Cien años de espera,
cien años son miseria
susurraste a mi pesar.
No hallé gracia en tu boca,
en sus movimientos de malicia
y tapé mis ojos para no ver
solo para oír tu voz clara,
arrulladora,
futuros haciéndome soñar.
Me dejé llevar por ella,
una luna
dos inviernos
cien años
y es que cien años pasan rápido
entre la pena y la agonía,
cien años que vuelan,
sin alas, sin razón
sólo pasan, olvidan;
son sólo cien años,
susurraste a mi pesar.
La segunda vez,
tapé mi cordura
y te observé
con ventanas nuevas,
mis ojos siendo los tuyos;
pero no me perdí en ellos,
si no en tu voz.
Un intérprete,
parte de una obra,
un personaje que emociones
cantaba todos los días
y delegó
a cien años de mi pesar.
Y dejé que el escenario se esfumara,
porque no era para mí;
no se recitaba mi nombre,
ni mis sueños
sólo era más y más vacío
dentro de mi corazón.
La radio dejó de sonar. Dejó el lápiz a un lado y abrió la ventana. El tenor imaginado desapareció y el viento hizo caer la hoja, perdiéndola bajo la mesa. Dejó que los cien años de pesar, se esfumaran tranquilamente y se librara su alma de pájaro encerrada en una poetisa.
La tragedia de la vida y sus tristes líneas convertidas en poesía. Asombroso Charlotte
ResponderEliminar