domingo, 29 de enero de 2012

La catarsis del viento

No sé que estoy pensando y no pienso mirar lo que escribí más que al final de este relato. Cuando era menor, tipo 12 años o así, decía que me había enamorado del viento, al tener esa sensación de esperar a alguien eternamente sin conocer su nombre ni nada acerca de él. El viento para mí, era algo magnífico y hermoso que podía aparecer algún día en forma de príncipe azul, y yo, princesa cautiva por mi inseguridad y mi miedo, sería rescatada por él y despertaría de una pesadilla para vivir un sueño. Aquella ilusión de a poco se fue traspasando a los libros, haciendo de los personajes una promesa constante de pertenecer a esas páginas y a esos amores, esos paisajes lejanos de los que si alguna vez visitas, crees que sigues imaginando...; a esa felicidad constante que parece aumentar mientras más esperas. La magia me atrapaba y yo la sostenía junto a mi almohada para poder dormir y tranquilizar mi insomnio. No mucho después, se transformó en las personas poco tangibles y volátiles a las cuales me aferré desesperadamente para obtener lo que yo creía que sería el volar en un constante gozo, lleno de esperanza. Esa fue la época en que nació la metáfora del girasol, lo ciego de mis ojos por el brillo de las luciérnagas y el oscurecimiento corazón del ángel, todas fábulas inconscientes para explicar el desorden de mis sentimientos. Esa época que quería recordar para poder decir que ahora no soy romántica ni soñadora, con el orgullo de quien ha ganado una batalla en soledad contra miles, siendo únicamente conmigo misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Contador por país