Vi como tus ojos se cerraban,
eras llevado por Morfeo
envuelto en mis brazos,
mientras caminabas hacia tus sueños.
La paz que sentí al verte,
es inalcanzable por mis recuerdos.
Tu lenta respiración
me hizo olvidar mi voz.
Te veías tan tranquilo,
tan tierno, tan adorable,
tan feliz en un invierno sin salida.
No me atreví a moverme,
me dio temor interrumpir,
me dio temor sentirme sola,
miedo a dejar de abrazarte.
Un pequeño segundo a tu lado,
me hizo sentirme en el cielo;
sin embargo, tan vana,
vacía y triste por tu causa.
Me sintonicé contigo
presté atención a tus latidos,
vi lo sincero que podías llegar a ser;
lo importante que no sabías que eras.
Y te grité.
Grité por horas.
No escuchaste lo que te decía,
porque un vidrio se interpuso,
y desde entonces sólo te pude contemplar,
me habían advertido que el tiempo terminaría.
Besé tu mejilla y me fuí, dejándote dormir.
No eras mío.
Si leyera esto a la primera y lo más literalmente posible, supondría que te desdoblaste y entraste a la habitación de esa persona, mientras ésta tornaba en su sueño. Interesante.
ResponderEliminarSi comprendiera esto, de manera subjetiva, tendría a pensar que realmente esa persona es alguien que no puedes alcanzar tan fácilmente, como dices al final "No eras mío".
Ten cuidado con lo que tu mente te hace creer y parecer, a veces sabes nada si arriesgas nada, ganas nada, cuando arriesgas nada y eres nada, si arriesgas nada (filosofía muy, pero muy barata), intenta probar, reemplazando "nada" por "algo" y tendrás que en la práctica, los resultados son distintos -tú misma lo mencionaste alguna vez-
Sigue así, Charlotte. Me gusta mucho como escribes.