viernes, 16 de marzo de 2012
Alegoría de mariposas
Las hojas otoñales cayeron asustadas ante su primer encuentro con el avasallador viento, ansioso por conocerlas. Se mecían, intranquilas, resaltando su color café con mayor énfasis en donde la luz no podía tocarlas: al llegar al suelo. Trazos eran, que la naturaleza había arreglado en perfección y que el ser humano solía interrumpir. Aquella vez, no había sido este, sino el color. Un contraste leve aparecía entre el amarillo crepúsculo de la ya empezada tarde, convirtiéndose en un nuevo foco de atención. Eran colores tan vivos, tan concurridos de imaginaciones como el mundo hecho de palabras, que de ellos nacieron alas y de las alas nacieron mariposas. El pintor a algunas les dibujó manchas de primavera, para hacerlas todas diferentes. Oscureció un lado del paisaje a naranja, y en el fondo, una mariposa que había quedado ajena a aquel mundo de óleo y vanidades. Demoró más en su detalle que en todo el resto del cuadro entero, pero sin embargo, el día de la exposición, no recibió la atención que su obra de arte merecía. Regresó decepcionado, con la cabeza gacha, y pintó carmesí a sus alas.
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