martes, 15 de marzo de 2011

Autoservicio

PARTE III


Esa noche, recuerdo haber bebido más de la cuenta, cosa extraña en mi, quizás la soledad me ponía un poco mas influenciable. Recuerdo muchas luces, música muy fuerte y luego, sólo la pasividad del mar…
La explicación a todo esto, según lo que me contaste al día siguiente y que aún no recuerdo por mi misma muy bien lo que pasó, fue que después de estar en la universidad, y una vez terminada la fiesta, las personas que quedamos nos fuimos a la playa. Dentro de esas personas, estábamos nosotros tres: tú, Emilio y yo. Al parecer, me habías visto cuando estábamos llegando a la playa y yo estaba junto a Emilio. Como eras un buen amigo de él, te acercaste a hablarme. Te sorprendiste de que esta vez yo te mirara a los ojos fijamente… y dedujiste luego, que estaba bajo los efectos del alcohol. Me sacaste del entorno de nuestro amigo en común pues al parecer, era más peligroso de lo que yo creía. Así que nos fuimos conversando por la playa, caminando por la orilla, escuchando el mar, hasta sentarnos por ahí. Creo que yo fui más sincera de lo que soy normalmente y me desahogué tanto hasta el punto de caer dormida, junto a ti. Creo que de eso, tengo un vago recuerdo. Viene a mi mente el mar con sus grandes y frescas olas y la silueta difuminada de una persona. Nunca pensé en esos momentos, que podías haber sido tú quien estuvo junto a mí durante la noche, en esas circunstancias. Ahora que lo recuerdo, también empecé a hablar de ti aquella vez... pero eso tú no lo mencionaste el día siguiente, cuando me narraste lo que pasó, es lo que recuerdo en estos momentos, mientras escribo esto. También me dijiste que cuando me llevaste a mi casa, obligatoriamente subiste a mi cuarto, pues no encontraste a nadie más en el hogar que pudiera realizar esta tarea. Esa noche, dormiste en la cama de mi compañera de cuarto.
Cuando desperté, sentí un dolor de cabeza muy fuerte y luego de un rato, me empecé a desvestir para ducharme y cambiarme de ropa. Cuando estaba levantando mi polera, escuché como en la otra cama giraba el cuerpo de alguien y como crujían las tablas de la cama, bajo el colchón. Di un grito tal que sobresaltado despertaste y miraste la posición en que estaba, en calzones y con la polera media levantada. Con un actuar rápido, te lancé mi almohada, y caíste extrañamente hacia atrás de la cama. No te reconocí, hasta que escuché tu voz preguntándome: ¿¡Qué rayos te pasa!? – pero permaneciste en el lugar que estabas, hasta que salí de la habitación. Me sentí abochornada, extraña y descuidada, sonrojada, con mucha rabia y con ganas de golpearme muchas veces.
Al parecer entendiste mi mensaje de una forma extrema, y cuando decidí entrar a mi habitación luego de un rato, tú no estabas. Habías escapado de la habitación por la ventana.

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We fly ballons, we bully clouds, we fight these vampires, we communicate

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