los programas de computadora) y comienza a divagar para ver qué tanto han mejorado sus expresiones por medio de las lecturas, a modo de un autoanálisis.
Escribe que toma el asiento, que enciende la pantalla, espera que no se apague súbitamente, por el error que persistió aún después de la visita del técnico. Escribe poco, porque intenta hacerlo fluido, mientras espera que el vicio la envuelva otra vez, como una nube de humo.
El internet se ha conectado. Cierra Word, y con él, las palabras.
domingo, 8 de julio de 2012
El de atrás
Sólo no la dejes morir, comentó entre sollozos.
No la dejes morir.
Sus palabras caían lentamente en la sala, condensándose en gotas de sudor que sólo hacían que estuviese más y más tenso a medida que la hora avanzaba y se consumía junto con ella; junto con no dejarla morir.
¿Por qué la dejaría morir, si representaba para él una vida más que su trabajo le pedía salvar? ¿Por qué no obedecería a sus leyes, a su moral, permitiendo que la muerte se la llevase, sin un intento de ayuda de su parte? No entendía aquella petición extraña, irracional; sin embargo, continuaba repitiéndola una y otra vez, mientras sus manos firmes trabajaban en un cuerpo inerte pero aún tibio, aún respirando.
La luz estaba demasiado fuerte. El sonido de los autos se convertía en ruido. No, no era eso. ¿Qué era entonces? Algo lo molestaba en profundidad, más que el constante tic tac del reloj que no callaba ni pensaba callar. El hombre en la esquina lo intimidaba e intimidó desde un principio, sus palabras, su corbata mal puesta, sus que tenga cuidado, sus que no la deje morir. Su respiración, sus lágrimas forzadas, le daba asco él y su maldito trabajo, un torbellino de problemas que no cesaban de ocurrir, la herida que no dejaba de sangrar. Seguía curando, haciendo lo que podía. No dejándola morir. Su estado era tan lamentable...se mezclaba de a poco con perfume de ella, y junto a la visión escandalosa de su estado, lo hacían sentir casi paternal, entre abrazarla y decirle que estaría bien, que una puntada más, que permaneciera. Pero otra parte, contrastando, pedía a gritos que el brillo de sus ojos se quedara, pero junto a él. Era hermosa, era joven, debía cuidarla. Maldijo la escalera. La piel lastimada por los golpes, por la caída, aún se veía tersa y el reflejo de alguien que había disfrutado de una buena vida, a diferencia de sus manos ásperas. Quizá la hubiese conocido a ella, en un mejor estado, sonriente, esperándolo en algún café. Quizá no la hubiese conocido en su clínica improvisada. Alcohol, algodón, la morfina. La herida en la cabeza ya se veía mejor, un poco mejor. ¿Por qué no se apura? ¿No ve que está muriendo? Quería gritarle, quería decirle que callara, pero respondió con calma, no estaba luchando por él, sino por ella, y también poco a poco, la piel de sus mejillas volvía a aparecer y aparecería aún más rápido con tranquilidad. Escuchó el susurro de la palabra incompetente, médico de pacotilla. ¿Y esperaba algo más, si él sabía que estaba fuera de la ley? ¿Por qué la había llevado donde él?
Se quejaba, le dolía. Ponía otra venda donde la herida ya no podía infectarse. El reloj seguía sonando, incansablemente. Levantó su cabeza, sus rizos desarmados, y ella abrió los ojos, aún algo inconsciente. Lo miró con miedo, un miedo que se hacía muy distinto a alguien que no sabía su ubicación. Se acercó a oír si su respiración se escuchaba bien, calmarla, sin que el hombre en la habitación se percatara. No tenemos escalera, susurró. La apartó y siguió sanando sus heridas, no era su asunto.
Los balbuceos molestos, sin lograr apartarlos de su mente, seguían repiqueteando. No sirven para nada, se les paga... no la deje morir. No sabía si la lágrima que corría por la mejilla de ella era de dolor o de miedo, si estaba ahí por algún motivo más que él no conocía. Se levantó. El hombre le preguntó que hacía, que por qué había parado, si no sabía quién era él y por qué se atrevía a cuestionarlo. ¡Qué le importaba si él le había pegado! ¡Era su mujer y podía hacer con ella lo que quisiera! No le pagaba por eso. Cállese y siga trabajando, le digo.
La cubrió con una manta mientras se preguntaba qué iba a hacer, mientras observaba sus manos aún tiritando y el cuerpo inconsciente del hombre al que había golpeado.
Podía ayudarla...
No era su asunto.
Podía no dejarla morir...
No la dejes morir.
Sus palabras caían lentamente en la sala, condensándose en gotas de sudor que sólo hacían que estuviese más y más tenso a medida que la hora avanzaba y se consumía junto con ella; junto con no dejarla morir.
¿Por qué la dejaría morir, si representaba para él una vida más que su trabajo le pedía salvar? ¿Por qué no obedecería a sus leyes, a su moral, permitiendo que la muerte se la llevase, sin un intento de ayuda de su parte? No entendía aquella petición extraña, irracional; sin embargo, continuaba repitiéndola una y otra vez, mientras sus manos firmes trabajaban en un cuerpo inerte pero aún tibio, aún respirando.
La luz estaba demasiado fuerte. El sonido de los autos se convertía en ruido. No, no era eso. ¿Qué era entonces? Algo lo molestaba en profundidad, más que el constante tic tac del reloj que no callaba ni pensaba callar. El hombre en la esquina lo intimidaba e intimidó desde un principio, sus palabras, su corbata mal puesta, sus que tenga cuidado, sus que no la deje morir. Su respiración, sus lágrimas forzadas, le daba asco él y su maldito trabajo, un torbellino de problemas que no cesaban de ocurrir, la herida que no dejaba de sangrar. Seguía curando, haciendo lo que podía. No dejándola morir. Su estado era tan lamentable...se mezclaba de a poco con perfume de ella, y junto a la visión escandalosa de su estado, lo hacían sentir casi paternal, entre abrazarla y decirle que estaría bien, que una puntada más, que permaneciera. Pero otra parte, contrastando, pedía a gritos que el brillo de sus ojos se quedara, pero junto a él. Era hermosa, era joven, debía cuidarla. Maldijo la escalera. La piel lastimada por los golpes, por la caída, aún se veía tersa y el reflejo de alguien que había disfrutado de una buena vida, a diferencia de sus manos ásperas. Quizá la hubiese conocido a ella, en un mejor estado, sonriente, esperándolo en algún café. Quizá no la hubiese conocido en su clínica improvisada. Alcohol, algodón, la morfina. La herida en la cabeza ya se veía mejor, un poco mejor. ¿Por qué no se apura? ¿No ve que está muriendo? Quería gritarle, quería decirle que callara, pero respondió con calma, no estaba luchando por él, sino por ella, y también poco a poco, la piel de sus mejillas volvía a aparecer y aparecería aún más rápido con tranquilidad. Escuchó el susurro de la palabra incompetente, médico de pacotilla. ¿Y esperaba algo más, si él sabía que estaba fuera de la ley? ¿Por qué la había llevado donde él?
Se quejaba, le dolía. Ponía otra venda donde la herida ya no podía infectarse. El reloj seguía sonando, incansablemente. Levantó su cabeza, sus rizos desarmados, y ella abrió los ojos, aún algo inconsciente. Lo miró con miedo, un miedo que se hacía muy distinto a alguien que no sabía su ubicación. Se acercó a oír si su respiración se escuchaba bien, calmarla, sin que el hombre en la habitación se percatara. No tenemos escalera, susurró. La apartó y siguió sanando sus heridas, no era su asunto.
Los balbuceos molestos, sin lograr apartarlos de su mente, seguían repiqueteando. No sirven para nada, se les paga... no la deje morir. No sabía si la lágrima que corría por la mejilla de ella era de dolor o de miedo, si estaba ahí por algún motivo más que él no conocía. Se levantó. El hombre le preguntó que hacía, que por qué había parado, si no sabía quién era él y por qué se atrevía a cuestionarlo. ¡Qué le importaba si él le había pegado! ¡Era su mujer y podía hacer con ella lo que quisiera! No le pagaba por eso. Cállese y siga trabajando, le digo.
La cubrió con una manta mientras se preguntaba qué iba a hacer, mientras observaba sus manos aún tiritando y el cuerpo inconsciente del hombre al que había golpeado.
Podía ayudarla...
No era su asunto.
Podía no dejarla morir...
lunes, 11 de junio de 2012
Lo siento (versión perdóname)
Perdóname, corazón, pero entiende tú también, que la pluralidad se acerca y toma todos los sentidos cuando se escribe en las ventanas e inevitablemente, sólo se pueden borrar en alcohol. Y persigue, además, la búsqueda de todos los significados, antes de que el ocaso termine con la luz y no veas ya los personajes, sino el insignificante papel que los atrapó y te los arrebató más tarde, al igual que el apagado candor de las velas. ¿Podrías hacerlo, corazón, si es que para mí ya es tarde? Las horas algún día me alcanzarán también y la eternidad aparente, sujeta en un cristal, se acabará tan pronto terminen mis luchas: no hay temor que se mantenga sin noches avivándolo, y a su vez, insomnios que coincidan con sueños venideros. Concédeme el favor; tan sólo ese último y seré inmensamente feliz. Prometo que la culpa ya no caerá sobre ti como remordimiento ni errores planificados, más bien como un cambio que ha de ser traído, necesariamente para beneficio y otros fines de predominio angelical. Por favor, corazón, mantente latiendo hasta que el reloj se detenga para ambos.
- Hace frío...
- Lo sé.
- Hace frío...
- Lo siento.
- Hace frío...
- Lo sé.
- Hace frío...
- Lo siento.
domingo, 3 de junio de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
Cuéntese de un tango...
Cruzando la calle, lo abrazó, en medio de todo. Él se la iba a llevar, como consuelo.
Acaricia mi ensueño
El suave murmullo
De tu suspirar.
Como ríe la vida
Si tus ojos negros
Me quieren mirar.
Escribía del amor porque no lo entendía.
Escribía de bares porque jamás los había visitado.
Escribía de la vida, porque nunca la había vivido.
En ella, una entre la multitud, quedaba aun la imaginación como método de visita, de conocimiento y respuesta a la inquietud, a sus dudas y miedos: la resolución del todo.
Escribía de curiosidad porque la sentía tan cerca y tan tangible que no podía deshacerse de ella por métodos tan simples.
Y si es mío el amparo
De tu risa leve
Que es como un cantar,
Ella aquieta mi herida,
Todo, todo se olvida.
Huía desesperadamente de su voz, ¡tan desesperadamente! No creyó que el golpe sería tan fuerte. El choque entre la imaginación y lo verdadero, la mataba, lentamente, mientras se perdía en la melodía hermosa que desprendía su único amor, con canciones antes interpretadas por Gardel.
Fue tarde cuando se vio atrapada, cuando vio que lo perdía. Corrió en busca de su nombre, sin resultados ni noticias a su favor.
El día que me quieras
La rosa que engalana,
Se vestirá de fiesta
Con su mejor color.
Salió un jueves, superando el encierro, cuando anocheció. Si la lluvia caía sobre la noche, o la noche caía sobre ella, lo ignoraba, ensimismada en sus pensamientos de ansiedad. Tenía miedo de que al llegar, cambiase tanto para mal, que al leer sus historias ya no causaran el mismo efecto. Pensó en el aroma del café. ¡Cuánto extrañaría el aroma que desprendían aquellas páginas, su calidez, su textura! Ya no acompañaría a la perfección los días de metáfora; sería un triste tazón con agua mal hervida y el dinero afectando su mala calidad.
Inspiró de valentía, porque aún no estaba segura de su decisión. Extrañaría la irrealidad.
Y al viento las campanas
Dirán que ya eres mía,
Y locas las fontanas
Se contarán su amor.
La voz comenzó a perseguirla, como un recuerdo doloroso y fúnebre de algo que no llegó por su intención.
Por buscarlo, por quererlo; ese único error.
El día que me quieras
No habrá más que armonía.
Será clara la aurora
Y alegre el manantial.
No escribió de la muerte, porque no le tenía miedo.
Traerá quieta la brisa
Rumor de melodía.
Y nos darán las fuentes
Su canto de cristal.
Acaricia mi ensueño
El suave murmullo
De tu suspirar.
Como ríe la vida
Si tus ojos negros
Me quieren mirar.
Escribía del amor porque no lo entendía.
Escribía de bares porque jamás los había visitado.
Escribía de la vida, porque nunca la había vivido.
En ella, una entre la multitud, quedaba aun la imaginación como método de visita, de conocimiento y respuesta a la inquietud, a sus dudas y miedos: la resolución del todo.
Escribía de curiosidad porque la sentía tan cerca y tan tangible que no podía deshacerse de ella por métodos tan simples.
Y si es mío el amparo
De tu risa leve
Que es como un cantar,
Ella aquieta mi herida,
Todo, todo se olvida.
Huía desesperadamente de su voz, ¡tan desesperadamente! No creyó que el golpe sería tan fuerte. El choque entre la imaginación y lo verdadero, la mataba, lentamente, mientras se perdía en la melodía hermosa que desprendía su único amor, con canciones antes interpretadas por Gardel.
Fue tarde cuando se vio atrapada, cuando vio que lo perdía. Corrió en busca de su nombre, sin resultados ni noticias a su favor.
El día que me quieras
La rosa que engalana,
Se vestirá de fiesta
Con su mejor color.
Salió un jueves, superando el encierro, cuando anocheció. Si la lluvia caía sobre la noche, o la noche caía sobre ella, lo ignoraba, ensimismada en sus pensamientos de ansiedad. Tenía miedo de que al llegar, cambiase tanto para mal, que al leer sus historias ya no causaran el mismo efecto. Pensó en el aroma del café. ¡Cuánto extrañaría el aroma que desprendían aquellas páginas, su calidez, su textura! Ya no acompañaría a la perfección los días de metáfora; sería un triste tazón con agua mal hervida y el dinero afectando su mala calidad.
Inspiró de valentía, porque aún no estaba segura de su decisión. Extrañaría la irrealidad.
Y al viento las campanas
Dirán que ya eres mía,
Y locas las fontanas
Se contarán su amor.
La voz comenzó a perseguirla, como un recuerdo doloroso y fúnebre de algo que no llegó por su intención.
Por buscarlo, por quererlo; ese único error.
El día que me quieras
No habrá más que armonía.
Será clara la aurora
Y alegre el manantial.
No escribió de la muerte, porque no le tenía miedo.
Traerá quieta la brisa
Rumor de melodía.
Y nos darán las fuentes
Su canto de cristal.
jueves, 17 de mayo de 2012
Revoluciones varias
Por eso
si vamos a suicidarnos,
cuento con tu presencia y la mía.
cuento con tu presencia y la mía.
Cuando se piensa que las cosas ruedan,
uno mismo se ve girando.
No adjuntando sentimientos
sólo viendo lo constante.
sólo viendo lo constante.
Lo brusco de la continuidad que nos rodea, solo un murmullo de voces
penetrantes en nuestra percepción desprovista de sentido común. La
contrariedad puede ayudar, porque los gritos son enterrados por el silencio
de la incomprensión.
Y.. la oscuridad nos
lleva al camino del camino del camino del camino de aquél que nunca dejó de
girar.
Las horas van contrarias y el tiempo más joven.
Los intentos serán un inicio de despedida.
¡Tan insano! ¡Tan sentimentalista!
Tú no eres mi girasol.
viernes, 11 de mayo de 2012
Arriba, ¡en las nubes!
No quiero que esta sensación se me pase. Me siento tan, tan, pero tan feliz, que casi floto, allá arriba, en y con las nubes. ¡Todavía escucho la música, las risas espontáneas, los gritos eufóricos! Ahí están, siguen cercanos, acompañados de Stayin' alive, separados de nosotros por una única cuerda. Caen los globos y se recogen para quién sabe qué propósito llenamos una bolsa de ellos, quizá solo observar las reacciones de la gente cuando no tienen ninguno y dicen "¡Mira!". Que piensen que estamos locas, locas por ellos, locas por los globos, locas por locas y qué más da, me gusta todo así.
Reír.
Reír.
jueves, 10 de mayo de 2012
Bajo aquel
Se quedó cerca de la oscuridad, aunque sabía que no vería una vez dentro. Pero ¿qué más daba? ¿preguntaría alguien por ella? lo más probable, era que no; se aseguró a sí misma que nadie buscaría sus huellas aún cuando la lluvia se preocupara en taparlas. Pensó que no le ocasionaría daño absoluto a ninguna persona en especial; lo había comprobado cuando a veces se le olvidaba respirar. Y aquellas veces, se sentía tan pequeña, tan limítrofe... idéntica bajo los altos árboles que opacaron su sombra y la razón que tuvo, cuando nadie la buscó.
lunes, 7 de mayo de 2012
Y otra vez, el rencor se mantiene cándido
Son algo así como las seis de la mañana, y ya el día comenzó mal.
Me disculpo ante quién tenga que leer, pero de verdad que no supe a qué o a quién recurrir...
Me despertaron sus gritos, el enojo y la pena de él y de ella. No sé si le pegó.
Ella está enferma y discutir también le hace mal...
No pude enfrentarlo, pero te prometo, mamá, que lo haré y dejaré la cobardía por ti.
Sus lágrimas por las tuyas.
No pude enfrentarlo, pero te prometo, mamá, que lo haré y dejaré la cobardía por ti.
Sus lágrimas por las tuyas.
jueves, 3 de mayo de 2012
Intranauta
No puedo evitar dibujar rosas en mi jardín, imaginar lunas en mi ventana y ojos en cada lugar que preceda a las pestañas. De todo nace algo nuevo, aunque no original. De poco a poco se me hizo un hábito común la fantasía, y no sé si ahora es tarde para salir de ella. Al menos tengo el consuelo de que al leer Hamlet no terminé creyéndome Ofelia. Y algo intentaré... aunque sea mejorar la historia de mis jueves.
martes, 1 de mayo de 2012
Para mí
Un millar de veces,
de tu llanto escuché
el crecer de tu consuelo
el crecer de tu querer,
y tapé de rosas
un jardín de maleza
y no hice nada
porque tuve miedo de mí.
Por eso, no esperes nada, nada, nada.
Seguirá siendo una soledad, tan desolada...
de tu llanto escuché
el crecer de tu consuelo
el crecer de tu querer,
y tapé de rosas
un jardín de maleza
y no hice nada
porque tuve miedo de mí.
Por eso, no esperes nada, nada, nada.
Seguirá siendo una soledad, tan desolada...
miércoles, 25 de abril de 2012
Detalles
Miró sus manos con detenimiento, por primera y única vez en su vida. El tiempo le parecía demasiado poco para malgastarlo en detalles como su persona, y los espejos eran nada más que sombras a la espera de una vista a expensas de la noche. Notó las arrugas, hasta ese momento invisibles, que decoraban cada uno de sus dedos. Había envejecido, y sin embargo, nunca había producido nada bueno con aquellas torpes que tiritaban al tejer. Luego, lloró por todos los años que había perdido, reflejados en su piel.
lunes, 23 de abril de 2012
Cien años a mi pesar
Cien años de espera,
cien años son miseria
susurraste a mi pesar.
No hallé gracia en tu boca,
en sus movimientos de malicia
y tapé mis ojos para no ver
solo para oír tu voz clara,
arrulladora,
futuros haciéndome soñar.
Me dejé llevar por ella,
una luna
dos inviernos
cien años
y es que cien años pasan rápido
entre la pena y la agonía,
cien años que vuelan,
sin alas, sin razón
sólo pasan, olvidan;
son sólo cien años,
susurraste a mi pesar.
La segunda vez,
tapé mi cordura
y te observé con ventanas nuevas,
mis ojos siendo los tuyos;
pero no me perdí en ellos,
si no en tu voz.
Un intérprete,
parte de una obra,
un personaje que emociones
cantaba todos los días
y delegó
a cien años de mi pesar.
Y dejé que el escenario se esfumara,
porque no era para mí;
no se recitaba mi nombre,
ni mis sueños
sólo era más y más vacío
dentro de mi corazón.
La radio dejó de sonar. Dejó el lápiz a un lado y abrió la ventana. El tenor imaginado desapareció y el viento hizo caer la hoja, perdiéndola bajo la mesa. Dejó que los cien años de pesar, se esfumaran tranquilamente y se librara su alma de pájaro encerrada en una poetisa.
cien años son miseria
susurraste a mi pesar.
No hallé gracia en tu boca,
en sus movimientos de malicia
y tapé mis ojos para no ver
solo para oír tu voz clara,
arrulladora,
futuros haciéndome soñar.
Me dejé llevar por ella,
una luna
dos inviernos
cien años
y es que cien años pasan rápido
entre la pena y la agonía,
cien años que vuelan,
sin alas, sin razón
sólo pasan, olvidan;
son sólo cien años,
susurraste a mi pesar.
La segunda vez,
tapé mi cordura
y te observé con ventanas nuevas,
mis ojos siendo los tuyos;
pero no me perdí en ellos,
si no en tu voz.
Un intérprete,
parte de una obra,
un personaje que emociones
cantaba todos los días
y delegó
a cien años de mi pesar.
Y dejé que el escenario se esfumara,
porque no era para mí;
no se recitaba mi nombre,
ni mis sueños
sólo era más y más vacío
dentro de mi corazón.
La radio dejó de sonar. Dejó el lápiz a un lado y abrió la ventana. El tenor imaginado desapareció y el viento hizo caer la hoja, perdiéndola bajo la mesa. Dejó que los cien años de pesar, se esfumaran tranquilamente y se librara su alma de pájaro encerrada en una poetisa.
miércoles, 11 de abril de 2012
¿Sigues estando ahí, inseguridad?
Por minutos he llegado tarde y perdido mi oportunidad. ¿Cuántas veces ha de ocurrirme, antes de reaccionar? La inseguridad me lo impide. Me lo impide todo.
Algún día el mundo será mío y ya no me pasará otra vez. Sí, ríete de mí. Quizá así también yo me ría.
Algún día el mundo será mío y ya no me pasará otra vez. Sí, ríete de mí. Quizá así también yo me ría.
La nube en el último vagón
Como avanzan los murmullos,
se encierra el ruido,
la paz aparente,
los sueños perdidos,
el pensamiento caótico,
las horas condensadas
y todo aquello sutil
que perece,
que no quiere revivir,
toma sus maletas y huye
fuera de la escena del bien.
Los rieles no escapan,
se hacen volátiles,
lejos del silencio,
donde los llaman a gritos
de dolor,
de miedo, algunas veces...
los mínimos de sarcasmo,
llenos de música
de color y nuevas ilusiones.
Adoptan alas de un batir nuevo.
El humo desprendido,
no es más que un canto,
asumido en despedida,
el borrón en la carta
que nunca te envié.
se encierra el ruido,
la paz aparente,
los sueños perdidos,
el pensamiento caótico,
las horas condensadas
y todo aquello sutil
que perece,
que no quiere revivir,
toma sus maletas y huye
fuera de la escena del bien.
Los rieles no escapan,
se hacen volátiles,
lejos del silencio,
donde los llaman a gritos
de dolor,
de miedo, algunas veces...
los mínimos de sarcasmo,
llenos de música
de color y nuevas ilusiones.
Adoptan alas de un batir nuevo.
El humo desprendido,
no es más que un canto,
asumido en despedida,
el borrón en la carta
que nunca te envié.
sábado, 7 de abril de 2012
Para los que extrañamos el sol, los días cálidos, el dinamismo de aquellos...
Y es que quizá, no exista silencio más hermoso que el sonido de la lluvia.
jueves, 29 de marzo de 2012
Desencanto lunar
Hace días que mi ventana se refleja en el sol, y no me deja cerrarla cuando entra a congelarme el frío. Hace días que salgo y me encuentro flotando, escurridiza, algo perdida porque el mapa flota conmigo y no me deja flotar con él, porque la lejanía se lo lleva lejos, y porque el viento no lo deja corretear libre y vivaz como debería. Hace días que las flores de jardín están regadas porque no me permiten marchitarlas; ya no.
Es extraño, tanto así que las luciérnagas salen de día y las polillas ahora se enamoraron del sol, al igual que yo. Es posible que me de hipotermia sin saberlo, que el mapa se pierda de mi vista y que las flores crezcan aún más. Pero tan, tan extraño... la luz se evapora en mi piel y mi piel se volatiliza en ella, somos una blanca persona que tiene aún más frío en sus manos los días de verano que enterrada bajo la nieve.
Un día de estos crearé mi propia constelación. Y viviré sin vivir, sólo para mantener mi paz encerrada alejada de los problemas y otros desencantos lunares.
Es extraño, tanto así que las luciérnagas salen de día y las polillas ahora se enamoraron del sol, al igual que yo. Es posible que me de hipotermia sin saberlo, que el mapa se pierda de mi vista y que las flores crezcan aún más. Pero tan, tan extraño... la luz se evapora en mi piel y mi piel se volatiliza en ella, somos una blanca persona que tiene aún más frío en sus manos los días de verano que enterrada bajo la nieve.
Un día de estos crearé mi propia constelación. Y viviré sin vivir, sólo para mantener mi paz encerrada alejada de los problemas y otros desencantos lunares.
miércoles, 28 de marzo de 2012
5 minutos
Tengo cinco minutos,
para relatar mi día
para condensar una semana
para vestirme y arreglarme
para creer que me creerán
para responder en la ventana de conversación
para respirar
para no ser tan realista
para que queden cuatro minutos
para pensar
para filosofar
para recordarte
para tener tres minutos
para pensar en marcha atrás
para dar clases de autoconvencimiento
para ser una efímera creacionista
para corregir tres veces el tilde en efímero
para que me queden dos minutos
para mirar alrededor y buscar palabras
para pensar en que corre el tiempo y hacer nada
para ver que dentro de poco me quedará un minuto
para tener una lluvia de ideas
para tener ahora un minuto
para cambiar los números por letras
para apresurarme
para teclear sin ver
para
Terminaron.
para relatar mi día
para condensar una semana
para vestirme y arreglarme
para creer que me creerán
para responder en la ventana de conversación
para respirar
para no ser tan realista
para que queden cuatro minutos
para pensar
para filosofar
para recordarte
para tener tres minutos
para pensar en marcha atrás
para dar clases de autoconvencimiento
para ser una efímera creacionista
para corregir tres veces el tilde en efímero
para que me queden dos minutos
para mirar alrededor y buscar palabras
para pensar en que corre el tiempo y hacer nada
para ver que dentro de poco me quedará un minuto
para tener una lluvia de ideas
para tener ahora un minuto
para cambiar los números por letras
para apresurarme
para teclear sin ver
para
Terminaron.
lunes, 26 de marzo de 2012
Abstrusa, como ella sola.
Permanece, única en su mundo
¿qué piensa?
sólo hay silencio
pero su voz canta
Allí estás
Allí estás
Quiso dedicarle un susurro de su perfume, quiso enviarle un abrazo cándido y lleno de promesas, pero se lo impidieron, simplemente se lo impidieron.
Lo intentó, dijo, lo intentó, antes de que su voz se perdiera en la memoria. Pintó su rostro en acuarela y lleno páginas con tinta para olvidar, pero seguía allí, atormentándola, hasta que finalmente no pudo más.
Corría chocando dentro de sus paredes mentales, atenta a su porvenir, escuchando qué tan rápido daba sus pasos, contando cada uno de sus latidos, añorando. Imaginaba el verlo dormir, con inocencia, acompasar su respiración, que fuera de ella y sólo de ella; pero se lo impidieron, la alejaron, la escondieron de su mirada. Sin embargo, no guardaba rencor, ni odio, ni una pizca de mala intención, sólo tenía sus pensamientos para él, él.
Contó los días y las noches, mientras se abría paso por el camino a recorrer para alcanzarlo, cada vez más conocido y cercano. Y él la esperaba allí, con los brazos abiertos para perdonarla, amándola como si ambos, devastados por la separación, encontraran la felicidad eterna en un único toque. Pero aquellos días y noches, se convertían en uno, en dos, en cientos, y no terminaron jamás, dentro de la fría y blanca habitación, en que la recluyeron durante años.
¿qué piensa?
sólo hay silencio
pero su voz canta
Allí estás
Allí estás
Quiso dedicarle un susurro de su perfume, quiso enviarle un abrazo cándido y lleno de promesas, pero se lo impidieron, simplemente se lo impidieron.
Lo intentó, dijo, lo intentó, antes de que su voz se perdiera en la memoria. Pintó su rostro en acuarela y lleno páginas con tinta para olvidar, pero seguía allí, atormentándola, hasta que finalmente no pudo más.
Corría chocando dentro de sus paredes mentales, atenta a su porvenir, escuchando qué tan rápido daba sus pasos, contando cada uno de sus latidos, añorando. Imaginaba el verlo dormir, con inocencia, acompasar su respiración, que fuera de ella y sólo de ella; pero se lo impidieron, la alejaron, la escondieron de su mirada. Sin embargo, no guardaba rencor, ni odio, ni una pizca de mala intención, sólo tenía sus pensamientos para él, él.
Contó los días y las noches, mientras se abría paso por el camino a recorrer para alcanzarlo, cada vez más conocido y cercano. Y él la esperaba allí, con los brazos abiertos para perdonarla, amándola como si ambos, devastados por la separación, encontraran la felicidad eterna en un único toque. Pero aquellos días y noches, se convertían en uno, en dos, en cientos, y no terminaron jamás, dentro de la fría y blanca habitación, en que la recluyeron durante años.
domingo, 25 de marzo de 2012
Oye, oye
Por supuesto que sí,
serías un buen coreano
Así, un tanto eterno
como en el animé
como el moretón de mi pierna derecha
que vuelve a aparecer
después de sentarme en el escritorio
y yo también sería buena
bailando k-pop
y con el pelo verde
y coreografías aleatorias
y canciones inentendibles
y muchos clones de nosotros
pero oye, oye
seríamos buenos coreanos
(quien dice que no puede haber anime coreano, dadá es dadá)
- To Joe
serías un buen coreano
Así, un tanto eterno
como en el animé
como el moretón de mi pierna derecha
que vuelve a aparecer
después de sentarme en el escritorio
y yo también sería buena
bailando k-pop
y con el pelo verde
y coreografías aleatorias
y canciones inentendibles
y muchos clones de nosotros
pero oye, oye
seríamos buenos coreanos
(quien dice que no puede haber anime coreano, dadá es dadá)
- To Joe
sábado, 24 de marzo de 2012
Sabes que sí.
Y tú que me recriminas cuando no eres más que un fantasma en mi pared, una pérfida sombra, ¿quién te otorgó el derecho? ¿quién, si no fui yo? Me declaro inocente; ahora, confiesa. ¡Confiesa! ¡Son más los días en que espero a que rompas el silencio a los días en que asumo cuál es la verdad! ¡Es menos la espera por ella! Pero la verdad... la triste verdad que me dice con timidez "mírame"... debería ocultarse por un buen tiempo hasta que la tormenta se calme, hasta que se haga mínima y no quede rastro de su presencia, ni de sus lluvias, ni de sus nimiedades... Eso sí, por supuesto. Que sea objetiva y estoica, que no cambie conmigo ni con mi rivalidad, que no cambie con el motivo de por qué sigues siendo una crítica en la intimidad de mis pensamientos. Porque recuerda que yo no te di el derecho, así que no tendrías por qué cambiar la realidad.
Se centra, como todo, en la delgada línea que separa a un narrador de conocimiento relativo de un narrador testigo. Siendo yo perteneciente al segundo, quiero y permanezco aferrada a la relatividad, ¡yo lo acepto, al menos! pero tú insistes y no te detienes hasta creerte omnisciente. Para que veas que te conozco y que la ventaja entre ambos, es que tú no me conoces.
Se centra, como todo, en la delgada línea que separa a un narrador de conocimiento relativo de un narrador testigo. Siendo yo perteneciente al segundo, quiero y permanezco aferrada a la relatividad, ¡yo lo acepto, al menos! pero tú insistes y no te detienes hasta creerte omnisciente. Para que veas que te conozco y que la ventaja entre ambos, es que tú no me conoces.
Evolución retrógrada
Es inevitable sentirse pequeña en un mundo tan lleno de situaciones con las que se vive pero no se imaginan, tan inevitable que retrocedo más y más por querer volver a mi ignorancia primaria y a todo lo simple que conlleva no tener preocupaciones... A veces me da miedo llegar a ese punto en donde haya terminado mi pasado y ya no quede futuro habiendo hecho nada, sin haber dejado aunque sea una pequeña huella en alguna persona... pero sin embargo, me dicen que no sea tan perfeccionista, tan autoexigente.. ¿y cómo lo logro entonces, si mi juventud es efímera y la fantástica combinación de ser "joven y sabia" al mismo tiempo tiene fecha de caducidad? ¿me quedan más opciones que intentar abarcarlo todo mientras retrocedo las manecillas del reloj? Porque tengo claro que hay cosas, como la belleza o el carisma, a los que no puedo recurrir porque todos compraron ya sus entradas y yo me quedé fuera de la función, observando las notas del éxito. Entonces, si ser buena persona, ser amable, y ayudar nunca recibe su recompensa porque siempre esperamos mucho más del resto, idealizándolos, solo me queda estudiar y escribir para que lo que siento no me moleste en los estudios y lograr una visión objetiva y vaga de los acontecimientos.
A veces hay que ser uno mismo...
Cada vez me alejo más de Charlotte, y retrocedo, a kilómetros por segundo, a lo que alguna vez fue mi cuento de la muñeca de papel.
A veces hay que ser uno mismo...
Cada vez me alejo más de Charlotte, y retrocedo, a kilómetros por segundo, a lo que alguna vez fue mi cuento de la muñeca de papel.
viernes, 16 de marzo de 2012
Alegoría de mariposas
Las hojas otoñales cayeron asustadas ante su primer encuentro con el avasallador viento, ansioso por conocerlas. Se mecían, intranquilas, resaltando su color café con mayor énfasis en donde la luz no podía tocarlas: al llegar al suelo. Trazos eran, que la naturaleza había arreglado en perfección y que el ser humano solía interrumpir. Aquella vez, no había sido este, sino el color. Un contraste leve aparecía entre el amarillo crepúsculo de la ya empezada tarde, convirtiéndose en un nuevo foco de atención. Eran colores tan vivos, tan concurridos de imaginaciones como el mundo hecho de palabras, que de ellos nacieron alas y de las alas nacieron mariposas. El pintor a algunas les dibujó manchas de primavera, para hacerlas todas diferentes. Oscureció un lado del paisaje a naranja, y en el fondo, una mariposa que había quedado ajena a aquel mundo de óleo y vanidades. Demoró más en su detalle que en todo el resto del cuadro entero, pero sin embargo, el día de la exposición, no recibió la atención que su obra de arte merecía. Regresó decepcionado, con la cabeza gacha, y pintó carmesí a sus alas.
martes, 13 de marzo de 2012
Raíces de un aromo
Floreció y su color amarillo adornó pronto el suelo en el cual se había arraigado. Cuando se percató de que no era el lugar correcto, escapó del hielo y sus raíces crecieron en la cálida y real tierra.
sábado, 10 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
La bailarina
Se abre el telón. El público está expectante y mira con atención lo que aparece tras el terciopelo rojo. No hay luz; todo es negro, oscuro, decepcionante. Los pintores dicen que es un indicio de minimalismo; los escritores dicen que el color representa la emoción del dramaturgo; los críticos dicen que escenografía es barata; la gente normal, que abrieron el telón muy antes. El cuchicheo aumenta cuando en una esquina que ignoraron, poco a poco se ilumina una caja de cartón, y comienza la música melancólica y versátil que hacía recordar a todos un momento, por más leve y volátil que este fue alguna vez. El piano se introduce lentamente en los pensamientos de todos, lejano e intangible, sutil y melodioso. Mientras acompaña el baile en los dedos de cada uno que se cree pianista, se hace tarde, la función ya empezó y quedaron varios afuera; no importa, será una próxima vez, dijeron, aunque sabían que cada actuación cada día no es la misma. Dentro del teatro, la obra seguía su curso. En la caja, se ocultaba Pandora y fuera de ella los demonios que atormentaban al mundo. Una mujer desde hace muy poco tiempo, salía a su alrededor con una expresión de miedo incontrolable: no conocía nada, no conocía a nadie. Mira la caja, mira al público, intenta mirar la música. Comprende y sabe nada; es inocente, totalmente inocente. Su tez es clarísima y apenas se nota carmín en sus mejillas y en sus labios, una figura alta y delgada que lucía con gracia una pulcritud exhaustiva. Comienza a levantar sus brazos y los mira exigiendo una explicación. Busca algo familiar y lo encuentra en la música; la melodía la lleva y su vestido blanco flota en todos lados al mismo tiempo. Es una bailarina, todos piensan, una bailarina hermosa y excepcional; a veces, pasiva y desorientada, otras veces frenética, casi como si su razón dependiera de la locura. Nadie puede dejar de observar sus movimientos y su soltura, todos están bajo el mismo hechizo del piano y de la mujer. La melodía se torna triste y rápida al mismo tiempo, con un ritmo incontinuo y cautivador, estelar, enigmático como ella, la bailarina. Sus piernas avanzan, corren, saltan y se deslizan por el escenario; sus brazos son el adorno de aquella estructura magnífica y su rostro se mantiene angelical. Antes de volver a girar, cae. Un sonido de preocupación se escucha y el piano se detiene drásticamente. Alguien en el público se pregunta si estará bien, si es parte de la obra. De inmediato, se levanta y su brazo ya no se mueve: se ha cortado la cuerda que lo sostenía. El telón se cierra rápidamente y sí, los críticos tenían razón.
domingo, 4 de marzo de 2012
Nombres, nombres...
Repiquetean como gotas de lluvia,
imparciales, estoicos;
una espiral de personalidad
que no cesa – o no quiere-
dejar de sonar
e intenta entrar en la burbuja
que es la inmortalidad
pura, intacta
- como Aquiles -
y pensar que para mí
significan nada...
Porque no soy intelectual
ni la de Bukowski
ni esa mujer a la cual
dedicó sus versos Cortázar…
porque solo aprendí el francés
que me insinuó Magritte,
y conocí pocos experimentos,
los de Pavlov, sin estímulo
- aunque un libro de Conan Doyle no está mal-
y de los tangos de Gardel…
recordé solo el acariciar su ensueño,
como toda buena ineficaz y desgraciada.
Pero ya me da igual no ser la terca Elizabeth,
ni recorrer los mares del capitán Nemo,
o ser o no ser Ofelia,
ni estar en el college con Jerusa;
ni conocer al forastero de Gracia,
cuál era la sombra del viento
y si Miguel Ángel era o no lo último;
la bendición de la ignorancia
¿no es así, Puck?
y pensar que jamás,
jamás conocí al tal Morfeo
que a todos pasaba a buscar…
¿quedé apartada como Grenouille?
tal vez me volví ascética
y me alejé,
o enloquecí de amor,
uno angelical, literalmente…
Por eso jamás leí a Neruda,
por eso creo que Andrómeda
es pariente de Atenea,
o mía
o de nadie…
- desconozco el sistema solar-
pero admiré a Desmóstenes,
a los sabios de otros tiempos;
a los filósofos y los psicólogos,
que me conocen más
aun sin conocerme
¿Verdad, señor Lecter?
¿O era Freud?
Pero de recuerdo
atesoré las palabras de Eckhart:
“Pero el que yo sea yo, es mío exclusivamente,
y no pertenece a nadie más.”
Y el resto…
no sé…
para mí, significan nada.
imparciales, estoicos;
una espiral de personalidad
que no cesa – o no quiere-
dejar de sonar
e intenta entrar en la burbuja
que es la inmortalidad
pura, intacta
- como Aquiles -
y pensar que para mí
significan nada...
Porque no soy intelectual
ni la de Bukowski
ni esa mujer a la cual
dedicó sus versos Cortázar…
porque solo aprendí el francés
que me insinuó Magritte,
y conocí pocos experimentos,
los de Pavlov, sin estímulo
- aunque un libro de Conan Doyle no está mal-
y de los tangos de Gardel…
recordé solo el acariciar su ensueño,
como toda buena ineficaz y desgraciada.
Pero ya me da igual no ser la terca Elizabeth,
ni recorrer los mares del capitán Nemo,
o ser o no ser Ofelia,
ni estar en el college con Jerusa;
ni conocer al forastero de Gracia,
cuál era la sombra del viento
y si Miguel Ángel era o no lo último;
la bendición de la ignorancia
¿no es así, Puck?
y pensar que jamás,
jamás conocí al tal Morfeo
que a todos pasaba a buscar…
¿quedé apartada como Grenouille?
tal vez me volví ascética
y me alejé,
o enloquecí de amor,
uno angelical, literalmente…
Por eso jamás leí a Neruda,
por eso creo que Andrómeda
es pariente de Atenea,
o mía
o de nadie…
- desconozco el sistema solar-
pero admiré a Desmóstenes,
a los sabios de otros tiempos;
a los filósofos y los psicólogos,
que me conocen más
aun sin conocerme
¿Verdad, señor Lecter?
¿O era Freud?
Pero de recuerdo
atesoré las palabras de Eckhart:
“Pero el que yo sea yo, es mío exclusivamente,
y no pertenece a nadie más.”
Y el resto…
no sé…
para mí, significan nada.
martes, 21 de febrero de 2012
La oportunidad de la conciencia
La alarma no paró de emitir su sonido hasta que el reloj mismo premeditó su suicidio cayendo estrepitosamente sobre la cerámica, en miles y pequeños pedazos irreconocibles e indescifrables, haciendo de él una tarea imposible para quién se tomara la inútil molestia de repararlo, por unas pocas monedas. La triste ventana apenas emitía luz, una luz tan ahogada y oscura como la propia habitación a la que pretendía acompañar en el sentimiento, tan vacía e impropia que con un poco de imaginación se le podía llamar un amanecer; la alfombra, ajena al mundo y a sus alrededores, descansaba tranquilamente sobre el frío suelo, sosteniendo como Atlas el peso del mundo en una sombría cama. A lo lejos, la sombra en la pintura aún la observaba. Despertaba un día de Julio y, a modo de una morbosa comedia, unos ojos que jamás iban a hacerlo.
El párrafo inicial de mi libro comenzaba de esa forma, tratando de atrapar al lector lo más que pudiese en lo que yo llamaba una de mis “novelas sombrías”. Posiblemente y con esperanzas, mi debut literario, si es que la obra por sí misma deseaba salir del cajón de cuentos abandonados en la piedad del polvo a proclamar al mundo que tenía voz propia y oculta por mi voluntad y pensamientos continuos de inferioridad. Pero aquella historia presentaba defectos, y muchos como para dar pasos tan grandes. Es más. Ni siquiera tenía aún trama para una historia que había comenzado y ni soñado el final grandioso que parecía merecerse. Simplemente era una historia que no tenía pies ni cabeza.
Los días se contemplaban largos y decaídos mientras por mi balcón corría una brisa ligera y sin atisbos de traer inspiración alguna, que era lo que yo necesitaba en ese entonces y la cual no se podía comprar en ninguna tienda. Mi mente no me estaba acompañando; necesitaba de esa inspiración divina que no tiene más complicación que un rayo de luz sobre una cabeza iluminándola y todas las ideas cayendo como una lluvia en la cual se pueden escoger las gotas que se quieren beber. Tal vez debía tomar mayor atención a los consejos que una vez había leído en un libro para niños: “Escribe sobre lo que conoces”.
¿Había algo que conocía mejor que a mí misma? ¿Los personajes no eran parte de mí?
Eran los días más negros que se habían dejado caer por la ciudad en aquellos tiempos. El ocre y el carmín buscaron dónde esconderse del miedo y el temor que respiraban cada uno de las almas que allí vivían.
Y ahí estaba. Sin nombre y sin personalidad desarrollada, como una llave abriéndome puertas. Ahí estaba su misterio y su historia.
No se dejaba ver a la luz de las velas; su sombra no parecía acompañarle. Pocas veces se dejó conocer por alguien que llamara su atención, pero nunca les confió su nombre. Lo reservo para ocasiones especiales, decía.
Mi misterioso personaje poco a poco tomaba vida dentro de mi historia y mi realidad, convirtiendo mi imaginada casa de frágiles naipes en un principio de castillo. Aun así me costaban un montón de trabajo los detalles y pasaba horas esforzándome para que quien leyese el escrito, se imaginara casi con exactitud los lugares que yo había imaginado y la perspectiva de aquél hombre de sonrisa torcida y tantas palabras que sólo en su mirada parecía expresar.
Caminó tranquilo sin observar aquella ventana, olvidándose de su existencia y lo que ocultaba dentro de ella, olvidándose de todo aquello que no le parecía importante, trivial y carente de sentido. El único recuerdo que atesoraba, eran las sonrisas tristes que él creía merecer a cambio de la melancolía que soportaba a diario y que lo atribulaba en imaginaciones vagas y poco concisas sobre un futuro que no podía ver, no podía tocar, no podía imaginar. Sonrisas que, muy a la larga espera, se hacían en realidad muecas de terror y gritos de piedad. Necesitaba desahogarse; no había sido culpa de las pobres almas a las que había inundado su suerte.
Buscaba comprensión. Buscaba como escapar de la locura que lo había atado y amordazado a la soledad y la obsesión por ser dueño de la vida de los demás. Pero no podía, no podía contra las expresiones de horror que producían sus historias en los rostros de aquellos indefensos que no entendían un por qué más profundo. Y a decir verdad, yo tampoco lo entendía. Era una mente que incluso para mí se hacía más complicada de lo que esperé en un principio; estaba peleando firmemente conmigo por las decisiones que quería tomar y qué consecuencias iba a traer. El quería darles una oportunidad.
La carta reposaba sobre la mesa días antes de la caída del reloj, a la espera de la sentencia. Ella, de modo inocente y aun sonriendo por la despedida, no se percató del sobre hasta horas más tarde, cuando ya la luna se contemplaba majestuosa y acompañante del vivo retrato de la locura que estaba pintando, muy a lo lejos, en medio de un parque invernal. Pensó que alguien se habría equivocado al enviarla, el nombre del remitente era desconocido, pero su nombre se veía claramente escrito con dificultad. Dentro del sobre, con caligrafía cursiva y pequeña, se extendían tres palabras: “Un placer conocerte.” Tembló y dejo caer en la pintura al suelo, por la impresión y la sensación de desconocimiento que la embargaban.
Las ideas de cómo había procedido inundaban y tapaban todo otro motivo que yo pudiese tener. Se volvía día y noche mi único pensamiento de terminar y darle el final que se merecía, pero no entendía del todo su accionar frente a las emociones. ¿Cómo es que aumentaba su culpa? Intentaba darse a conocer, pero a su vez, que no lo descubrieran. No había sido su primera vez, sino con la cual comencé a relatar el enredo de su mente...
Cada paso se hacía un latido; cada latido, una memoria por recorrer. El miedo se convertía en el mejor amigo que podía tener la agonía, enfocándola, haciéndola más duradera y comprando a precio de valentía las lágrimas que ya no podían caer.
El día jueves en la mañana, envié parte de la historia a un periódico local para ver si sería aprobada o alguna crítica que pudiese recibir. Tenía tiempo para terminarla y así sacar provecho de lo que sería mi trabajo, si es que los sueños no se me rompían tan temprano como a muchos otros. Recibí la respuesta una semana después, abriendo el sobre con confianza, escrito a mi nombre y al reverso, otro que no conocía… uno que prefiero no escribir.
Un placer conocerte. En realidad, que tú me hayas conocido. “¿Había algo que conocía mejor que a mí misma? ¿Los personajes no eran parte de mí?”
Lo son.
La última víctima, siendo únicamente llorada por la lluvia, fue declarada de suicidio y sin pruebas en contra. Las puertas y ventanas habían sido cerradas por dentro y no se veía otra opción más clara que la misma. Algo en él había cambiado: la solución a su problema.
El párrafo inicial de mi libro comenzaba de esa forma, tratando de atrapar al lector lo más que pudiese en lo que yo llamaba una de mis “novelas sombrías”. Posiblemente y con esperanzas, mi debut literario, si es que la obra por sí misma deseaba salir del cajón de cuentos abandonados en la piedad del polvo a proclamar al mundo que tenía voz propia y oculta por mi voluntad y pensamientos continuos de inferioridad. Pero aquella historia presentaba defectos, y muchos como para dar pasos tan grandes. Es más. Ni siquiera tenía aún trama para una historia que había comenzado y ni soñado el final grandioso que parecía merecerse. Simplemente era una historia que no tenía pies ni cabeza.
Los días se contemplaban largos y decaídos mientras por mi balcón corría una brisa ligera y sin atisbos de traer inspiración alguna, que era lo que yo necesitaba en ese entonces y la cual no se podía comprar en ninguna tienda. Mi mente no me estaba acompañando; necesitaba de esa inspiración divina que no tiene más complicación que un rayo de luz sobre una cabeza iluminándola y todas las ideas cayendo como una lluvia en la cual se pueden escoger las gotas que se quieren beber. Tal vez debía tomar mayor atención a los consejos que una vez había leído en un libro para niños: “Escribe sobre lo que conoces”.
¿Había algo que conocía mejor que a mí misma? ¿Los personajes no eran parte de mí?
Eran los días más negros que se habían dejado caer por la ciudad en aquellos tiempos. El ocre y el carmín buscaron dónde esconderse del miedo y el temor que respiraban cada uno de las almas que allí vivían.
Y ahí estaba. Sin nombre y sin personalidad desarrollada, como una llave abriéndome puertas. Ahí estaba su misterio y su historia.
No se dejaba ver a la luz de las velas; su sombra no parecía acompañarle. Pocas veces se dejó conocer por alguien que llamara su atención, pero nunca les confió su nombre. Lo reservo para ocasiones especiales, decía.
Mi misterioso personaje poco a poco tomaba vida dentro de mi historia y mi realidad, convirtiendo mi imaginada casa de frágiles naipes en un principio de castillo. Aun así me costaban un montón de trabajo los detalles y pasaba horas esforzándome para que quien leyese el escrito, se imaginara casi con exactitud los lugares que yo había imaginado y la perspectiva de aquél hombre de sonrisa torcida y tantas palabras que sólo en su mirada parecía expresar.
Caminó tranquilo sin observar aquella ventana, olvidándose de su existencia y lo que ocultaba dentro de ella, olvidándose de todo aquello que no le parecía importante, trivial y carente de sentido. El único recuerdo que atesoraba, eran las sonrisas tristes que él creía merecer a cambio de la melancolía que soportaba a diario y que lo atribulaba en imaginaciones vagas y poco concisas sobre un futuro que no podía ver, no podía tocar, no podía imaginar. Sonrisas que, muy a la larga espera, se hacían en realidad muecas de terror y gritos de piedad. Necesitaba desahogarse; no había sido culpa de las pobres almas a las que había inundado su suerte.
Buscaba comprensión. Buscaba como escapar de la locura que lo había atado y amordazado a la soledad y la obsesión por ser dueño de la vida de los demás. Pero no podía, no podía contra las expresiones de horror que producían sus historias en los rostros de aquellos indefensos que no entendían un por qué más profundo. Y a decir verdad, yo tampoco lo entendía. Era una mente que incluso para mí se hacía más complicada de lo que esperé en un principio; estaba peleando firmemente conmigo por las decisiones que quería tomar y qué consecuencias iba a traer. El quería darles una oportunidad.
La carta reposaba sobre la mesa días antes de la caída del reloj, a la espera de la sentencia. Ella, de modo inocente y aun sonriendo por la despedida, no se percató del sobre hasta horas más tarde, cuando ya la luna se contemplaba majestuosa y acompañante del vivo retrato de la locura que estaba pintando, muy a lo lejos, en medio de un parque invernal. Pensó que alguien se habría equivocado al enviarla, el nombre del remitente era desconocido, pero su nombre se veía claramente escrito con dificultad. Dentro del sobre, con caligrafía cursiva y pequeña, se extendían tres palabras: “Un placer conocerte.” Tembló y dejo caer en la pintura al suelo, por la impresión y la sensación de desconocimiento que la embargaban.
Las ideas de cómo había procedido inundaban y tapaban todo otro motivo que yo pudiese tener. Se volvía día y noche mi único pensamiento de terminar y darle el final que se merecía, pero no entendía del todo su accionar frente a las emociones. ¿Cómo es que aumentaba su culpa? Intentaba darse a conocer, pero a su vez, que no lo descubrieran. No había sido su primera vez, sino con la cual comencé a relatar el enredo de su mente...
Cada paso se hacía un latido; cada latido, una memoria por recorrer. El miedo se convertía en el mejor amigo que podía tener la agonía, enfocándola, haciéndola más duradera y comprando a precio de valentía las lágrimas que ya no podían caer.
El día jueves en la mañana, envié parte de la historia a un periódico local para ver si sería aprobada o alguna crítica que pudiese recibir. Tenía tiempo para terminarla y así sacar provecho de lo que sería mi trabajo, si es que los sueños no se me rompían tan temprano como a muchos otros. Recibí la respuesta una semana después, abriendo el sobre con confianza, escrito a mi nombre y al reverso, otro que no conocía… uno que prefiero no escribir.
Un placer conocerte. En realidad, que tú me hayas conocido. “¿Había algo que conocía mejor que a mí misma? ¿Los personajes no eran parte de mí?”
Lo son.
La última víctima, siendo únicamente llorada por la lluvia, fue declarada de suicidio y sin pruebas en contra. Las puertas y ventanas habían sido cerradas por dentro y no se veía otra opción más clara que la misma. Algo en él había cambiado: la solución a su problema.
domingo, 19 de febrero de 2012
La taza de té
El té señaló en burbujas que el aire se escondía de su verdadera imagen, entre los delicados movimientos de inquietud, en una esfera que lo separaba de los demás. Insistían en permanecer lejanas al remolino que se soltaba en su interior, sin saber que en el ojo del huracán nada puede empeorar, nada se puede temer más adelante.
No vio su futuro dentro de él, ni una gota que dijera cómo se sentiría el terminar de beber cada instante perdido y disuelto en agua; sólo se vislumbraba dentro una mujer que intentaba su máximo esfuerzo en observar y concentrarse vagamente en buscar rastros del azúcar. Sabía que la volvía loca, desquiciada, frenética e indefensa... el misterio, principal alcaloide, no le permitía salir; ni escapar de sí misma, ni escapar de los demás. Inconscientemente, se hacía adicta, adicta a la adicción y obsesa a lo que no le contaba ni le contaría jamás.
La mesa tembló ligeramente. El efecto relajante no estaba funcionando bien en ella; su mano dibujando rostros y expresiones inexistentes lo demostraban. No se contuvo y estrelló la silenciosa taza contra el suelo. Lo dejaría, se prometió; lo dejaría y buscaría de inmediato parches de comprensión si lo requería.
No vio su futuro dentro de él, ni una gota que dijera cómo se sentiría el terminar de beber cada instante perdido y disuelto en agua; sólo se vislumbraba dentro una mujer que intentaba su máximo esfuerzo en observar y concentrarse vagamente en buscar rastros del azúcar. Sabía que la volvía loca, desquiciada, frenética e indefensa... el misterio, principal alcaloide, no le permitía salir; ni escapar de sí misma, ni escapar de los demás. Inconscientemente, se hacía adicta, adicta a la adicción y obsesa a lo que no le contaba ni le contaría jamás.
La mesa tembló ligeramente. El efecto relajante no estaba funcionando bien en ella; su mano dibujando rostros y expresiones inexistentes lo demostraban. No se contuvo y estrelló la silenciosa taza contra el suelo. Lo dejaría, se prometió; lo dejaría y buscaría de inmediato parches de comprensión si lo requería.
jueves, 16 de febrero de 2012
Viento en la arboleda azul
Vacío.
Vacío.
Vacío.
Viento.
Caen las hojas azules y el cielo no tiene dónde dejar caer sus gotas.
C
a
e
n
como caen las estaciones,
como caen los pájaros,
como no se levantan y sólo caen.
Los árboles se mecían suaves frente al susurro del bosque, tranquilos y parsimoniosos para quien los veía al caminar por el sendero lleno de hojas de un otoño llegando a saludar al verano. Se avecinaba la lluvia, y la vida que se remontaba azul parecía notarlo todo.
En la ciudad, se respiraba un aire de felicidad, de consuelo, de música con violines y jazz en los bares lejanos; una voz que se escondía en el tumulto de ruidos, pero llena de calidez e infancia envolviéndola. Aquella hermosa voz, salía de su pensión con tan solo llaves y una motivación para cantar en el bolsillo, con el ansia de poder expresar en melodía todo lo que había esperado hasta aquel momento. Aquella hermosa voz, fue callada por el viento de la tormenta que venía, a vísperas de la arboleda azul; temprano, muy temprano. No corrió; confió en su ceguera y se dejó llevar.
Vacío.
Vacío.
Viento.
Caen las hojas azules y el cielo no tiene dónde dejar caer sus gotas.
C
a
e
n
como caen las estaciones,
como caen los pájaros,
como no se levantan y sólo caen.
Los árboles se mecían suaves frente al susurro del bosque, tranquilos y parsimoniosos para quien los veía al caminar por el sendero lleno de hojas de un otoño llegando a saludar al verano. Se avecinaba la lluvia, y la vida que se remontaba azul parecía notarlo todo.
En la ciudad, se respiraba un aire de felicidad, de consuelo, de música con violines y jazz en los bares lejanos; una voz que se escondía en el tumulto de ruidos, pero llena de calidez e infancia envolviéndola. Aquella hermosa voz, salía de su pensión con tan solo llaves y una motivación para cantar en el bolsillo, con el ansia de poder expresar en melodía todo lo que había esperado hasta aquel momento. Aquella hermosa voz, fue callada por el viento de la tormenta que venía, a vísperas de la arboleda azul; temprano, muy temprano. No corrió; confió en su ceguera y se dejó llevar.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Temporalidad
Las ideas son un torrente sin inicio ni final. Quién sepa como atraparlas, mate a la temporalidad.
domingo, 12 de febrero de 2012
Es como tú
El sueño viene,
como vienes tú.
Lento, silencioso,
demora y no avisa,
escucha y oye,
pero no se deja ver,
no se deja atrapar.
Pero me atrapa a mí,
me lleva consigo;
me hace creer,
imaginar que estoy,
pensar que soy,
sentir que somos
desengañarme al despertar...
Es suave,
¡y tan suave!
no deja rastros,
no permite errores;
no sé si estuve,
no sé si estarás.
Se encarcela en el olvido,
en el letargo;
y demora un día,
tarda un año;
se va pronto,
y no pierde su encanto...
Pero se aleja,
se aleja de mí,
se aleja de todos.
como vienes tú.
Lento, silencioso,
demora y no avisa,
escucha y oye,
pero no se deja ver,
no se deja atrapar.
Pero me atrapa a mí,
me lleva consigo;
me hace creer,
imaginar que estoy,
pensar que soy,
sentir que somos
desengañarme al despertar...
Es suave,
¡y tan suave!
no deja rastros,
no permite errores;
no sé si estuve,
no sé si estarás.
Se encarcela en el olvido,
en el letargo;
y demora un día,
tarda un año;
se va pronto,
y no pierde su encanto...
Pero se aleja,
se aleja de mí,
se aleja de todos.
viernes, 10 de febrero de 2012
¿Qué tan malo es mentir?
Te robé un suspiro una vez, y dije que era mío, que me lo había ganado después de una larga tarde sin compañía. Dije a los que allí estaban, como aves rapaces al acecho, que el gesto representaba la nada, que era vacío y sin corazón como las letras de mi diario, que era categórico e insultante preguntar de quién era. Mentí al decirte que no sabía dónde estaba, que nunca lo había visto y que lo lamentaba en el fondo de mi alma. Mentí al decirte que podías confiar en mí, porque yo no confío en nadie ni lo haré jamás. Mentí porque, como todos saben acerca de la mentira, no se necesita mayor motivo que el egoísmo y el miedo por decir la verdad para planificar la más terrible de todas, la que te dije a ti. Escondí la verdad lejos, lejos para que ni tú ni nadie pudiese encontrarla y cerré con llave el candado sin cerradura que se envolvía a través de ella. Fingí que todo estaba bien frente a la duda de tus ojos, y créeme, porque esta vez no mentiré, que no quería por nada del mundo verte llorar ni que sufrieras por culpa mía. Ahora que te confieso esto, perdóname, perdóname, perdóname; suspiro todas las tardes para que vuelvas y recojas lo que te perteneció alguna vez a cambio de lo mío. No te volveré a mentir.
Tú conviertes la prosa en poesía
Voy a copiar tu risa,
dibujo de egoísmo;
y fingiré que era mía,
dedicada a mi nombre y a mi soñar.
¿Confiarás en prestármela unos segundos?
No temas; se la ocultaré al mundo,
lo prometo.
La guardaré en mi corazón para recordarla;
y cuando encuentre mi pincel de historias,
describiré su perfección
en cada pensamiento sobre ti.
También prometo devolvértela,
pero muy, muy lentamente.
¿Soy egoísta por prolongar el tiempo?
Tranquilo,
se hará corto para ambos,
mientras tú esperas,
yo también espero.
El oleo me ayudará a mantenerla,
y con ella su sonido,
¿Soy egoísta por querer tenerla conmigo?
es tuya, sí,
¿pero puedo fingir que me pertenece?
Prometo no guardar rencor
a tus demás expresiones,
quedarán intactas a mi roce,
para mí, inalcanzables.
Recuérdame cómo es cuando te vea,
y permite que sonría también;
tú le pedirías garantías al artista.
Prometo cuidarla,
prometo darle alas para volar;
pero, por favor, por favor,
déjame copiar tu risa.
dibujo de egoísmo;
y fingiré que era mía,
dedicada a mi nombre y a mi soñar.
¿Confiarás en prestármela unos segundos?
No temas; se la ocultaré al mundo,
lo prometo.
La guardaré en mi corazón para recordarla;
y cuando encuentre mi pincel de historias,
describiré su perfección
en cada pensamiento sobre ti.
También prometo devolvértela,
pero muy, muy lentamente.
¿Soy egoísta por prolongar el tiempo?
Tranquilo,
se hará corto para ambos,
mientras tú esperas,
yo también espero.
El oleo me ayudará a mantenerla,
y con ella su sonido,
¿Soy egoísta por querer tenerla conmigo?
es tuya, sí,
¿pero puedo fingir que me pertenece?
Prometo no guardar rencor
a tus demás expresiones,
quedarán intactas a mi roce,
para mí, inalcanzables.
Recuérdame cómo es cuando te vea,
y permite que sonría también;
tú le pedirías garantías al artista.
Prometo cuidarla,
prometo darle alas para volar;
pero, por favor, por favor,
déjame copiar tu risa.
jueves, 9 de febrero de 2012
Un pasaje al lugar más lejano, por favor.
Un pasaje al lugar más lejano, por favor. El valor no me precupa, sólo que el destino se aleje lo más que pueda de aquí. Uno de esos viajes para cambiar la vida; muy frecuentes en las películas. No importa, nunca me ha gustado la primera clase... ¿Que si voy sola? Sí, no llevo nada más que mi maleta y no es muy conversadora, pero los libros que llevo en ella si me hablarán y por eso no me preocupo de... ¿Disculpe? Ah, sí. Sólo llevo una. Sólo unos pocos libros, 8 en total. El resto del equipaje lo llevo puesto. La verdad, ni idea; me lo regalaron. ¿A qué hora dice que parte el tren? Tendré que esperar, supongo... ¿Molestia cambiarme al primero? No, no. Mientras más antes mejor; quiero irme rápido, se lo agradecería de todo corazón. Gracias, muy amable; que usted también tenga una linda tarde.
Misiva al que lo lea
Érase una vez indiferencia y todos los que en ella habitaban.
Érase una vez un príncipe que pretendía cubrirse por completo de indiferencia.
Érase una vez preocupación y lo mucho que consideraba al príncipe.
Tornábase preocupación de una sutil comprensión que prestaba a sus pacientes, dedicándoles más que su tiempo, sino que su amistad.
Érase una vez yo, amiga de preocupación, amiga de los secretos, amiga de quien quisiera seguir un concepto de amistad más ligero que lo utópico. Era yo una persuasora que en el tiempo, intentó saber y tentar a la suerte sobre hasta qué punto podía llegar todo intento por descubrir un enigma. Si lo logré, nunca supe las consecuencias que el cielo decidió que finalmente, no me correspondían. Entenderlo, sí, se me hacía aún más difícil con la incertidumbre de no saber qué ocurriría más adelante.
Fuimos una vez tres, tres intentando no caer en el camino, ¿pero quiénes somos ahora?
Érase una vez un príncipe que pretendía cubrirse por completo de indiferencia.
Érase una vez preocupación y lo mucho que consideraba al príncipe.
Tornábase preocupación de una sutil comprensión que prestaba a sus pacientes, dedicándoles más que su tiempo, sino que su amistad.
Érase una vez yo, amiga de preocupación, amiga de los secretos, amiga de quien quisiera seguir un concepto de amistad más ligero que lo utópico. Era yo una persuasora que en el tiempo, intentó saber y tentar a la suerte sobre hasta qué punto podía llegar todo intento por descubrir un enigma. Si lo logré, nunca supe las consecuencias que el cielo decidió que finalmente, no me correspondían. Entenderlo, sí, se me hacía aún más difícil con la incertidumbre de no saber qué ocurriría más adelante.
Fuimos una vez tres, tres intentando no caer en el camino, ¿pero quiénes somos ahora?
miércoles, 8 de febrero de 2012
Edición
Los momentos como los vemos, cambian según como nosotros mismos queramos. Lo bueno, bueno es, hasta que encontramos un defecto, y eso es lo que me había hecho escribir la entrada anterior. Pero, si mal no recuerdo, el día de la foto sonrió conmigo y me ayudó a ver que aparte de ser pequeña, de tener un mundo inclinado y de opacar lo que yo era, podía disfrutar de él y hacerme parte de un paisaje que yo misma podría sentir como mío todos los días. Quizá se me fueron las motivaciones y mi intento de positivismo, ¿qué más da si puedo volver a pararme y no molestar a nadie? Caminos hay muchos, y los más drásticos no siempre son los correctos, por eso estamos llenísimos de opciones y posibilidades que a vista de ensayo y error, pueden funcionar mejor.

Saltando frente a lo magnífico , mientras el cielo cae y me atrapa en su inmensidad. En ese momento, buscaba un grano de arena en que se pudiese ver el mar, y quién sabe, tal vez encontré una motivación para ver más allá...
Saltando frente a lo magnífico , mientras el cielo cae y me atrapa en su inmensidad. En ese momento, buscaba un grano de arena en que se pudiese ver el mar, y quién sabe, tal vez encontré una motivación para ver más allá...
viernes, 3 de febrero de 2012
Cartas anónimas para una persona imaginaria
Dedicaba todos sus jueves a escribir cartas anónimas para una persona imaginaria, en la compañía de una única vela y una pluma que parecía a punto de fallecer cada día al comenzar a escribir. El encabezado iba para un recuerdo que tenía nombre, y un nombre que traía consigo el refugio frente a la perfidia y el ansia de recordar un pasado que no ocurrió, pero que solía imaginar para el contenido de su mensaje. Los viernes se levantaba lo más temprano posible para ir al correo y enviar su vida a la misma dirección de todos los años. Los sábados y domingos, leía libros de romance para encontrar nuevas palabras con las cuales demostrar que su afecto iba aumentando, después de lucir el mismo sombrero café que todos recordaban en misa. Los lunes, martes y miércoles, solía tararear canciones tristes enfrente de la ventana esperando no perderse ningún toque de la puerta que entregaría felicidad inmediata a su vida, perdiéndose todos los ocasos al no otorgarles espacio en su mente.
Y así permanecía todos los días de la semana, excepto los jueves, en donde la novedad se encontraba en cómo imaginaba su vida, a través de cartas que jamás recibían respuesta. Eran tardes largas que terminaban con una despedida y su firma en papel, el cual descansaba inmerso en su suave aroma a praliné.
PD: Lamento haberle hecho esperar, ¿pero considera justo el que yo me deje ver, mientras usted se esconde y no responde a mis cartas?
Y así permanecía todos los días de la semana, excepto los jueves, en donde la novedad se encontraba en cómo imaginaba su vida, a través de cartas que jamás recibían respuesta. Eran tardes largas que terminaban con una despedida y su firma en papel, el cual descansaba inmerso en su suave aroma a praliné.
PD: Lamento haberle hecho esperar, ¿pero considera justo el que yo me deje ver, mientras usted se esconde y no responde a mis cartas?
martes, 31 de enero de 2012
El oscurecimiento del corazón del ángel
El corazón del ángel está vacío; ha empezado el invierno.
¿Escuchó alguna vez sus propios latidos? ¿Fingió no notar cuando comenzó a disminuir su vida?
No pensaba en decirle adiós hasta que volviera, y cuando se decidiese a hacerlo, no sabía si sería capaz de decirlo. Una simple palabra que involucraba una infinidad de momentos, un montón de frases y un montón de lágrimas que caerían en un futuro.
Se vistió de luto al amanecer, y esperó junto a un piano que evocaba su memoria al sonar de sus notas. Esperó que el día cayera para sumergirse en lo profundo de su oscuridad y la confusión que tenía; esperó que volviera a aparecer en su puerta antes de que las velas se apagaran. Confiaba en que durarían para siempre...
Sus ojos se detenían en un ultimátum permanente. El del egoísmo, el de la misantropía. Se contraponía a sus deseos de ser pura como ángel, que ahora debía correr de su misma suerte y errores ajenos, a cambio de una insensibilidad en su vida.
Su ánimo, antes gris, comenzó a tornarse en la esencia de un jueves negro.
El ángel perdió su fe en ella misma.
¿Dejó de mirar su reflejo en el agua? ¿Quemó los recuerdos que corrían por su sangre?
El corazón del ángel estuvo una vez lleno. Ahora, nadie puede ayudarla; no se venden alas en el mercado negro.
¿Escuchó alguna vez sus propios latidos? ¿Fingió no notar cuando comenzó a disminuir su vida?
No pensaba en decirle adiós hasta que volviera, y cuando se decidiese a hacerlo, no sabía si sería capaz de decirlo. Una simple palabra que involucraba una infinidad de momentos, un montón de frases y un montón de lágrimas que caerían en un futuro.
Se vistió de luto al amanecer, y esperó junto a un piano que evocaba su memoria al sonar de sus notas. Esperó que el día cayera para sumergirse en lo profundo de su oscuridad y la confusión que tenía; esperó que volviera a aparecer en su puerta antes de que las velas se apagaran. Confiaba en que durarían para siempre...
Sus ojos se detenían en un ultimátum permanente. El del egoísmo, el de la misantropía. Se contraponía a sus deseos de ser pura como ángel, que ahora debía correr de su misma suerte y errores ajenos, a cambio de una insensibilidad en su vida.
Su ánimo, antes gris, comenzó a tornarse en la esencia de un jueves negro.
El ángel perdió su fe en ella misma.
¿Dejó de mirar su reflejo en el agua? ¿Quemó los recuerdos que corrían por su sangre?
El corazón del ángel estuvo una vez lleno. Ahora, nadie puede ayudarla; no se venden alas en el mercado negro.
domingo, 29 de enero de 2012
La catarsis del viento
No sé que estoy pensando y no pienso mirar lo que escribí más que al final de este relato. Cuando era menor, tipo 12 años o así, decía que me había enamorado del viento, al tener esa sensación de esperar a alguien eternamente sin conocer su nombre ni nada acerca de él. El viento para mí, era algo magnífico y hermoso que podía aparecer algún día en forma de príncipe azul, y yo, princesa cautiva por mi inseguridad y mi miedo, sería rescatada por él y despertaría de una pesadilla para vivir un sueño. Aquella ilusión de a poco se fue traspasando a los libros, haciendo de los personajes una promesa constante de pertenecer a esas páginas y a esos amores, esos paisajes lejanos de los que si alguna vez visitas, crees que sigues imaginando...; a esa felicidad constante que parece aumentar mientras más esperas. La magia me atrapaba y yo la sostenía junto a mi almohada para poder dormir y tranquilizar mi insomnio. No mucho después, se transformó en las personas poco tangibles y volátiles a las cuales me aferré desesperadamente para obtener lo que yo creía que sería el volar en un constante gozo, lleno de esperanza. Esa fue la época en que nació la metáfora del girasol, lo ciego de mis ojos por el brillo de las luciérnagas y el oscurecimiento corazón del ángel, todas fábulas inconscientes para explicar el desorden de mis sentimientos. Esa época que quería recordar para poder decir que ahora no soy romántica ni soñadora, con el orgullo de quien ha ganado una batalla en soledad contra miles, siendo únicamente conmigo misma.
sábado, 28 de enero de 2012
Mr. Sandman, I'm so alone
Finalmente el día que se avecinaba desde hace tantos años atrás, llegó para romperme el alma y el corazón en miles e infinitos pedazos.
¿Cómo es que todo lo que logré se derrumbó se un mísero segundo a otro?
¿Cómo es que no hice nada para detenerlo?
Cuando había tiempo… cuando había tiempo para mí y no lo supe aprovechar.
Ahogándome de pena me percaté de mi triste y vana miseria, la que me había consumido desde siempre en cuadros depresivos, la que me llenaba de dolor en cuanto veía que no podía hacer nada, el único e irreparable motivo de debilidad que trastornaba mi felicidad.
Me había quedado sola.
¿Cómo es que todo lo que logré se derrumbó se un mísero segundo a otro?
¿Cómo es que no hice nada para detenerlo?
Cuando había tiempo… cuando había tiempo para mí y no lo supe aprovechar.
Ahogándome de pena me percaté de mi triste y vana miseria, la que me había consumido desde siempre en cuadros depresivos, la que me llenaba de dolor en cuanto veía que no podía hacer nada, el único e irreparable motivo de debilidad que trastornaba mi felicidad.
Me había quedado sola.
jueves, 26 de enero de 2012
Primer demonio
No me lo permite la pantalla, no me lo permite la vida, no me lo permite la jodida cobardía... ¡Tantas personas rotas y vidas que se tornan oscuras y sombrías! Tan limitada que soy, tan pequeña e insignificante al mismo tiempo, que apenas puedo afirmar las vigas de lo que podría ser un palacio... Tantos a quienes curar...
¡Y no puedo hacer nada! ¡No puedo ayudar! ¡Mis malditas limitaciones no me dejan correr y abrazarlos, decirles que todo estará bien y protegerlos de la mentira, del dolor y la ira!
No se me permite cuidar, no se me permite consolarlos...
Alguien llora y yo no estoy ahí...
No puedo ayudar...
¡Y no puedo hacer nada! ¡No puedo ayudar! ¡Mis malditas limitaciones no me dejan correr y abrazarlos, decirles que todo estará bien y protegerlos de la mentira, del dolor y la ira!
No se me permite cuidar, no se me permite consolarlos...
Alguien llora y yo no estoy ahí...
No puedo ayudar...
domingo, 22 de enero de 2012
Para un día como hoy
Es de esas tardes llenas de melancolía y espera de una tormenta que no parece empezar; de esas tardes que se hacen remotas y largas como sólo se puede esperar de un domingo cuando las nubes oscurecen de forma grata un día perdido; de esas tardes que parecen prometer una nueva historia en un libro frente al calor del fuego que se extraña del invierno. Es de esas únicas tardes en que si el tiempo lo ameritara, saldría con una única bufanda para protegerme del frío y con mi ilusión por la lluvia para cuidarme de los truenos que puedan caer sobre mis pensamientos. Mis planes estarían completamente listos, a no ser de que no tendré con quién salir… No, me equivoco. El viento entrelazaría su mano con la mía y juntos caminaríamos por horas bajo los árboles que permanecen verdes, sin adelantarse a su estación. Me susurraría al oído mentiras de otros tiempos, recuerdos que ocultó y no le dijo a nadie, y confiaría en mi como si fuese parte suya y yo lo haría en parte mío. Es de esas tardes en que si hubiese una tormenta, sería la persona más feliz del mundo, sonriéndole a la lluvia que ocultó mis lágrimas.
miércoles, 11 de enero de 2012
Sea sincero para usted mismo
Permítame, antes que todo, señalarle que yo soy un hombre muy franco y sincero con lo que digo. Algunos me tildarán de blando, sí, pero váyase con mucho cuidado con lo que respecta al trabajo, me trae y quiere que le presente a los lectores, porque en este negocio entienda que el dinero no es lo más importante, sino los clientes que lo traen. Claro, sin clientes, no hay ganancias, así de fácil. Usted siendo un novato probablemente no entienda esto hasta que se muera de hambre bajo algún puente y tenga que suplicar a las viudas perfumadas por benevolencia. Según lo que estoy viendo en estas hojas amarillentas, no le veo eso como un futuro muy lejano, y no tomé ningún curso de adivinación por si eso es lo que quiere preguntar. Una vez le recomendé a uno de esos cuentistas fraudulentos que si me iba a traer bazofia, por último que fuese de esa bazofia que vende, con príncipes romanticones y tal vez le debería decir a usted lo mismo. Por favor, no ponga esa cara de niñita que vende fósforos en la calle; posiblemente me produzca urticaria y agradezca que se lo diga suavecito. No había leído peor composición desde que el vago de mi hijo volvió de primaria con un cómic entre las manos. Sí, sí, sé que un cómic ni siquiera tiene la mayor parte de la historia escrita, pero era para ejemplificar lo malo que es esto. ¿Poeta dice ser? ¿Es que a esos alguien los lee? Le aseguro que lo suyo no lo leyó ni su madre. Y considere que estoy usando el mayor tacto posible para tratar de no romper esa autoestima miserable que usted parece tener, pero con esa cara creo que usted es más sensible de lo que yo pensaba. A la gente de hoy ya no la hacen como antes. Si alguna vez piensa en volver por este lugar, recuerde lo que le dije: traiga basura de la buena y de la que venda. Si trae algo similar, puede irlo dejando en el tarro de los desechos antes de pedirme empleo para traerme el café, porque si lo deja no lo leo, y si lo he visto no me acuerdo. Sea tan amable de cerrar la puerta al salir, y suerte joven, seguro que con otra cosa te va bien, como dicen por ahí, a nadie le falta Dios.
domingo, 8 de enero de 2012
Dedicatorias a la puerta
Fueron mucho más que minutos los que pasé esperando ver tu rostro asomándose por la luz de la cerradura. Fueron muchas más que horas las que pensé qué decirte cuando abrieras y el dolor transcurriera de tu mirada a mi corazón.
Sabía - muy en el fondo y casi confiaba en equivocarme - que ya no me recordabas. Todo lo que yo representaba, más que un algo nuevo, se albergaba en el vacío del olvido y el desconsuelo de un falso perdón que nunca creíste concederme.
Fueron muchos más que días los que estuve recitando dedicatorias a tu puerta, bajo el amparo de una pobre luz que me avisaba si la noche aún continuaba o las luciérnagas ya me habían abandonado.
Finalmente, sólo deslicé un papel sin firma ni nombre. Si no querías recordarme, al menos me debías un favor.
No es necesario recordarme que para ti estoy muerta. Gracias.
Sabía - muy en el fondo y casi confiaba en equivocarme - que ya no me recordabas. Todo lo que yo representaba, más que un algo nuevo, se albergaba en el vacío del olvido y el desconsuelo de un falso perdón que nunca creíste concederme.
Fueron muchos más que días los que estuve recitando dedicatorias a tu puerta, bajo el amparo de una pobre luz que me avisaba si la noche aún continuaba o las luciérnagas ya me habían abandonado.
Finalmente, sólo deslicé un papel sin firma ni nombre. Si no querías recordarme, al menos me debías un favor.
No es necesario recordarme que para ti estoy muerta. Gracias.
sábado, 7 de enero de 2012
Cállate y no respondas que tú me quieres más
He escrito para muchas personas que no me querían, y para ti, que dijiste quererme, nunca dediqué una tarde de mi tiempo a dibujar un corazón con palabras y regalártelo en envuelto en forma de versos. No sé que tan tarde es para recordarte y pensar en todo lo que debí haberte dicho, o tal vez lo que debería decirte ahora. Sé que no lo vas leer, que no es tu intención escucharme y que olvidar está en el primer lugar de tu lista, con la mitad de mi nombre en tus pensamientos. Te me hiciste tan lejano, tan inalcanzable, que comienzo a creer que poco a poco me obsesioné con tu recuerdo y un montón de estupideces cayeron por el camino a seguirte...
¿Recuerdas que imaginabas el momento de encontrarnos? Yo ahora me imagino el momento en el que tú estás y me perdonas, me dices que ya pasó, que la culpa fue de ambos y en lugar de culpables sólo eramos dos víctimas desgraciadas del orgullo y las malas interpretaciones.
Y quizá, sólo si quizá piensas lo mismo que yo, te ruego por ambos que calles y no digas nada.
¿Recuerdas que imaginabas el momento de encontrarnos? Yo ahora me imagino el momento en el que tú estás y me perdonas, me dices que ya pasó, que la culpa fue de ambos y en lugar de culpables sólo eramos dos víctimas desgraciadas del orgullo y las malas interpretaciones.
Y quizá, sólo si quizá piensas lo mismo que yo, te ruego por ambos que calles y no digas nada.
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