martes, 27 de diciembre de 2011

Dale la bienvenida a la imaginación

Toc, toc ; me dijo un día al tocar mi puerta.
Se presentó en forma de letra, en formato de carta y con portada de libro, haciendo que se viera atractiva a mi modo de pensar. Entra, me sugirió, cuando yo no pensaba que en realidad toda aquella serie de párrafos y palabras desconocidas eran todo un mundo que podía afrontar y personificar a mis años de creatividad. Gracias a ella, comencé a vivir.
Los libros hicieron una escalera fundamental para mí, página por página alentándome a continuar en las historias que se hicieron un ejemplo. No sé cuál fue el primero, y espero que cientos de ellos pasen antes de llegar el último libro.



"Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro." - La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Créeme, por favor.

Créeme, amor mío, que si no te quise más fue porque tú me lo impediste.
La mirada fría que dabas en las mañanas después de imaginarme en sueños, que prometías tener cada noche después de pensar eternamente en mí, como solías mentir, repletaron mi mente de dudas incontrolables acerca de ti. La sonrisa irónica que me hacía sentir insegura, cada vez se agrandó más y más comenzó a captar la maldad cruel que posee el sarcasmo. Así como comenzó a verse como una burla de nuestras conversaciones y ofrecía falsedad a nuestros abrazos, tus demás expresiones reflejaban un triste panorama pobre en vocablos de afecto, vasto en sutileza y abundantes en desidia.
Aún de ese modo, me decías te amo. Un te amo tan vacío y desprovisto de significado, tan desigual entre ambos y poco creíble, que yo seguía cayendo por culpa de las novelas románticas. Sólo bastó una prueba para que la ternura de soñar conmigo, la sonrisa alegre que me hacía morir y resucitar al toque de tus manos, a partir de las palabras de unicidad hacia mí, cambiaran su total significado.
Créeme, amor mío, que si no hubiese sido por el labial en el borde de tu cuello, nunca te hubiese matado.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Represento tu vanidad

Narcisos negros, para ti compré.
Eran pulcros, eximidos de las noches de desvelo y el aire frío de Berlin; ácidos a la vista y fragantes a las caricias de mis torpes manos. Cada flor nacía de un largo viaje enredado en una coreografía de colores irrisorios para quien extiende la sobriedad en su curriculum y confunde el color blanco con el verde. Como me dijiste una vez, el vinagre cambiaría hasta lo más inocente de una flor. Al triste hombre que creía ganarse una vida en lugar de perderla frente a su puesto, le sugerí la idea para teñirlos del negro que cubría mi falsa pena en forma de velo. Uno por uno, con la delicadeza que se hace un perfume, tomó los pétalos y los sumergió en los recuerdos que me hicieron llorar cada jueves al anochecer; y uno por uno, comenzaron a ennegrecer. Los dejé esperando frente a tu puerta y no volví a mirar atrás.

martes, 6 de diciembre de 2011

Escribe sobre el silencio

...

Merece permanecer en él mismo.

Exprésese por seis

Confíe en tus pensamientos.
Navegué en tus ojos.
Me perdí en tu poesía.
Expuse mi admiración en ti.
Inventé sendas para guiarte.

Hice mías tus palabras.
Te contemplé por horas.
Aprecié el silencio.
Me cerré a las letras.
Te regalé mi seguridad.

¿Qué logré?
¿Qué perdí?
¿Cuánto esperé?
¿Dónde escapó la crebilidad?
¿Cuántos días soñé frente a la ventana?

Después no eras filósofo.
Después no eras eterno.
Después no eras poeta.
Después no eras un misterio.
Después no eras tan real.

Pero te encontré a ti, y dentro de todo eso que no eres, me alegro y sonrío.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Así como no hay realidad, no hay título

El espejo me contó una vez, cómo fue que nacieron mis ojeras. Remontó hace algunos años atrás, cuando aún mi piel lucía un rosado sano, libre de cualquier pena, y cuando ignoraba por completo lo que ennegrecía las nubes en invierno. Siendo sutil conmigo, omitió algunos de los detalles que mi mente recordaba con claridad para no hacerme sentir culpable, lo cual aún le agradezco desde el fondo de mi corazón.

Eras joven, muy joven, para la edad que yo poseo- me señaló-. Una edad ni muy destacable, ni muy obviada, ni muy feliz, ni muy triste. En ese entonces apenas me saludabas, apenas te interesaba lo que yo presentaba para ti y con suerte, muchísima suerte, te acordabas de mi presencia al pasar descuidadamente el peine por tu cabello. Un día te reflejé como tus mejillas, que nunca se ruborizaban, ahora estaban rojas, cubiertas de lágrimas de angustia; y tus ojos… ninguna expresión que en todos mis años había visto. Desde ese momento nos hicimos más cercanos, aunque por el contrario de mis pensamientos, tú parecías odiarme. Aunque tal vez, era odiarte a ti misma… cada vez que te parabas en frente, tus manos se movían de un lado a otro nerviosamente y negabas. “No, no estoy conforme. ¿Ésta soy yo? ¿Mis pensamientos tanto se han distorsionado?” Te equivocabas. Cada vez estabas mejor… pero yo nunca supe qué ocurría en tu mente, sólo con mis ojos ciegos, podía ver tu imagen. Hasta ahora, no me había percatado de los cuadernos que portabas camino a tu habitación, los libros con portadas oscuras y las horas que pasabas en una pantalla de colores. Poco a poco, te fuiste evaporando cada vez más, y un cascarón vacío parecía estar en lugar de la niña a la que conocí. Aún más descuidada, aún más triste… manchas moradas comenzaron a rodear tus ojos.”No es real. La cosas no suceden así, la inutilidad te perturba”, murmuraste varias veces, mientras las horas pasaban. Horas de días, de semanas, horas de años completos. Incluso, entre tanto hablar contigo misma a mi lado, dejaste de dormir y las manchas aún se expandieron más…

Creo que perduraron el tiempo. Sin embargo, un poco de color le hacía falta a mi rostro.

Evadirme

El aire se expande, la sociedad crece, el mundo avanza y progresa conforme a la ambicióm inculcada en el hombre. Las cosas que hacemos están dominadas por nuestra inconciencia, por aquellos mensajes que nunca percibimos, que nunca escuchamos y sin saberlo, se presentan al momento de tomar decisiones. Eso al menos, me sucede a mí.
Estoy tomando un énfasis por ser realista, por considerar que lo subjetivo ya no es válido en un argumento aún cuando se trate de la misma persona que está hablando, por ser suspicaz y desconfiada frente a los espejos que se enfrentan en mi camino. Soy, y es, por lo mismo, completamente normal. Una etapa, un proceso, un futuro cambio y una persuasión a mi mente frágil y desprovista de voluntad incondicional...
Me presento. No me llamo Charlotte, no soy mayor de edad, y mis descripciones se basan en la negación.

domingo, 27 de noviembre de 2011

De aquella

La mujer en el café/librería no sobrepasaba los 20 años de edad, ni en experiencia, ni en tiempo. Un largo abrigo beige se extendía por sobre sus hombros, cubriéndola como si por dentro pudiese mantener toda la seguridad del mundo. Su cuello lucía una bufanda marrón, comprada por ella misma a vísperas de la navidad en una tienda de segundo uso; sus manos, guantes que dejaban al descubierto la delgadez de sus blancos dedos y las pequeñas heridas producto del frío.
Aquella mujer con tendencia a los colores sobrios y lo antiguo, caminaba una mañana de diciembre con un libro bajo el brazo.
Sus ojos dentro del cálido local encontraron una mesa para tres, en medio de la soledad y la calma, alejada de cualquier persona que pudiese entablar una conversación sobre autores que nadie conoce, para su propia felicidad. Apartó la silla con el miedo inicial que provocan todos los lugares nuevos y se sentó con el menor ruido posible para no llamar la atención. La discreción siempre debía ser un factor clave. Aún así, el dueño la distinguió y al interrogarla recibió apenas un asentimiento de la joven ante el ofrecimiento de un cappuccino, intrigándose acerca de su inmenso silencio, lo que ella fingió no notar. Cuando su café llegó, miró a su alrededor sin parecer irrespetuosa y tomó su lápiz para comenzar a escribir. Cerró los párpados y se dejó llevar por los detalles de cada recuerdo que poseía. El olor del café, el color de su lápiz, la coleta desordenada que había quedado en su pelo. Cualquier sentimiento era vagamente captado por las palabras, pero aún con esa dificultad, permaneció apartada en su mundo por horas.
Antes de salir, observó su reflejo en los vidrios se empañados de lluvia. Tenía un nuevo brillo en los ojos. El mío.

No me gustan las marcas de agua

Dejo, permito y autorizo a que mi lápiz escriba inverosimilidades en un descuidado cuaderno de lenguaje. La tinta es clara, sí, muy clara, casi celeste en lugar de azul; la hoja está abultada por almacenar entre las débiles tapas dibujos descriptores del aburrimiento en clases; la mesa y el poco espacio que queda entre la silla no me permiten estar derecha contemplando el triste panorama de un "te extraño" borrado por debajo de mis apuntes. Así es, así me quedaré, mientras el resto de mis compañeros desvía su mente intentando descifrar enunciados por medio de lo que llaman "compresión" lectora, hasta que el sonido del timbre atenúe y se conjugue con los gritos de un viernes, al término de la hora.
El color gris del cielo no parece en extremo intrigante, el tráfico de respuestas que surge cuando nadie está observando yo tampoco lo he visto, el pensamiento de los que nos creemos escritores... podría continuar e intentar recopilar los minuiciosos detalles de cada línea, inicial y sentimiento que cubrió algún día por primera vez ese espacio en la pared, pero todos ya comenzaron a moverse.
En estos momentos, me pregunto de quién será el lápiz.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Truenos en un sorbo de café

¿Cómo está después de tantas nevadas otoñales bajo la fría luz del parque?

¿Ha encontrado de esas mujeres frívolas y sin sentimientos?
¿Ha dejado caer sobre las hojas tintas de mancha verde azul?
¿Ha pensado en enviarme una postal de navidad?

Como le decía, amo las tormentas eléctricas.

Frente a una ventana, frente a las nubes, frente a un pincelado cielo de carmín.
- Ahí permanece.
Las malas personas siempre permanecemos.

¿Se sirve café?
No, no, sírvale té en una taza de porcelana fina. Ya verá que es mejor que la anestesia.
- ¿De canela o limón?
- Alcaloides, querido, alcaloides. ¿Es intolerante a la lactosa o prefiere sacarina?

Cafeína para hacerlo más dulce.

Árbol enfermo, frutos enfermos.
¡No hay playa cerca!

¡¿Dónde diablos dejé mis textos?!
"Escapándose débilmente de la permanencia del papel- aquella que una vez escrito no le permite cambiar de dirección, pero si de magnitud al releer, quedando como un difuso recuerdo..."
No, no sirve. ¡Claro está, sólo es un juego de palabras que silencia mi inquietud!
Sigue sin servir.

¿Le molesta si le cuento la historia de la niña que se creía ángel y luciérnaga al mismo tiempo, pero que por intereses compartidos y contradictorios no pudo cumplir su sueño de ser bailarina de ballet y ve como su mundo se cae poco a poco al comprobar que su forma de escribir es comparable al de una analfabeta?- ¡Quería una obra que impulsara la ambrosía! - Imagínese cuán loca estaba. Bueno, comienzo.

Había una vez la criatura más inocente y pura que alguna vez piso la tierra. Ella atraía a la luz.

Escuchan mis pasos las paredes,
mi respiración como un grito de alarma,
¡No me sigan!¡Dejen que me esconda!


¿Qué le pareció?

JODIDAMENTE MALO. PÉSIMO. Bonito, sabe que me encanta, es usted sublime.


- No sé... no, ni idea. ¿Sigue en pie la oferta del café?

Los gritos son enterrados por el silencio de la incomprensión. Doy por terminados mis intentos. De aquí en adelante, me limitaré a despedirme.
Fase 1 de misantropía, atentos al disparo del fusil.


Uh, espere. Creo que me quedó agrio.



PD: En todas aquellas ocasiones tomaba su chaqueta salpicada de rojo, como quien no percibe los colores que han cambiado, y salía a la calle sin temor a nada ni a nadie.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Es que no..

Las líneas no son rectas, el color no es lo suficientemente fuerte, las palabras son demasiado pequeñas. No es así como esperaba que se formaran los acontecimientos, los momentos mal ocupados y las diferentes formas de negar lo que quería o finalmente terminaba odiando. No es así como quería interpretar las emociones, como quería explicar que sólo intentaba llamar la atención y toda la rabia que me inundaba - que no era culpa tuya ni de nadie - como es que era capaz de hacerme perder la razón en el tiempo incorrecto. No es así como esperaba llevarme contigo, con lo que tú amabas, con que tú soñabas y aspirabas a ser; con tu vida, con tus creencias y tus mentiras inculcadas por otra sociedad.
Si ahora te pidiera perdón, ¿me dirías que todo está bien?

- Es que no...

martes, 25 de octubre de 2011

Eres mayor que yo, pero recién nacida.
Yo fui el parásito de una víctima, pero no se trata de mí.
Él, los viernes por la tarde, olvida
supongo,
supongo.

no soy el peso de verdades y un nuevo personaje
enormes mentiras, un viernes por la tarde
supongo,
escondo.

Escurren por mi cuerpo, debajo de mi ropa
pero no se trata de mí.

no soy el sueño de dos tumbas, de décadas ni años
dos vidas sin sentido
cayendo a distinta velocidad
supongo,
opino.

sigo siendo un parásito, pero
tampoco soy los surcos que te matan,
distintos para dos
¡No los soy!
que no.

Escurren por mi alma, NO TENGO NADA.
pero no se trata de mí.

sólo yo lo sé
pero no se trata de mí.

sábado, 8 de octubre de 2011

antiselebramiento 2

no, no, tampoco
soy insaciable, derretida, despierto
en una vida que no tiene más sueños
el más cercano vivido, pagado, y muerto
convencida de ser la única
todo, todo lo que tengo
por felicidad comprimida en concierto

a quien (Can't you see)
le tengo (that I)
que chupar (love)
el pico (your cock)
...

para que vuelvan

martes, 27 de septiembre de 2011

Esa tarde que me senté en una montaña a ver la ciudad, y que la montaña era un techo, y que la ciudad era la imágen.
Pienso, tan feliz en contraste con el minuto, el minuto que realmente viví, cuando me miraste, cuando me convencí que la culpa no era mia.
Esa tarde que desenvolví, comprendí y enredé personajes, contemplando cada relación, comparándola, dividiéndola y juzgándola, y que sentada sobre un árbol, y que el árbol era una silla.
Y que tan lejanos, las fases, las conversaciones, el sentido y la música, dan paso a lo inexpresable, al impulso y obsesión, al cuerpo y alma desnudos sentados sobre una margarita, y que la margarita era un número.
Esa tarde esperé que las curvas se llenaran de borrones, los movimientos perdieran fluidez, las expresiones se tornaran exageradas, y que una dimensión se escapara llevándose lo no esencial...
Y ahora mientras me miras sentada sobre un papel, y que el papel es un sueño, pienso...

viernes, 23 de septiembre de 2011

Ella y él

Él la conoció en un parque, ella lo conoció en sueños.

Él era creador de acuarelas; ella, mujer.

Ella se sentía humana; él se sentía poeta.

Ella maldecía el silencio; él cantaba óperas de tiempo.

Él solía dibujar el cielo; ella parecía aficionada al infierno.

Ella creía en sí misma; él necesitaba de ella para escucharse.

Él lo era todo para ella; ella era su punto seguro.

Ella, sí, estaba loca. Él, sí, estaba loco por ella.

Él era él; ella era y no era a la vez.

Nadie la entendía a ella, nadie lo entendía a él.

Pero nadie más que ellos sanaban las heridas el uno al otro.

Ella y él, ambos enfermos.

Tú y yo, ambos eternos.

martes, 20 de septiembre de 2011

Dolci Sogni

Ámame.

Ódiame.

Quiéreme.

No bromees tanto, hieres mi corazón…

Quiero que me susurres al oído lo mucho que me quieres.
Sentir tu aliento, tu respiración.
Y notar que el bello se me pone de punta cuando tú estás a mi lado.


¡Maldigamos juntos a la distancia!
que con mísera piedad nos permite estar bajo la misma luna...

Esa luna que embadurna dos corazones rotos cada noche.
esa que sin saber cómo, es el único lazo que nos ata el uno al otro.


Irrompible, pues nada puede separar nuestro infinito amor.
Ni aunque el mundo volviese su rostro al sol estando en plena noche,
ni aunque nuestros sueños cayeran irreconocibles a la tierra;
la esperanza los uniría otra vez, anhelando ser alimentada por nuestros suspiros…

Eres impresionante.

Una palabra que tú me has hecho adoptar como mía,
dentro de la perfección que busca tu corazón para nuestras almas,
pero, ¿quién y qué soy, para merecer tu cariño?

¿Que qué eres? ¿Que quién eres para mí?
Mi musa, mi amada, mi esposa, mi amante;
un cúmulo de nombres para definirte que no todos caben en este corazón...


Así nos amamos en el silencio, en la nota más bella de una expresión.
Sin contar los segundos, los minutos, las horas,
sin perdernos más allá que en nuestros ojos y nuestro propio cielo.
Un cielo que para mí, no ejerce más presión que la de tus labios sobre los míos.

Porque es juntar nuestros labios y notar cómo ese cielo se derrumba poco a poco;
vislumbrar millones de estrellas cayendo sobre nosotros,
sentir cómo una fiesta de sentimientos decide aflorar de ese bonito espectáculo.
Y entonces, seguir soñando con tus besos...


Y cuando se agoten las palabras para describirlos;

Seguir soñando con tu presencia, con tu sonrisa, con todo aquello que te compone, seguir soñando que somos soñados, y que los sueños jamás se hacen realidad.







PD: Álvaro escribió las partes en cursiva, gracias por todo :3
¡Primer texto compartido!


Para visitar el blog de Álvaro, clic aquí

viernes, 16 de septiembre de 2011

El día que me suicidé

Tomé mis maletas con la mano derecha, elevándolas apenas unos centímetros sobre el suelo. El tren no tardaría en partir, y mis pasos parecían más lentos frente al acontecimiento de su ida, sin poder reaccionar de diferente forma, al igual que en las miles de ocasiones anteriores. No era primera vez que una oportunidad se me iba, reflejándose en los continuos rasguños que tenían mis recuerdos y en el dolor que parecía reflejar mi abrigo negro al gotear, bajo el delgado techo de la estación. Aun así, avancé en medio de la gente tratando de superar mentalmente esos obstáculos que impedían realizar mi solitario viaje, pasando desapercibida frente al mundo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, cuando un extraño con un cálido aroma familiar se me acercó, invadiéndome en una sensación de tranquilidad inmediata; pero sus rasgos no me eran conocidos, ni sus palabras, ni su falsa preocupación. Tomé de vuelta mi sombrero cloché rojo, en un estado casi tan malo como yo en el momento que lo recibí, hace años atrás.
Llevaba más de cinco minutos de atraso, y el cielo sabía que estaba esperando por mí. ¡Tan infinitamente cerca! Tanto que de un minuto a otro, lágrimas de felicidad comenzaron a mezclarse con la lluvia, y el tren no me pareció tan tren, y yo no me parecí tan humana.
Uno a uno los rieles comenzaron a formar parte del camino que yo quería hacer parte. Me lancé.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Tres pasos a la incredulidad

Una casa fúnebre, un paso adelante para los sonidos agobiantes de la madera. La puerta estaba abierta, a la espera de que un corazón perdido se colara por la entrada llena de oscuridad. Un corazón teñido de angustia por ensoñación quebrada, como el mío.
A través de las siluetas negras que decoraban la pared, por las ranuras la luz se sentía como un espejo para las sombras, hostiles y amenazantes, por apenas unas milésimas de segundo a favor del falso temple de seguridad que desprenden las palabras, de esas que viajan en el camino de cualquier esperanza vacía, engañadora del alma.
Me imaginaba real, armoniosa y sutil, casi como una figura de porcelana, sentada en los olvidados asientos coloniales que rodeaban tristemente una apagada chimenea cubierta de polvo; pero la poca visión que se lograba vislumbrar en los rotos cristales del suelo, eran míseros atisbos de lo que mi mente podía crear acerca de mi persona. Estaba obligada a respirar aire de lágrimas de un pasado inconcluso, obligada a esa condena a la que llaman vida, obligada a entrar en el frío corredor sin final, sin más salida que los caminos en donde se escabullía la luz, sin espacio más que para gritos acumulados en las paredes apolilladas.
La noticia había caído sobre mí como un balde de agua fría, repleto de hielo, penetrante sobre mi congelada piel por el pavor de la incertidumbre, y resbalaba por mis mejillas con el presentimiento de ser más que lágrimas, más que dolor y pena. Decepción, tal vez.
Me dejé caer en la pared, sin sentir nada más que el contante repiqueteo de la lluvia en el viejo tejado y tiritando de desesperación, permaneciendo incrédula frente a lo impasible que se mostraba el silencio, incrédula ante mi mala suerte, incrédula ante cómo aún mi mente tenía espacio para pensar, en lugar de llenar el vacío que se extendía en todo mi cuerpo. El vacío que sin darme cuenta, sin querer verlo, había comenzado hace 5 meses. Un sueño robado, un lugar en que mis ilusiones reposaban para el futuro.
Se llamará Abigail, mentalicé, se llamará Abigail…

La lluvia terminó llevándose el final.

No sé cómo empezar. Nunca fui buena para los comienzos de las historias, ni las anécdotas, ni los cuentos que yo creía imaginar para mí misma. Quería escribir sobre hoy, cuando mis amigas y yo caminábamos riéndonos en medio de una feroz tormenta, pero es probable que termine hablando de alegría, de libros, de decepción o desahogándome en un montón de rodeos para llegar a nada. Tampoco soy buena en los finales.
En un principio, sabíamos que la lluvia no cesaría hasta mucho más tarde, pero seguimos adelante entre bromas para calmar un poco la sensación de estar empapadas cuando el viento nos enfriaba. A ninguna le dio hipotermia, pero algunas de seguro atrapamos algún resfriado después de la primera caída de agua. Subimos al autobús, y esperamos que nuestras memorias se acordaran de dónde estaba la casa a la cual íbamos, ¿una parada más adelante o una más atrás?
Bajamos y volvimos a perder el calor que recuperamos en esos cortos minutos de viaje. El viento se había calmado, y a la vez el cielo sólo se dedicaba a recordarnos el mal tiempo sin nada en nuestra contra, aunque de todas formas, dejamos un rastro de agua al entrar en aquella conocida y a la vez nueva casa de color verde.

Aún así, hay un 1%.

Posiblemente soy la persona más normal de mundo, y tengo las características más vulgares propias de la raza humana.
Posiblemente no sé escribir, ni leer, pero puedo copiar las palabras con exactitud sin saber qué significado tienen y nadie parece percatarse.
Posiblemente de a poco comienzo a ser yo, a abrir las puertas de mi mente y sacar el candado que tenía mi corazón, posiblemente esté comenzando a ser feliz.
Posiblemente cada día me vuelvo más loca de que lo estaba en un principio, posiblemente esas ideas que rondaban en mi cabeza ya no son sólo ideas sino mundos, personajes y vivencias del día a día.
Posiblemente la mayoría de la gente no me entienda, porque todos buscan no ser entendidos para decir que nadie les comprende y sentirse únicos, así que no encontraría a mi común.
Posiblemente no necesito encontrarlo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

El ángel en la notas del piano

Tenía nombre de ángel. Aquella descripción melodiosa de su presencia, parecía llevar todo el mundo elevado a lo sublime. Comenzaba desde el inicio de su larga cabellera descolorida con sinónimos de belleza, para ser acompañada de un dulce carisma que la hacía aún más única y terminar en un sinfín de palabras inventadas por poetas melancólicos, que en tiempos pasados, se habían dejado enamorar por la lejana proximidad de su perfume en el aire, conformándose de mantener el recuerdo vivo en sus más profundos sueños. Según cómo la imaginaban, un ideal inalcanzable con ojos de mar y piel de diamantes, como hija preferida de los dioses o un favor para los hombres de la madre naturaleza, formaba un paisaje total y cegadoramente perfecto, sin contar cómo aquella palabra tan grandiosa parecía temblar cuando ella sonreía.
En el momento en que caminó por primera vez a orillas de la playa, encontró en el atardecer un consuelo enorme para sus manos que siempre estaban frías. Sin percatarse de su camino, distraído por la sinfonía que componían las olas, un hombre pálido y de gafas oscuras tropezó torpemente con el aire en frente de ella, cayendo al suelo antes de que sus brazos pudieran reaccionar para prever el dolor. Inmediatamente, un tacto de suavidad casi curioso le ayudó a ponerse en pie, y al escuchar la voz de sirena tranquilizando sus nervios, quedó impresionado frente a su total armonía, sin poder evitar rogarle desde ese día que fuese la musa de sus canciones. Unos encuentros más tarde aceptó encantada, tal vez por compasión o tal vez porque entreveía en aquel hombre el alma que ella necesitaba para complementarla.
Frente al inconveniente de la caída y la preocupación, no se percató de que él era ciego. El día en que tocó en el piano la obra maestra que le prometió al aceptar que llevase su nombre de ángel, le preguntó por qué no miraba las teclas, con plena inocencia. Al oír la respuesta, comprendió por qué siempre había estado tan cómoda a su lado. Él no admiraba la belleza de la que hablaban las personas, la que producía las miradas acosadoras, llenas de envidia y de obsesión enfermiza, la belleza de la que apenas estaba consciente, pero la que la afecta día a día. Él siempre se había mostrado afectuoso y neutral, como si sólo fuera alguien más, confundiéndola a veces con los cantos de los pájaros.
Cuando ellos se casaron, muchos afirmaron que en realidad ella era la ciega y que el brillo de sus ojos de mar siempre les había parecido sospechoso. Otros más señalaron que el amor era ciego, así que en una cruel broma del destino, ambos lo eran. A pesar de las malas lenguas, nadie pudo encontrar argumento válido en contra de que el sentimiento escondido detrás de su extraña unión, siempre había sido amor.

martes, 19 de julio de 2011

Trisdículo (remake)

cantando en mi cabeza cada empatía
buscando en la ausenpresencia de lenguajes
nuncunca el cascaron
el error.

sobrapretando cada broma
desde los menos por dudas
sin democracieidad
en ella.

y más tras a palomitas de maíz
y sus cascaras en el sueloero...
cuando lo que baja planea asubir.

Esto es de lo quedepor celebra el antenoantes
riendose de la realidad cuando es trisdícula
arrodillándose cuando no afronsoportan sus realcrueldades
el camino al en ella es poracion arriba
y escopeta y dos bolsas de esperanzas prestadas
lagrimarones hechos de vida conpor repepepeticiones hechas de sueños.

sueños riéndose de la realidad cuando es trisdícula
hombres riéndose de la realidad cuando es trisdícula
patos de mar riéndose de la realidad cuando es trisdícula
madres riéndose de la realidad cuando es trisdícula
televisores riéndose de la realidad cuando es trisdícula
realidades riéndose de la realidad cuando es trisdícula

Todo dentradamente, todo en mi cabeza

todo en mi trisdícula cabeza




domingo, 10 de julio de 2011

Bohemia

Cuando te encontré en aquella ciudad, sin compañía esperando una llamada a la acción, no pude evitar como tantas veces en las que te evadí, sentirme bohemia frente a tu mirada llena de misterios. Las conclusiones perfectas de los aspectos que yo pretendía ocultar que reflejabas en tu propia seguridad, en tu perfume, en el gesto de levantar la comisura de tu boca atenta para las predicciones, en todo aquello que te hizo único y que algún día espero volver a presenciar, he de admitir que me intimidaron el primer momento, a pesar de estar cubierta por una máscara y observar tus distraídos movimientos a la distancia. Pero, ¿quién eras tú aparte de un enigma con un nombre famoso? ¿Un desconocido que afectó en la resolución de mi pasado o un pasado que resultó desconocido?
Espero que para un próximo encuentro, podamos discutir acerca de esa delgada línea que nos hace tan diferentes.

A bientôt, mon cassé.

21 días.

viernes, 1 de julio de 2011

El nombre universal de los gatos

Las mañanas en la pequeña tiendecita marrón de la vacía esquina, siempre comenzaban de la misma triste y solitaria manera los días Domingos de cada mes. Un hombre de no mucha estatura, con atisbos de calvicie y un bigote sobresaliente de color negro, se balanceaba pomposamente frente a la vitrina, dando golpes suaves y restregando con un deshilachado mantel los gruesos y opacos vidrios que daban un aspecto de descuido al viejo local. Las pocas personas que pasaban por allí no hacían más que mirar con desprecio el esfuerzo de aquel individuo y sonreír altivamente al escuchar el tarareo de una alegre melodía que se escuchaba en los tiempos en que los ricos no eran los nuevos pobres.
Una niña con un vestido blanco almidonado, corrió por detrás del hombre, haciendo que éste se volviese a dar la vuelta. En seguida, divisó a un caballero con bastón, con expresión de nada y ternura a la vez. "¡Un cliente!" se dijo mentalmente, mientras dejaba el trapo de lado y se acomodaba las mangas de su camisa a rayas para dar mejor impresión.
- ¿Qué busca, caballero? Tengo todo lo que usted necesita: bolígrafos, secadores de pelo, réplicas de elefantes de la India -tomó una bocanada de aire-, muñecas parlanchinas para su nietecita, dulces, sarcófagos...
La arrugada mano en alto del viejo lo hizo detenerse de su larga lista de productos exportados, después de cinco minutos. Con un largo dedo el anciano señaló a la niña, quién entre sus pequeños y blancos brazos mecía delicadamente un bultito que maullaba. Miró con ojos suplicantes a su abuelo, y aunque este le hubiese dicho que no podían llevárselo, la pequeña no lo habría soltado jamás.
Preguntó el precio del felino, y el comerciante le contestó un precio altísimo.
- ¡Sólo mírelo! Un pelaje hermoso, perfecto, sublime; una edad perfecta para que sea enseñado, una pintoresca mancha blanca en medio de su cabeza. ¡Este gato en tiempos de los egipcios tendría de haber sido un dios!...
Silenciosamente, el caballero le pagó lo que el comerciante le decía, sin saber si el motivo de tan excesiva paga porque su nieta amaba al gatito, o porque suponía que lo que le habían dicho acerca de su nueva adquisición era relativamente importante. Con una sonrisa en el rostro y una manito anexada a la suya, abandonó esa esquina en donde se encontraba la solitaria tienda marrón.
Nunca se había interesado los animales. Se sorprendía cada vez que intentaba leer sus libros de filosofía y el maullido constante afuera de la habitación hacían imposibles para una lectura pasiva de los recuerdos de antaño. Cada vez que escuchaba el extraño ruido, tomaba su bastón y comenzaba a golpear la pared a medida que se hacía más y más lejano el liviano peso de las patas en el pasillo, a modo de prueba para ver como reaccionaría ese extraño espécimen de ojos suplicantes y bigotes gráciles.
Después de un tiempo relativamente corto, el gato tenía casa, una esquina para él solo, la cama del abuelo y también la de la niña, el sofá, el comedor, el patio y todo lo que no era patio; pero sin embargo, no tenía un nombre, excepto las formas cariñosas a los que se referían a él como "tú" o "usted".
- ¿Cómo le vamos a poner, abuelo?
El abuelo, dejando de lado uno de los libros filosóficos, tomó su sombrero y comenzó a rodearlo con los dedos mientras pensaba una respuesta.
- Como sabrás, mi queridita, desde los principios de la humanidad, el hombre siempre buscó la compañía de otros para protección y suplir la necesidad de cariño y amor frente a las situaciones de la vida. Ahí es cuando aparecen por primera vez los afables gatos, criaturas dotadas de una gran capacidad creativa y un cuerno en la frente, además de alas para recorrer las inmensas nubes...
Interrumpió la niña con una tierna vocecita:
- Esos son los pegasos, abuelo.
- Pegasos, pegatos- tosió- son casi lo mismo. Como te decía, el primer gato de éstos (que era un excéntrico), tuvo un nombre muy, pero muy peculiar. Tuvo el que ahora es el nombre universal de los gatos.
Sin comprender la mitad de lo que el anciano había dicho, quiso saber de todas formas cual era el nombre del primer gato que había existido. Antes de siquiera decir una palabra, tuvo que irse a dormir. "Mañana te lo contaré" le contestaron.
Esa noche, el gatito sin nombre durmió en el regazo del viejo, mientras éste cantaba una dulce melodía infantil.
A la mañana siguiente, ansioso de curiosidad, se escuchó un grito alegre por todos los pasillos. "¡Abueloooo!", una, dos y hasta tres veces las paredes soportaron aquel agudo sonido que despertó a todos en la enorme casa.
Con una manta arropó al felino mientras se levantaba, y con su bata de un abrigador color café, se sentó en la mecedora al frente de la chimenea, donde esperaba escuchar la historia su impaciente nieta. Sus ojos se volvieron soñadores, y los de ella, admirativos, como cada vez que parecían conectarse en las fantasías que ambos podían visualizar. Fingiendo que no recordaba (o tal vez realmente no lo hacía), le preguntó de qué tema habían hablado la vez anterior, recibiendo de respuesta un montón de posibilidades y nombres inventados para la mascota, uno de los cuales posiblemente tuvo el primer gato, con la convicción firme que sólo una niña de cinco años puede tener.
- No queridita, no es ni Misifús, ni Félix, ni bola de pelos. El nombre universal de los gatos es algo más profundo, que tú y yo sabemos en el fondo, pero que realmente evitamos ver debido a que desconfiamos de todo lo que nos presentan hoy en día, por causa del capitalismo y las inversiones en el cobre, el precio del dólar y la caída del comercio mundial, el mundial de fútbol, el fútbol para mujeres, las mujeres presidentas y las presidentas regalando chocolates junto con más cosas que nos venden las películas gringas. Es tan similar a la Filosofía que sorprende - señaló un libro del velador -, es lo que todos sabemos, en palabras que nadie entiende.
- Entonces eres un buen filósofo, abuelo.

Mientras la desgastada y la aguda voz de ellos se perdió diciendo monosílabos que recorrían la cálida habitación, poco a poco unas orejas peludas aparecieron por debajo de la manta. Sus dormilones ojitos miraron a aquellas extrañas personas que de un día para otro se hicieron familiares, y éstas no pudieron menos que llevarlo a su casa y adoptarlo más que nada como un pequeño amigo al cual ofrecer cariño. Después de ser tomado en unos blancos y cortos brazos, él mismo parecía preguntar su nombre.
- Entonces abuelo, ¿le ponemos el nombre universal de los gatos?
Sin siquiera recordar de qué hablaba su nieta, el significado de la palabra universal, y qué era ese título que lucía como de una pintoresca e inteligente leyenda, analizó la situación y respondió haciendo uso de aquellas clases de oratoria que tomó de joven adjuntándolas con el alma.
- No sé hijita, pero creo que gato es un buen nombre.








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sábado, 14 de mayo de 2011

¡Excusas!

Te acuso de mentiroso. Por un segundo, casi un maldito segundo, creí que había una mínima y miserable posibilidad de que fuera verdad, real, a pesar de que dentro de mí, tuviese miedo. ¿Miedo a qué? ¿Miedo a quererte? ¿Miedo a que un día te borraras del mapa luego de invadir mi mente? ¿Miedo a que me olvidaras? ¡Miedo a ser un cazador cazado! ¡Impotencia al ver cómo no puedo hacer nada! Impotencia al ver que no soy nada... Aunque antes, era una nada feliz. Conforme.

Si era una mentira, me pregunto por qué insistías, por qué intentabas arreglar y completar ese enorme desorden que atormentaba cada uno de mis pensamientos con tus palabras tiernas y finalmente sin sentido. Vacías de interés.

Yo no quería que ocurriera. Pero pasó, y quiero llorar cuando recuerdo que pensé que podía ser feliz aunque fuese por poco tiempo, que la inutilidad de los sucesos se convirtiera en algo. Un árbol de sueños construidos por nosotros, una vida llena de fantasía, unas noches mirando la misma luna.
Se me devuelve la mano o estoy confundiendo la necesidad con el amor.

Perdón.

sábado, 30 de abril de 2011

De rodillas ante el viento

No recuerdo como llegué a ese lugar, sólo sé que era un hombre. Tenía unos treinta años, ropa casual, zapatos negros y pelo corto de color café claro. Mi barba señalaba que no me había afeitado en unos cuantos días. Estaba durmiendo en una cama que no era la mía, dentro de un departamento pequeño e impropio, que tenía solamente un dormitorio, un baño y una sala de intermedio con pocos muebles. Presentía que de alguna forma, vivía ahí.
No había nadie cuando desperté. Miré hacia la ventana y estaba abierta, caminé hacia ella y pude sentir la brisa marina que uno percibe cuando se camina por la arena en la costa, esa brisa salada que de algún modo refresca. Me encontraba en el octavo piso, y abajo podía ver un roquerío y una pequeña orilla de playa. Nadie caminaba en la calle, nada se movía, ni el mar, ni las olas, ni las aves. La única señal de movimiento era la del aire, que bailaba con las cortinas y mi cabello.
Decidí recorrer un poco el pequeño departamento, me dirigí hacia el baño. Realmente era muy similar al de mi casa, quizás se había trasladado hasta aquí. Tenía el mismo espejo, el mismo mueble para poner las toallas, cremas, shampoo, entre otros; la vara para colgar toallas, un lavabo con pasta y cepillos de dientes, un jabón líquido y otro normal, y por último, la misma tina de baño con el mismo diseño de cortina. Todo estaba en el lugar correcto, idéntico al de mi verdadero hogar. Sin embargo, mi extrañeza y el recorrido por aquel departamento duraron poco, decidí darme un baño. Lentamente entré a la tina, mientras mis ropas desaparecían una a una y la tina se llenaba con agua y espuma. La ventana del baño se había agrandado y tenía mucha similitud a la ventana de la habitación, con las mismas cortinas moviéndose al compás del viento, quien me decía que debía bajar hasta la arena. Descansé un rato, me levanté, y mis ropas reaparecieron, fui hasta el mar.
No había nadie, no había nada. Sólo edificios y agua. Ni el viento se asomaba ahora, todo estaba desierto y calmado. Mi parsimonia común reflejaba poca sospecha de algo infrecuente, no extrañaba nada. De algún modo me sentía feliz de la lejanía con los demás, y de que las cosas fueran vacías.
No entiendo como comencé a saltar sobre las piedras que estaban en el agua. De alguna manera, el mar seguía muy calmado, casi ni olas presentaba, y yo despistadamente lo recorrí encima de las rocas que me conducían por un camino inacabado. Volví a la arena, pero al levantar la mirada, la playa estaba llena de gente desconocida. Un miedo aterrador recorrió todo mi cuerpo y me hizo sentir un enojo profundo y tiránico con todos aquellos que, irrespetuosamente habían caído en mi sueño y estaban llegando a la playa como hormigas sobre azúcar descubierta.
El mar comenzó su movimiento habitual. El ruido, los autos, el viento en mis oídos, los gritos de las personas… todo eso tan molesto y absurdo, se agitaban mis pensamientos y mi corazón. Empezó a llover con mucha fuerza, pero las personas persistían en estar en aquel lugar. Los relámpagos empezaron a caer sobre todos, destruyendo olas, pero no sonidos, las personas persistían.
Decidí correr y llegué hasta el departamento, que ahora se encontraban en el primer piso. Miraba con odio desde la ventana a todas aquellas personas que juntas morían y juntas vivían, que juntas enfrentaban los rayos desencadenados de mi propia ira.
Fui a tomar un baño nuevamente. Mientras caminaba hacia la tina, las ropas desparecían, mostrando mi cuerpo al descubierto. Mi cabello aumentaba su volumen en todo sentido, hasta cubrir toda mi artificial piel. En el baño, lo rapé y rasuré también la creciente barba, que se confundía con mi pelo de cráneo. A pesar de todo, aún tenía cuerpo de hombre desnudo.
Entré a la ducha, y el agua no alcanzaba a cubrir mi pierna. Contesté un llamado telefónico a nadie: nadie llamaba, nadie hablaba, era soledad absoluta y desnuda en la tina, como la vergüenza en su forma más natural y desconocida: desnuda por siempre, sin mentiras ni engaños, desnuda de tapaduras y amigos disculpando faltas. Luego me acordé de ti, de tu rudeza frente al mundo y de tu resistencia a mi ira. Con rapidez desesperada me levanté de la tina y bajé hecho una bestia en tu búsqueda. Las personas esta vez estaban mudas, pero permanecían ahí, molestándome.
La lluvia seguía, pero ningún rayo me atormentaba. Me recorrió una idea fugaz la cabeza: “Hieres inconscientemente, aunque el daño no pase por tu mente como pensamiento concreto, sino como un posible hecho, como algo que podría pasar, y que finalmente, termina pasando…” ¿te herí al pensar en ti? Concluí que debía eliminarte de mi mente cuanto antes, debía dejarte libre.
Detuve mis apresurados pasos, y las personas todas me observaban. Estaba en el centro de mucha gente reunida, como cuando alguien baila y todos esperan observando ver algo que no puedan hacer.
-¡ALÉJENSE! –grité. Fue inútil, todas se acercaban a mí lentamente y lentamente me fui encorvando, el suelo se hizo cada vez más placentero, las personas cada vez más aterradoras, y mi miedo cada vez más profundo, tan profundo como tu sonrisa y tus palabras, tan profundo como cuando una persona pierde el control de si misma y empieza a llorar.

jueves, 28 de abril de 2011

Quemar una planta alivia la rabia

Sinceramente nunca esperé que creciera.
Era la más grande, sin embargo, se veía pálida y vieja, triste y vacía. Cuando la puse en el agua flotó, comprobando que no serviría, pero confié en que algo ocurriría. Busqué la mejor tierra, la mejor maceta, la mejor forma de que algo entre nosotros creciera aunque fuese solo amistad, porque la planté por ti. Pasaron los días, creció en base a el amor que yo creía sentir por ti. Por amor y desilusión, por desilusión y enojo, por enojo y por odio.
Pero cada vez que se asomaba una hojita en el tallo que cada día aumentaba un centímetro, no podía evitar admirarme de que bien había resultado todo, hasta hoy...


Tengo la firme convicción de que si tomo esa maldita planta que está en mi ventana con crecimiento estancado por tu culpa, le corto sus hermosas y pequeñas hojitas en pequeñas partes, les quemo lentamente sus bordes y finalmente las arranco, se me quitará ese odio inmenso que hoy me provocaste.

Girasol de mierda.

sábado, 23 de abril de 2011

Es como pocoyó bailando

Todo brilla cuando te miro. Cuando veo tus ojos y me dices que soy alguien especial para ti. Cuando me haces notar que tu cariño está conmigo y que tus ojos me están viendo sólo a mi, y que tu boca se está riendo conmigo, de mis formas de ser graciosa y de mis formas de decirte te quiero.
Eres tan linda, tan tierna, que desearía que nunca el universo se fijara en ti, pues en ese caso, moriríamos todos de la explosión de gozo que el universo sufriría con tan sólo observarte una vez, pues eres hermosa. Mi forma egoísta de ver la vida, de ver tu esplendor.
Eres como una fruta dulce, jugosa, como aquella fruta que me llena tan sólo con su forma de serlo. Nunca probaré una fruta como la más rica y jugosa que probé. Las frutas son únicas, únicas como ellas solas, como tú sola y nunca habrá alguien que me recuerde a ti en todo mi camino, sólo serás tú cuando niña, y tú cuando adulta.
En ese lugar, en ese momento, mi corazón se elevó diez metros. Intenté encontrar los motivos necesarios para regresar, no quería descender. Fui tan feliz, tan feliz que despegué mil veces de la tierra, pero nunca volví. Fui tan feliz, tan feliz que cuando viste mis ojos estaban regándose con lágrimas que eran minúsculas, que sólo yo conozco, porque nadie más quiere saber que existen. Son esas lágrimas que vienen del fondo de mi alma y que cantan con alegría invisible y privada. Mi secreta forma de llorar, que algún día te mostraré, que algún día tú sola notarás, porque serás la única que la conocerá y la única que sé que la quiere conocer. Seamos amigas por siempre, inseparables, te parece? Así, cuando todo haya terminado, y nos tengamos que enfrentar solas a la vida, las dos estaremos tomadas del brazo, como hermanas que somos. Nuestra misión será difícil, tendremos que rescatar toda una generación pasada, porque aunque Dios guardará a todos, nos guardará a nosotros, y en especial a ti, para ser la salvación de sus vidas. Tendremos que mostrarles a otros que no están solos, que ahí permaneceremos junto a ellos. Mostrarles que el tiempo nos ha enseñado bien y que las cadenas se pueden romper.
No estarán solos cuando el momento llegue, ahí estarás tú para enseñarles, ahí estaré yo para apoyarte. Juntas, como cuando se quiso armar mi viaje para verte nacer y crecer. Juntas, como cuando salimos a recorrer las calles y a reírnos de las situaciones que sólo a los niños pequeños como tú, y a adolescentes como yo, hacen reír.
juntas, sólo como una Elisa y una tía Yeyi pueden estar c:

lunes, 18 de abril de 2011

Anacronía crónica.

Un día de Enero, aburrida de caminar, me senté en un banco de un enorme parque que nunca, nunca había visto. Aquel lugar parecía tristemente reflejado de un cuento de hadas, tétrico con los grandes árboles dibujando sombras de maliciosos perfiles sonrientes, y a la vez mágico, alumbrado por el potente sol que se entreveía formando mariposas.
Balanceaba mis piernas, y el banco de madera rechinaba como cantando una vieja historia de antiguas experiencias. Una nube de Febrero cubrió por un segundo de oscuridad en donde yo me había sentado. Alcé la vista al cielo y éste me recordó a unos ojos. Unos ojos que me habían guiñado.
El viento de Marzo hizo caer algunas hojas de Abril, y un estremecimiento hizo que el mundo se volteara dejándome desorientada, sin mapa, temblando de miedo. Esa vez tuve que conversar conmigo misma para caminar, convenciéndome de que el abrigo verde petróleo sería lo suficiente abrigado para caminar por Mayo.
Avancé adentrándome en el pequeño bosque que en un principio era parque, e intenté recordar cómo había llegado hasta el centro de ese lugar. Sin embargo, dicen que en los sueños no se puede recordar como comenzaste, y creo que es verdad, así que nunca lo encontré dentro de mi frágil memoria. Pero si me acordaba de algunos momentos de Junio, cuando yo creía que el libro que llevaba en mi maleta era el que me estaba llevando a conocer a todo, a todos, cuando lo descubrí en Septiembre y el resto del año fue melancólico de tanto escuchar una canción de piano.
La nieve poco a poco escondió la vida bajo su brazo, sin darle más opciones al sol de huir fuera en el primer ataque. Una bufanda larga de lana fue mi mejor amiga en aquel frío y nervioso Julio, lleno de sorpresas, fuera de mi intuición personal.
No sé con exactitud el momento en que los árboles dejaron de ser árboles para convertirse en acogedoras casas, o cuándo ese único libro que tenía, se convirtió en cientos, y aquellos cientos en miles de personajes que caminaban conmigo en medio de la soledad. Se lo atribuyo a Agosto, porque aún había atisbos de hielo.
Cabe mencionar a Septiembre otra vez, porque dejó ver al lado del camino unos viejos rieles.
Poco a poco los rieles se vieron más y más, y la banca en dónde me había sentado en el parque hace tanto tiempo en Octubre, volvió a aparecer, invitándome otra vez a esperar, mientras repasaba historias que si el destino hubiese querido que sucedieran, hubiesen ocurrido.
Me vi a mi misma absorbiendo cada tren que pasaba por la estación, viendo como cada uno se llevaba mis maletas, mis recuerdos, mi memoria, mi personalidad, sin parada alguna para mí, en mi estimado Noviembre.
Y retornando a Diciembre, cuando comenzó todo el poema épico, comprendí que más que amor era obsesión, y más que obsesión era encontrarme a mí misma. Aun así, puedo seguir esperando en aquella banca.

Finalmente, nunca entendí por qué aquel girasol creció en mi ventana. ¿No se suponía que las flores no salían en este tiempo?
Pienso que el destino se ríe de mí.

viernes, 18 de marzo de 2011

Beautiful Dreamer

Vi como tus ojos se cerraban,
eras llevado por Morfeo
envuelto en mis brazos,
mientras caminabas hacia tus sueños.
La paz que sentí al verte,
es inalcanzable por mis recuerdos.
Tu lenta respiración
me hizo olvidar mi voz.
Te veías tan tranquilo,
tan tierno, tan adorable,
tan feliz en un invierno sin salida.
No me atreví a moverme,
me dio temor interrumpir,
me dio temor sentirme sola,
miedo a dejar de abrazarte.
Un pequeño segundo a tu lado,
me hizo sentirme en el cielo;
sin embargo, tan vana,
vacía y triste por tu causa.
Me sintonicé contigo
presté atención a tus latidos,
vi lo sincero que podías llegar a ser;
lo importante que no sabías que eras.

Y te grité.
Grité por horas.

No escuchaste lo que te decía,
porque un vidrio se interpuso,
y desde entonces sólo te pude contemplar,
me habían advertido que el tiempo terminaría.
Besé tu mejilla y me fuí, dejándote dormir.
No eras mío.

martes, 15 de marzo de 2011

Autoservicio

PARTE III


Esa noche, recuerdo haber bebido más de la cuenta, cosa extraña en mi, quizás la soledad me ponía un poco mas influenciable. Recuerdo muchas luces, música muy fuerte y luego, sólo la pasividad del mar…
La explicación a todo esto, según lo que me contaste al día siguiente y que aún no recuerdo por mi misma muy bien lo que pasó, fue que después de estar en la universidad, y una vez terminada la fiesta, las personas que quedamos nos fuimos a la playa. Dentro de esas personas, estábamos nosotros tres: tú, Emilio y yo. Al parecer, me habías visto cuando estábamos llegando a la playa y yo estaba junto a Emilio. Como eras un buen amigo de él, te acercaste a hablarme. Te sorprendiste de que esta vez yo te mirara a los ojos fijamente… y dedujiste luego, que estaba bajo los efectos del alcohol. Me sacaste del entorno de nuestro amigo en común pues al parecer, era más peligroso de lo que yo creía. Así que nos fuimos conversando por la playa, caminando por la orilla, escuchando el mar, hasta sentarnos por ahí. Creo que yo fui más sincera de lo que soy normalmente y me desahogué tanto hasta el punto de caer dormida, junto a ti. Creo que de eso, tengo un vago recuerdo. Viene a mi mente el mar con sus grandes y frescas olas y la silueta difuminada de una persona. Nunca pensé en esos momentos, que podías haber sido tú quien estuvo junto a mí durante la noche, en esas circunstancias. Ahora que lo recuerdo, también empecé a hablar de ti aquella vez... pero eso tú no lo mencionaste el día siguiente, cuando me narraste lo que pasó, es lo que recuerdo en estos momentos, mientras escribo esto. También me dijiste que cuando me llevaste a mi casa, obligatoriamente subiste a mi cuarto, pues no encontraste a nadie más en el hogar que pudiera realizar esta tarea. Esa noche, dormiste en la cama de mi compañera de cuarto.
Cuando desperté, sentí un dolor de cabeza muy fuerte y luego de un rato, me empecé a desvestir para ducharme y cambiarme de ropa. Cuando estaba levantando mi polera, escuché como en la otra cama giraba el cuerpo de alguien y como crujían las tablas de la cama, bajo el colchón. Di un grito tal que sobresaltado despertaste y miraste la posición en que estaba, en calzones y con la polera media levantada. Con un actuar rápido, te lancé mi almohada, y caíste extrañamente hacia atrás de la cama. No te reconocí, hasta que escuché tu voz preguntándome: ¿¡Qué rayos te pasa!? – pero permaneciste en el lugar que estabas, hasta que salí de la habitación. Me sentí abochornada, extraña y descuidada, sonrojada, con mucha rabia y con ganas de golpearme muchas veces.
Al parecer entendiste mi mensaje de una forma extrema, y cuando decidí entrar a mi habitación luego de un rato, tú no estabas. Habías escapado de la habitación por la ventana.

~

We fly ballons, we bully clouds, we fight these vampires, we communicate

Autoservicio

PARTE II
No sabes cuanto pensé en ti esa noche y las dos que siguieron. Me cuestioné tantas cosas, como el ¿por qué no te habías presentado tú ante mí, también?, ¿me habías estado observando, mientras conversaba con aquella chica? Pero ¿Cómo sabías entonces que hablábamos sobre ti? ¿Por qué te fuiste sin alguna razón, tan espontáneamente luego de preguntarme aquello? ¿Acaso es común que la gente no se fije en tus ojos?
Los días jueves, no se realizaba el taller de inglés. Como la universidad retomaba sus clases en unas semanas más, aún me quedaba bastante tiempo libre, por lo que decidí caminar por la playa y leer un libro que mi tío me había prestado. Mientras caminaba, recuerdo sentir un forcejeo brusco sobre mi bolso, contuve mi brazo e intenté tomarlo con toda la fuerza que pude, pero luego sentí como era soltada bruscamente, Al mirar hacia atrás, vi la silueta de dos personas caer dentro de un callejón que estaba a dos pasos de donde me encontraba, mi curiosidad fue fuerte, y decidí seguirlos en el callejón. Solo vi dos sombras, una encima de la otra. Asustada, retrocedí unos pasos y luego miré huir a una de las dos personas que estaban ahí. Oí quejidos de una voz familiar, me acerqué a ver y reconocí enseguida el rostro de uno de los estudiantes y uno de mis conocidos que vivía en el Hogar de Estudiantes en el que me alojaba en ese entonces. Emilio me había salvado de un gran hurto, y al parecer, había quedado dolido por la pelea que tuvo. Le agradecí mucho, no sabes cuán importante fue ese encuentro casual y singular. Si no hubiera sido por él, mis papeles, el libro que llevaba, mi celular, y mp3, entre otras cosas importantes para mi, no estarían hasta hoy. Si no hubiera sido por Emilio, no hubiera conocido más de ti, o al menos, más de lo normal. Resulta que sin saberlo yo antes, este conocido mío, era un muy amigo tuyo. Emilio, al decir la verdad, no era excelente alumno, no se esforzaba lo más que podía y le encantaba seguir la ruta de la vida como viniera. Tenia fama de ser arriesgado, de gustarle las fiestas y de salir con muchas chicas a la vez, una clase de poligamia sin mérito de matrimonio. Mi conocido del hogar, me convenció de salir esa noche a una fiesta en una universidad amiga a la nuestra, en la cual siempre se festejaba casi todos los días un san “vacaciones de invierno” reuniendo personas de distintas universidades y hogares universitarios. Acepté, como dije, en esas semanas no tenía otras actividades programadas, y mis días pasaban muy lentos. Antes de seguir mi camino, di las gracias a Emilio, quien para despedirse, me recitó un piropo bastante encantador e inspirado inventado por él mismo, pero si conoces a Emilio sabes a qué quiere llegar.
Estuve un par de horas descansando en la playa, no leí mucho, la verdad no es mi pasión. Decidí regresar a casa y arreglarme para salir. No me entusiasmaba demasiado la idea, pero ya que no tenía nada más que hacer en el Hogar. Mi compañera de cuarto y amiga, estaba con su familia durante las vacaciones, yo me aburría demasiado sin ella y simplemente partí.

~

Away, away, from this system there is another place

Autoservicio

PARTE I
Era un invierno crudo y largo. Yo decidí inscribirme en algún tipo de taller de vacaciones, para lograr pasar el tiempo más rápido y esa vez elegí inglés. Fue en aquellos tiempos cuando te conocí.
Eras alto, tanto que cuando saludabas a las personas, la mayoría debía ponerse de puntillas para besarte en la mejilla. Tus ojos eran hermosos. Antes había visto muchos ojos color café claro, cercano a la miel… pero los tuyos eran como oro puro, y tu mirada era tan intensa y profunda, que en mi caso, cuando intentaba hablarte, me paralizaba y no podía encontrar las palabras que realmente quería decir, razón por la cual evitaba mirarte a los ojos. Realmente, ahora te escribo todo esto, para que conozcas aquellos detalles que venían a mi mente y que nunca mencioné, aquellas cosas que me enamoraron de ti.
Recuerdo que en esos tiempos era curiosa sobre las personas nuevas y las conocidas, la verdad es que siempre hago muchas preguntas a las personas sobre su origen, sus gustos, su familia… pero creo que contigo me contuve. Tuve miedo de saber algo de ti que no me agradara, o quizás sólo me intimidaba un poco tu apariencia y tu mirada.
Cuando empezaron las clases, recuerdo nuestros puestos: tú te sentabas atrás. No eras muy sociable, y al rededor tuyo la gente no hablaba, guardaba silencio como si a ellos también le provocara algún tipo de misterio oscuro tu presencia. Yo me senté en el medio de la sala, con una chica simpática, que antes había conocido en el liceo, su nombre era Belén. Esta chica, conocía algunas cosas de ti, situaciones y circunstancias en las que te había visto antes. No se si tú la recordarás, pero ella se acordaba muy bien de ti en ese entonces… Me dijo tu nombre: Leonardo Shnake Reyes. Ibas en su misma universidad, a diferencia de ti, ella estudiaba pedagogía en biología, y me dijo también tu carrera, Arquitectura. Mientras hablaba, ella, disimuladamente, intentaba mirar hacia tu puesto, y cuando terminó de contarme estas cosas y otras, miré hacia atrás y te vi detenidamente, un poco más de tiempo que las veces anteriores realizadas por mi amiga, estabas sobre un cuaderno o libro, leyendo quizás.
Cuando la clase había terminado, realizamos la típica ronda de despidos y yo me acerqué a ti, evitando mirarte fijo a los ojos. Tú me preguntaste mi nombre –quedé atónita- y mi carrera, luego me preguntaste la razón del por qué no te miraba a los ojos. Paralizada, alcé mi mirada y me fijé en ellos. Tú me besaste en la mejilla y luego te fuiste.

~

Lets swim this song

viernes, 11 de marzo de 2011

Silence, please

RIOT
Y ahí estaba yo, preguntándome tantas cosas tontas, que me perdí dentro y no te vi acercarte a mí.
Así pasó con nuestra historia de vida, yo perdida, tú fuerte a mi lado, como la roca firme que nunca pude tener hasta antes de conocerte. Más que nada, me vengo a dar cuenta ahora, que te sentaste junto a mí, después de tanto tiempo sin habernos reencontrado.
No sé como el tiempo hizo estrechar nuestros lazos, y pensar que yo era tan egoísta, tan ciegamente apartada de ti y de todos, pero tú seguiste intentándolo, siempre fuiste persistente. Hasta que lograste que mi corazón se suavizara y se domara ante ti.
Recuerdo como las luchas en mi interior se realizaban, intentando controlar aspectos de mi que nunca nadie antes había intentado calmar, como los lobos salvajes que fueron domados por los indios poco a poco, mi fuego interior fue bajando su intensidad hasta encontrarme en un estado de paz interior que sólo una persona pudo lograr con el tiempo. Aquella persona que no logró ver mi cambio completo y que tuvo que abandonar por fuerzas mayores. Esa persona fuiste tú, y no me arrepiento de haberte amado como hice.
En los últimos tiempos, no podía estar viéndote sin abrazarte y… tus manos, eran como dulces flores que amaba tener entre las mías.
La conversación fue común, no me sorprendí que me odiaras tanto. Típico entre las personas que me amaron en esa edad de tormenta y rebeldía, pero con la conversación, noté un cambio en ti, en la forma en que me hablabas y en como me mirabas. Me parecía estar viendo nuevamente tus hermosos ojos, como los que tenías cuando éramos jóvenes. La opaques del color café en ellos, se tornaba de un color claro ante la luz del sol y tu boca… simplemente, no podría explicar como se veían tus labios ante los rayos del astro.
Embobada, no pude resistir más y poco a poco me acerqué a ti, pero tú te levantaste y yo, desconcertada, te pedí disculpas. Decidiste marcharte, pero después de tanto tiempo, no podía dejarte ir así tan fácil. No sabía nada de donde habías estado en tanto tiempo y necesitaba pedirte perdón por todo el daño que te hice y del daño que no me di cuenta… que con el tiempo reflexioné, y dolía vivir con esa carga sin hacer algo para remediarla.. Necesitaba amarte como tú me necesitabas en aquellos tiempos y no supe como decírtelo.
Con un acto de desesperación te tomé la mano antes de que te marcharas y… simplemente me congele por unos segundos. Tus ojos se tornaron fríos nuevamente y, entonces, decidí hablar. Te pedí perdón por todos mis errores cometidos, por no haberte podido amar como tú lo hiciste, por no haber demostrado lo mismo que tú hacia mí, pero la verdad es que simplemente no supe como hacerlo y aunque no lo creas, eso me desesperaba demasiado. Pero ahora, soy diferente y mi corazón es diferente, necesitaba verte de nuevo, en otra ocasión, necesitaba decirte más sobre eso.
Vi tus ojos, y en ellos, la ira desapareció lentamente, decidiste darme tu número telefónico y agradecida por ello, te dejé ir… pero prometí que esta vez no sería por mucho tiempo, esta vez, yo volvería por ti.

~

No one ever said it would be so hard

jueves, 10 de marzo de 2011

Si no fuera por sus manos, no podría volar,
Encontrar el claro cielo que despeja mi mente antes de dormir,
Despreocupada del inimaginable concepto de cargar, de servir.
Orientada en el esfuerzo que con mi cuerpo entrego cada día,
Ese mínimo esfuerzo que despeja una sonrisa inmediata,
Pero una alegría futura que ellos sólo ven y que en mi mente,
Se configura como una esperanza y un objetivo de búsqueda,
Una meta que empieza en la mañana, y que terminará en muchos años más
Con la transformación de su alegría futura en alegría presente, y
Cuando todos esos sentimientos se mezclen y se unan, yo seré feliz.
Cuando sobre su lecho amanecido, encuentre descansados rostros al salir el alba, yo seré feliz
Cuando reparta mi esfuerzo entre ellos, y les aliente a tener la vida plena que desearon,
Yo seré feliz.
Lo demás, vendrá por inercia. Lo demás, será tan alcanzable como mis metas.

~

Hoy fui al Preuniversitario Pedro De Valdivia. La secretaria que nos atendió fue muy amable y todo. La verdad, no demostré demasiado interés, pues estaba muerta de sueño y apenas entendí lo que dijo. En el momento en el que me preguntó que carrera quería estudiar, bueno yo le dije "algo relacionado con el área de la salud". Me cuestioné mucho esa frase, y lo que significaba una carrera dentro de esa área (algo que quizás muchos ya habrán hecho). Me cuestioné mucho el porqué de mi inscripción en el área biológica, me cuestioné porqué mis padres me incitan a estudiar algo que no quiero, que simplemente, no me fascina como a otros y que quizás no es lo mio.

Para que sepas...

¡Te odio porque ocupas mi mente!
Porque la invades con tus palabras,
con lo que dirás, como vas a reaccionar,
por el tiempo perdido pensando en cómo y
cuando te diré las cosas.
¡Te odio por lo que haces!
Por lo que haces, por lo que dejas de hacer,
y por lo que nunca hiciste.
¡Te odio por ser como eres!
Por tus bromas, por tus canciones,
por tus pensamientos..
¡Te odio porque me haces cambiar!
Soy tierna por ti, soy inteligente por ti,
soy graciosa por ti, soy lo que soy por ti.
¡Te odio por desorientarme!
Soy feliz por ti, estoy triste por ti,
¡estoy enloquecidamente ..... de ti!
¡Te odio por que no estás!
Y no sabes cuanto mi alma busca por ti..

Te odio porque eres perfecto.
¡Te odio por hacerme quererte!

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Cómo poder recitarte poesías, si nunca fui feliz?
El imaginable encuentro de mis palabras con tus oídos,
No surgirá de mi boca esta vez,
¿Cómo hallarte en medio de la jungla de mis pensamientos?
Si cada vez que te subrayo en ellos,
Te pierdes entre las sábanas mágicas de mis sollozos, los que no me hacen olvidar
Heridas reconstruidas con ladrillos de papel, tapaderas imaginarias que te dejan florecer.
¿Cómo podría reconocerte entre todos los discípulos del camino próximo?
Si estás tan lejos como nunca lo pude haber imaginado,
Tú, tan próximo de otras manos, tan ligeramente anexo a ellos,
Y yo, tan próxima al arma de tiro que apunta mi sien todas las noches
Siempre que mis pensamientos te configuran de nuevo y me hacen volar
¿Cómo podría simplemente olvidarte? Huir esta vez no funcionará.

martes, 8 de marzo de 2011

Aquí estoy de nuevo en el blog! Batallando contra los virus de mi computador por mi obsesión de descargar música xD
Bueno, ésta vez, escribí algo que había imaginado tiempo atrás y que lo quería redactar pero no había motivación suficiente (de mi parte). Pero ahora surgió un nuevo compromiso propio y haré lo que sea por cumplirlo (amén!)

Era tarde y me desperté sorpresivamente. Me levanté de la cama y miré por la ventana, estaba oscuro aún. Las estrellas esa noche se veían, no como otras, en las que el cielo nocturno las esconde de los demás y se las guarda sólo para él, poniendo bajo las estrellas un manto oxidado que no permite observarlas. Volví a mi cama, pensando en el maravilloso día de ayer y vi tu rostro frente a mí muchas veces. No podía escapar de tu mirada y no podía escapar de mis sentimientos. Tampoco logré concebir mi sueño y mis ojos cerrados imaginaban indescriptibles aventuras a tu lado. Sin soportarlo otro momento, de vuelta en mis pies, decidí escapar. Salté por la ventana de mi cuarto y caminé por la calle mucho rato, recorrí las mismas que recorrimos juntos, esas calles que llevan al parque que siempre vamos. Ésta vez, estaba perdida en mi imaginación pensando que tú estabas a mi lado. Al momento de llegar al parque, me di cuenta que mis fantasías sólo eran fantasías, que tú no estabas conmigo en ese momento y que ahora debía buscarte. Permanecí un rato sentada en nuestro banco, y luego seguí caminando hacia mi próximo destino, tu casa.
Poco a poco, se fueron mostrando las bellezas del cielo matutino, y mi mente poco a poco fue recordándote, tal como eres, tal como te veo todos los días antes de irme a dormir. El sol empezaba a asomar, resplandecía frente a mí y que mostraba el camino hacia tu casa como una luz brillante, como aquello que es mágico y maravilloso al mismo tiempo.
Yo iba descalza, en pijama y despeinada. Me imaginaba que tú tenías una escena similar, por tal motivo no me importo mi apariencia. Llegué a tu casa, pero era demasiado temprano para golpear, tampoco lo tenía planeado. Aún con mis pies descubiertos, decidí trepar el árbol que tú saltas cuando yo llego a buscarte, y lo hice. Golpeé tu ventana un par de veces, sabía que tu sueño liviano te informaría de mi presencia, aunque ésta fuera la primera vez que estaba por esos lados en la mañana, y así pasó.
Tu gran sorpresa me indujo a abrazarte lo más fuerte que pude y caímos juntos a la cama. Te expliqué mi situación y tú te reíste con ganas, nos sentamos a conversar y estuvimos así mucho rato, extrañaba tus charlas, tu forma de expresarte y como me mirabas, nunca podría explicar como me siento en nuestras situaciones.
No sabes cuanto te extrañaba, no sabes cuanto pensé en ti toda la noche, no sabes lo mágico que fue llegar a tu casa y lo extraño que fue cuando tu mamá entró a tu pieza.


-w-

domingo, 6 de marzo de 2011

Cambios

Iba a escribir una larga entrada acerca de renovar el blog con nuevas ideas, pero no se me ocurrio nada..¬¬
Asi que solo tomaré un punto:
Música.


Esta claro que no tenemos todos los mismos gustos, y la música clásica, piano o instrumental me parece la que más permite leer.. por eso la pongo, aunque generalmente me dicen que es muy triste o no sé xD
Al entrar al blog siempre apago el reproductor, pero sin ella al principio es como.. extraño xD
Pequeño público, que dicen? la quito? que otro tipo de musica puedo poner?
No les cuesta nada poner un pequeño comentario constructivo..

PD: me voy a frustrar mucho si no hay ningun comentario xD


Por cierto, si les gusta alguna entrada, es mejor que comenten en lugar de seleccionar las casillas de "interesante, divertido, guay", ya que no tengo idea de por qué se borran ._., si alguien sabe tambien sirve!

Gracias

jueves, 3 de marzo de 2011

Un joven con bastón

En uno de esos dias en que nadie espera nada, cuando el sol apenas brilla y el transporte parece medio lleno y medio vacío al mismo tiempo, surgió una gran historia frente a mis ojos.
Subí a una micro como cualquier otra, y me senté en el tercer puesto al lugar de la ventana, siendo una de las primeras pasajeras. Revisé mis pertenencias, leí antiguos mensajes del celular mientras los asientos vacíos se iban ocupando a medida que subían los apresurados pasajeros por quién sabe que cosa. Mientras esperaba una llamada para saber si se encontraban mis compinches en mi destino, subió un curioso personaje por las escaleras metálicas.
Un sombrero de reluciente color negro, mocasinos, un pañuelo rojo y un abrigo que parecía moverse con ritmo, se hicieron presentes en nuestro ambiente sobre ruedas haciéndolo resplandecer todo. Aquel anciano tenía una facha que impresionaba. Con su bastón iba caminando con una gracia digna de Michael Jackson, tanto así que parecía bailar con cada paso que daba y casi se podía escuchar una música con mucho estilo mientras avanzaba buscando dónde sentarse.
Como pueden imaginar, las señoras estaban completa y totalmente eúforicas con este pintoresco caballero; le gritaban cosas que sonrojarían a cualquiera que no fuera él. Los niños pensaban en ser cómo el cuando mayores y los hombres estaban envidiosos al ver su efecto en las mujeres.
La única que no lo miró, por estar preocupada en sus asuntos, fue la afortunada. Una señora de 60 años, rellenita y de pelo café enblanqueciéndose, miraba por la ventana. El viejito tomó su sombrero, lo afirmó a un costado como una reverencia, y con sus hábiles pies dió una vuelta de 360° cayéndo sentado al lado de la mujer, mientras levantaba su bastón y obtenía aplausos de las acaloradas espectadoras.
"Me voy a sentar con esta señorita", pronunció seductoramente. La señora lo contradijo riéndose, pero sin prestarle mucha atención. El caballero "matador" siguió usando sus técnicas de conquista en el recorrido, mientras guiñaba a los demás como si ya hubiera ganado el dilema (dicen que hay que creerse el cuento).
En uno de esos trucos, la señora llegó a su destino y tuvo que bajarse, así que la historia de amor del viejito quedó incompleta, y la decepción inundó su rostro.
Me gustaría haberme quedado mirando a este personaje con su particular público, sus zapatos lustrados y su caminar distintivo, pero el cine me esperaba, así que lo recordé como un viejito, con alma de joven y con bastón.


Edición:
Créditos: a Catubela por presionarme hasta que hice la historia y a S.C. por recordarme aquella famosa, espectacular, profunda y bien estructurada frase "Me voy a sentar con esta señorita".

miércoles, 2 de marzo de 2011

Invitación

Sólo un lugar en cual podemos encontrarnos, sólo un lugar...



¡No estoy loca! Un tiempo pensaste que yo era real, que existia, que seríamos felices. Podríamos vernos, podríamos tocarnos, podríamos estar juntos para siempre. ¿Qué te impide seguir adelante? ¿Ya no me quieres? Despierta amor, esto es nuestra verdad. ¿No me extrañas?...
No tiene por qué caer, sólo la imperfección cae y se derrumba frente a nuestros ojos; pero aquí todo es perfecto, nada más nos basta. Es el paraíso, la puerta a nuestra felicidad, ¡nuestra vida!
Dejaremos de escapar el uno del otro, nos pertenecemos...
Nuestro transporte sigue allí, esperándonos.
¿Quieres caminar conmigo a la felicidad?


M.

martes, 8 de febrero de 2011

Final feliz

Una vez escuche un cuento,
que se compuso en la melodía de un arpa.

Una princesa, un sueño, una búsqueda del amor;
un héroe, una fortaleza, y una luna alentándole.
Una pelea, una esperanza que se elevaba al cielo,
y unas manos tocando para los dioses.
Un secreto entre los dos.


Y así se escuchó su historia,
las estrellas cubriendo sus almas,
dos corazones que sentían el sonido de un arpa.

Un castillo, un dragón y un reino,
el terror en alguien y en nadie,
un llanto roto de esperar junto a la cama,
y un presentimiento de que era la hora.
Una muestra de afecto en un pañuelo.

Y así se escuchó su historia,
las estrellas cubriendo sus almas,
dos corazones que sentían el sonido de un arpa.

Un nombre desconocido,
un error que se revindicó,
una canción llegando a su final feliz
y unas manos tocando para los dioses.
El día y la noche siendo uno para siempre.

Y así se escuchó su historia,
las estrellas cubriendo sus almas,
dos personajes que escuchaban como yo tocaba el arpa.

sábado, 8 de enero de 2011

Un ramo de flores

Esperó toda la tarde el llamado del teléfono.
A las diez de la noche, oscureciendo y con frío, finalmente se dió por vencida.
Se bajó del columpio y comenzó a caminar hacia su hogar, con las dudas llenando su mente, ahogándola con habitual sentimiento de locura que la rondaba de forma constante al estar sola. Después de todo, no podía decir con precisión si había sido real o no. Su mente le había fallado muchas veces con anterioridad.
Sintió algunos pasos detrás de ella, y su cuerpo reaccionó acelerándose, aunque siguió tranquila por unas cuantas cuadras más. Luego, volvió a escuchar las pisadas otra vez. Corrió.
Cuando corría resbaló en el pasto mojado.
Las llaves se le cayeron.
Se torció un tobillo.
Quería llorar de rabia y de frustación, pero no lo hizo confiando en que no valía la pena en estos momentos sentir pena por ella misma.
Se puso de pie, y recorrió lo que faltaba para llegar.
No encontró sus llaves, pero no fue necesario. La puerta estaba abierta, y las luces encendidas. Y en la mesa, un florero con orquídeas amarillas.
Sonrió.

viernes, 7 de enero de 2011

Hola y adiós

Un día avanzamos dos pasos,
al otro retrocedemos tres sin pensarlo,
sin recordar como llegamos hasta aquí.
Caminamos alredor de nuestros satélites,
y todo el mundo parece decir lo mismo:
Hola, ¿crees que caimos muy bajo?
Esto es lo que nos hicimos,
así construimos nuestra historia.
Nos vemos a través de la calle,
somos sólo dos desconocidos.
¿Reconocerías mi voz si te saludara?
¿Reconocería yo la tuya?
La conexión en el aire se irá,
y cuando yo grite tu nombre,
sólo pensaremos, ¿por qué?..
a pesar que dijimos no importa,
aquí estamos bien,
desde nuestros lados nos entendemos.
Y volveremos a nuestros satélites,
recorriendo la órbita que olvidamos,
dejando atrás nuestras caidas.
No diremos hola, si no adiós,
será un lindo recuerdo..

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