Él la conoció en un parque, ella lo conoció en sueños.
Él era creador de acuarelas; ella, mujer.
Ella se sentía humana; él se sentía poeta.
Ella maldecía el silencio; él cantaba óperas de tiempo.
Él solía dibujar el cielo; ella parecía aficionada al infierno.
Ella creía en sí misma; él necesitaba de ella para escucharse.
Él lo era todo para ella; ella era su punto seguro.
Ella, sí, estaba loca. Él, sí, estaba loco por ella.
Él era él; ella era y no era a la vez.
Nadie la entendía a ella, nadie lo entendía a él.
Pero nadie más que ellos sanaban las heridas el uno al otro.
Ella y él, ambos enfermos.
Tú y yo, ambos eternos.
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