lunes, 10 de diciembre de 2012

Tac

La bomba de tiempo sigue y espanta, con sus inescrutables y eternos tic tacs, permaneciendo ahí sin importarle nada, sin importarle nadie, más que el tiempo mismo por el deber que ha de cumplir. No se sabe cuando se va a detener, pero no parece prioridad que los demás sepan algo más aparte de que se detendrá, y suena y suena, tic, tac, tic, se acaba. Aunque es fácil ignorarla. Basta con cerrar los ojos y pensar en algo más (y me refiero a fácil para quién sepa concentrarse con la suficiente delicadeza y fuerza de voluntad). Quizá,en alguno de esos casos en que el ocio sea más importante que las obligaciones, se pueda inquirir en la palabra de mes (complejo), en el color del día (celeste), en la frase que ronda por todos lados (vanitas pecata mundi) e incluso en el sabor que se ha impregnado este mes (Diciembre) y que sigue apareciendo a diario (helado de chocolate y algo de pasas al ron), para distraerse del sonido. En otro caso simplemente es cosa de respirar. Se va contando, uno, dos, tres, y de pronto los segundos se dejan caer y ya no se recuerdan más, hasta que algo vuelve a recordar el tiempo y la bomba vuelve a señalar su fin acercándose y resuelve sonar con más ímpetu que antes. Terminará y se sabe. Terminará y nos asusta a todos, ¿o solamente a mí?

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