Una casa fúnebre, un paso adelante para los sonidos agobiantes de la madera. La puerta estaba abierta, a la espera de que un corazón perdido se colara por la entrada llena de oscuridad. Un corazón teñido de angustia por ensoñación quebrada, como el mío.
A través de las siluetas negras que decoraban la pared, por las ranuras la luz se sentía como un espejo para las sombras, hostiles y amenazantes, por apenas unas milésimas de segundo a favor del falso temple de seguridad que desprenden las palabras, de esas que viajan en el camino de cualquier esperanza vacía, engañadora del alma.
Me imaginaba real, armoniosa y sutil, casi como una figura de porcelana, sentada en los olvidados asientos coloniales que rodeaban tristemente una apagada chimenea cubierta de polvo; pero la poca visión que se lograba vislumbrar en los rotos cristales del suelo, eran míseros atisbos de lo que mi mente podía crear acerca de mi persona. Estaba obligada a respirar aire de lágrimas de un pasado inconcluso, obligada a esa condena a la que llaman vida, obligada a entrar en el frío corredor sin final, sin más salida que los caminos en donde se escabullía la luz, sin espacio más que para gritos acumulados en las paredes apolilladas.
La noticia había caído sobre mí como un balde de agua fría, repleto de hielo, penetrante sobre mi congelada piel por el pavor de la incertidumbre, y resbalaba por mis mejillas con el presentimiento de ser más que lágrimas, más que dolor y pena. Decepción, tal vez.
Me dejé caer en la pared, sin sentir nada más que el contante repiqueteo de la lluvia en el viejo tejado y tiritando de desesperación, permaneciendo incrédula frente a lo impasible que se mostraba el silencio, incrédula ante mi mala suerte, incrédula ante cómo aún mi mente tenía espacio para pensar, en lugar de llenar el vacío que se extendía en todo mi cuerpo. El vacío que sin darme cuenta, sin querer verlo, había comenzado hace 5 meses. Un sueño robado, un lugar en que mis ilusiones reposaban para el futuro.
Se llamará Abigail, mentalicé, se llamará Abigail…
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