Como avanzan los murmullos,
se encierra el ruido,
la paz aparente,
los sueños perdidos,
el pensamiento caótico,
las horas condensadas
y todo aquello sutil
que perece,
que no quiere revivir,
toma sus maletas y huye
fuera de la escena del bien.
Los rieles no escapan,
se hacen volátiles,
lejos del silencio,
donde los llaman a gritos
de dolor,
de miedo, algunas veces...
los mínimos de sarcasmo,
llenos de música
de color y nuevas ilusiones.
Adoptan alas de un batir nuevo.
El humo desprendido,
no es más que un canto,
asumido en despedida,
el borrón en la carta
que nunca te envié.
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