Ha nacido el día otra vez cada ocasión en que abro los ojos. Y no ha cambiado nada, nada excepto yo. Continúa la gente murmurando, continúa la primavera en su curso habitual y prosiguen ladrando los perros una vez que cae la noche y junto con ella, la vida misma. Pero yo he dejado de verme estática y la gente para mí ya no sigue murmurando, más bien se susurran; la primavera llegó demasiado tarde, la necesitaba antes... y los perros, los perros ahora ladran porque antes no me había detenido a escucharlos. Estoy dejando entrar más mundo por cada una de mis pestañas y más realismo a través de mis manos, a través de las heridas expuestas.
Estoy dejando entrar más mundo.
Estoy dejando entrar más.
Estoy dejando entrar.
¿Dejando entrar qué?
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