domingo, 22 de enero de 2012
Para un día como hoy
Es de esas tardes llenas de melancolía y espera de una tormenta que no parece empezar; de esas tardes que se hacen remotas y largas como sólo se puede esperar de un domingo cuando las nubes oscurecen de forma grata un día perdido; de esas tardes que parecen prometer una nueva historia en un libro frente al calor del fuego que se extraña del invierno. Es de esas únicas tardes en que si el tiempo lo ameritara, saldría con una única bufanda para protegerme del frío y con mi ilusión por la lluvia para cuidarme de los truenos que puedan caer sobre mis pensamientos. Mis planes estarían completamente listos, a no ser de que no tendré con quién salir… No, me equivoco. El viento entrelazaría su mano con la mía y juntos caminaríamos por horas bajo los árboles que permanecen verdes, sin adelantarse a su estación. Me susurraría al oído mentiras de otros tiempos, recuerdos que ocultó y no le dijo a nadie, y confiaría en mi como si fuese parte suya y yo lo haría en parte mío. Es de esas tardes en que si hubiese una tormenta, sería la persona más feliz del mundo, sonriéndole a la lluvia que ocultó mis lágrimas.
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