jueves, 1 de septiembre de 2011

La lluvia terminó llevándose el final.

No sé cómo empezar. Nunca fui buena para los comienzos de las historias, ni las anécdotas, ni los cuentos que yo creía imaginar para mí misma. Quería escribir sobre hoy, cuando mis amigas y yo caminábamos riéndonos en medio de una feroz tormenta, pero es probable que termine hablando de alegría, de libros, de decepción o desahogándome en un montón de rodeos para llegar a nada. Tampoco soy buena en los finales.
En un principio, sabíamos que la lluvia no cesaría hasta mucho más tarde, pero seguimos adelante entre bromas para calmar un poco la sensación de estar empapadas cuando el viento nos enfriaba. A ninguna le dio hipotermia, pero algunas de seguro atrapamos algún resfriado después de la primera caída de agua. Subimos al autobús, y esperamos que nuestras memorias se acordaran de dónde estaba la casa a la cual íbamos, ¿una parada más adelante o una más atrás?
Bajamos y volvimos a perder el calor que recuperamos en esos cortos minutos de viaje. El viento se había calmado, y a la vez el cielo sólo se dedicaba a recordarnos el mal tiempo sin nada en nuestra contra, aunque de todas formas, dejamos un rastro de agua al entrar en aquella conocida y a la vez nueva casa de color verde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Contador por país