Y lleva una presión en el pecho,
terrible e incongruente
y no encuentra fin
ni salida ni remanso,
quiere permanecer aún
al asalto de la duda,
abrazando el miedo
el arrepentimiento por ir...
¿Cuál es tu excusa,
-por más impávida y
por más inusual-
que pueda llegar a ser?
La curiosidad, mi vida,
es culpable de cualquier asesinato.
Luego lo remonta en formas,
de sombrero o de idea
por encima de cada cabeza,
terciopelo negro en las nubes,
más peso,
más inconsecuencia,
- y necesito ayuda,
ayuda porque tengo temor-
el gesto de dejar de estar
y de robarme tus ideas...
Y aquella presión
no deja de rebelarse,
cuanto tiempo más
cuantos días perdidos...
Cesa ya, presión
si al menos fueses original...
no haces más que todos
se trata de amargarme los días.
duh....
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