El corazón del ángel está vacío; ha empezado el invierno.
¿Escuchó alguna vez sus propios latidos? ¿Fingió no notar cuando comenzó a disminuir su vida?
No pensaba en decirle adiós hasta que volviera, y cuando se decidiese a hacerlo, no sabía si sería capaz de decirlo. Una simple palabra que involucraba una infinidad de momentos, un montón de frases y un montón de lágrimas que caerían en un futuro.
Se vistió de luto al amanecer, y esperó junto a un piano que evocaba su memoria al sonar de sus notas. Esperó que el día cayera para sumergirse en lo profundo de su oscuridad y la confusión que tenía; esperó que volviera a aparecer en su puerta antes de que las velas se apagaran. Confiaba en que durarían para siempre...
Sus ojos se detenían en un ultimátum permanente. El del egoísmo, el de la misantropía. Se contraponía a sus deseos de ser pura como ángel, que ahora debía correr de su misma suerte y errores ajenos, a cambio de una insensibilidad en su vida.
Su ánimo, antes gris, comenzó a tornarse en la esencia de un jueves negro.
El ángel perdió su fe en ella misma.
¿Dejó de mirar su reflejo en el agua? ¿Quemó los recuerdos que corrían por su sangre?
El corazón del ángel estuvo una vez lleno. Ahora, nadie puede ayudarla; no se venden alas en el mercado negro.
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