Hace días que mi ventana se refleja en el sol, y no me deja cerrarla cuando entra a congelarme el frío. Hace días que salgo y me encuentro flotando, escurridiza, algo perdida porque el mapa flota conmigo y no me deja flotar con él, porque la lejanía se lo lleva lejos, y porque el viento no lo deja corretear libre y vivaz como debería. Hace días que las flores de jardín están regadas porque no me permiten marchitarlas; ya no.
Es extraño, tanto así que las luciérnagas salen de día y las polillas ahora se enamoraron del sol, al igual que yo. Es posible que me de hipotermia sin saberlo, que el mapa se pierda de mi vista y que las flores crezcan aún más. Pero tan, tan extraño... la luz se evapora en mi piel y mi piel se volatiliza en ella, somos una blanca persona que tiene aún más frío en sus manos los días de verano que enterrada bajo la nieve.
Un día de estos crearé mi propia constelación. Y viviré sin vivir, sólo para mantener mi paz encerrada alejada de los problemas y otros desencantos lunares.
jueves, 29 de marzo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
5 minutos
Tengo cinco minutos,
para relatar mi día
para condensar una semana
para vestirme y arreglarme
para creer que me creerán
para responder en la ventana de conversación
para respirar
para no ser tan realista
para que queden cuatro minutos
para pensar
para filosofar
para recordarte
para tener tres minutos
para pensar en marcha atrás
para dar clases de autoconvencimiento
para ser una efímera creacionista
para corregir tres veces el tilde en efímero
para que me queden dos minutos
para mirar alrededor y buscar palabras
para pensar en que corre el tiempo y hacer nada
para ver que dentro de poco me quedará un minuto
para tener una lluvia de ideas
para tener ahora un minuto
para cambiar los números por letras
para apresurarme
para teclear sin ver
para
Terminaron.
para relatar mi día
para condensar una semana
para vestirme y arreglarme
para creer que me creerán
para responder en la ventana de conversación
para respirar
para no ser tan realista
para que queden cuatro minutos
para pensar
para filosofar
para recordarte
para tener tres minutos
para pensar en marcha atrás
para dar clases de autoconvencimiento
para ser una efímera creacionista
para corregir tres veces el tilde en efímero
para que me queden dos minutos
para mirar alrededor y buscar palabras
para pensar en que corre el tiempo y hacer nada
para ver que dentro de poco me quedará un minuto
para tener una lluvia de ideas
para tener ahora un minuto
para cambiar los números por letras
para apresurarme
para teclear sin ver
para
Terminaron.
lunes, 26 de marzo de 2012
Abstrusa, como ella sola.
Permanece, única en su mundo
¿qué piensa?
sólo hay silencio
pero su voz canta
Allí estás
Allí estás
Quiso dedicarle un susurro de su perfume, quiso enviarle un abrazo cándido y lleno de promesas, pero se lo impidieron, simplemente se lo impidieron.
Lo intentó, dijo, lo intentó, antes de que su voz se perdiera en la memoria. Pintó su rostro en acuarela y lleno páginas con tinta para olvidar, pero seguía allí, atormentándola, hasta que finalmente no pudo más.
Corría chocando dentro de sus paredes mentales, atenta a su porvenir, escuchando qué tan rápido daba sus pasos, contando cada uno de sus latidos, añorando. Imaginaba el verlo dormir, con inocencia, acompasar su respiración, que fuera de ella y sólo de ella; pero se lo impidieron, la alejaron, la escondieron de su mirada. Sin embargo, no guardaba rencor, ni odio, ni una pizca de mala intención, sólo tenía sus pensamientos para él, él.
Contó los días y las noches, mientras se abría paso por el camino a recorrer para alcanzarlo, cada vez más conocido y cercano. Y él la esperaba allí, con los brazos abiertos para perdonarla, amándola como si ambos, devastados por la separación, encontraran la felicidad eterna en un único toque. Pero aquellos días y noches, se convertían en uno, en dos, en cientos, y no terminaron jamás, dentro de la fría y blanca habitación, en que la recluyeron durante años.
¿qué piensa?
sólo hay silencio
pero su voz canta
Allí estás
Allí estás
Quiso dedicarle un susurro de su perfume, quiso enviarle un abrazo cándido y lleno de promesas, pero se lo impidieron, simplemente se lo impidieron.
Lo intentó, dijo, lo intentó, antes de que su voz se perdiera en la memoria. Pintó su rostro en acuarela y lleno páginas con tinta para olvidar, pero seguía allí, atormentándola, hasta que finalmente no pudo más.
Corría chocando dentro de sus paredes mentales, atenta a su porvenir, escuchando qué tan rápido daba sus pasos, contando cada uno de sus latidos, añorando. Imaginaba el verlo dormir, con inocencia, acompasar su respiración, que fuera de ella y sólo de ella; pero se lo impidieron, la alejaron, la escondieron de su mirada. Sin embargo, no guardaba rencor, ni odio, ni una pizca de mala intención, sólo tenía sus pensamientos para él, él.
Contó los días y las noches, mientras se abría paso por el camino a recorrer para alcanzarlo, cada vez más conocido y cercano. Y él la esperaba allí, con los brazos abiertos para perdonarla, amándola como si ambos, devastados por la separación, encontraran la felicidad eterna en un único toque. Pero aquellos días y noches, se convertían en uno, en dos, en cientos, y no terminaron jamás, dentro de la fría y blanca habitación, en que la recluyeron durante años.
domingo, 25 de marzo de 2012
Oye, oye
Por supuesto que sí,
serías un buen coreano
Así, un tanto eterno
como en el animé
como el moretón de mi pierna derecha
que vuelve a aparecer
después de sentarme en el escritorio
y yo también sería buena
bailando k-pop
y con el pelo verde
y coreografías aleatorias
y canciones inentendibles
y muchos clones de nosotros
pero oye, oye
seríamos buenos coreanos
(quien dice que no puede haber anime coreano, dadá es dadá)
- To Joe
serías un buen coreano
Así, un tanto eterno
como en el animé
como el moretón de mi pierna derecha
que vuelve a aparecer
después de sentarme en el escritorio
y yo también sería buena
bailando k-pop
y con el pelo verde
y coreografías aleatorias
y canciones inentendibles
y muchos clones de nosotros
pero oye, oye
seríamos buenos coreanos
(quien dice que no puede haber anime coreano, dadá es dadá)
- To Joe
sábado, 24 de marzo de 2012
Sabes que sí.
Y tú que me recriminas cuando no eres más que un fantasma en mi pared, una pérfida sombra, ¿quién te otorgó el derecho? ¿quién, si no fui yo? Me declaro inocente; ahora, confiesa. ¡Confiesa! ¡Son más los días en que espero a que rompas el silencio a los días en que asumo cuál es la verdad! ¡Es menos la espera por ella! Pero la verdad... la triste verdad que me dice con timidez "mírame"... debería ocultarse por un buen tiempo hasta que la tormenta se calme, hasta que se haga mínima y no quede rastro de su presencia, ni de sus lluvias, ni de sus nimiedades... Eso sí, por supuesto. Que sea objetiva y estoica, que no cambie conmigo ni con mi rivalidad, que no cambie con el motivo de por qué sigues siendo una crítica en la intimidad de mis pensamientos. Porque recuerda que yo no te di el derecho, así que no tendrías por qué cambiar la realidad.
Se centra, como todo, en la delgada línea que separa a un narrador de conocimiento relativo de un narrador testigo. Siendo yo perteneciente al segundo, quiero y permanezco aferrada a la relatividad, ¡yo lo acepto, al menos! pero tú insistes y no te detienes hasta creerte omnisciente. Para que veas que te conozco y que la ventaja entre ambos, es que tú no me conoces.
Se centra, como todo, en la delgada línea que separa a un narrador de conocimiento relativo de un narrador testigo. Siendo yo perteneciente al segundo, quiero y permanezco aferrada a la relatividad, ¡yo lo acepto, al menos! pero tú insistes y no te detienes hasta creerte omnisciente. Para que veas que te conozco y que la ventaja entre ambos, es que tú no me conoces.
Evolución retrógrada
Es inevitable sentirse pequeña en un mundo tan lleno de situaciones con las que se vive pero no se imaginan, tan inevitable que retrocedo más y más por querer volver a mi ignorancia primaria y a todo lo simple que conlleva no tener preocupaciones... A veces me da miedo llegar a ese punto en donde haya terminado mi pasado y ya no quede futuro habiendo hecho nada, sin haber dejado aunque sea una pequeña huella en alguna persona... pero sin embargo, me dicen que no sea tan perfeccionista, tan autoexigente.. ¿y cómo lo logro entonces, si mi juventud es efímera y la fantástica combinación de ser "joven y sabia" al mismo tiempo tiene fecha de caducidad? ¿me quedan más opciones que intentar abarcarlo todo mientras retrocedo las manecillas del reloj? Porque tengo claro que hay cosas, como la belleza o el carisma, a los que no puedo recurrir porque todos compraron ya sus entradas y yo me quedé fuera de la función, observando las notas del éxito. Entonces, si ser buena persona, ser amable, y ayudar nunca recibe su recompensa porque siempre esperamos mucho más del resto, idealizándolos, solo me queda estudiar y escribir para que lo que siento no me moleste en los estudios y lograr una visión objetiva y vaga de los acontecimientos.
A veces hay que ser uno mismo...
Cada vez me alejo más de Charlotte, y retrocedo, a kilómetros por segundo, a lo que alguna vez fue mi cuento de la muñeca de papel.
A veces hay que ser uno mismo...
Cada vez me alejo más de Charlotte, y retrocedo, a kilómetros por segundo, a lo que alguna vez fue mi cuento de la muñeca de papel.
viernes, 16 de marzo de 2012
Alegoría de mariposas
Las hojas otoñales cayeron asustadas ante su primer encuentro con el avasallador viento, ansioso por conocerlas. Se mecían, intranquilas, resaltando su color café con mayor énfasis en donde la luz no podía tocarlas: al llegar al suelo. Trazos eran, que la naturaleza había arreglado en perfección y que el ser humano solía interrumpir. Aquella vez, no había sido este, sino el color. Un contraste leve aparecía entre el amarillo crepúsculo de la ya empezada tarde, convirtiéndose en un nuevo foco de atención. Eran colores tan vivos, tan concurridos de imaginaciones como el mundo hecho de palabras, que de ellos nacieron alas y de las alas nacieron mariposas. El pintor a algunas les dibujó manchas de primavera, para hacerlas todas diferentes. Oscureció un lado del paisaje a naranja, y en el fondo, una mariposa que había quedado ajena a aquel mundo de óleo y vanidades. Demoró más en su detalle que en todo el resto del cuadro entero, pero sin embargo, el día de la exposición, no recibió la atención que su obra de arte merecía. Regresó decepcionado, con la cabeza gacha, y pintó carmesí a sus alas.
martes, 13 de marzo de 2012
Raíces de un aromo
Floreció y su color amarillo adornó pronto el suelo en el cual se había arraigado. Cuando se percató de que no era el lugar correcto, escapó del hielo y sus raíces crecieron en la cálida y real tierra.
sábado, 10 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
La bailarina
Se abre el telón. El público está expectante y mira con atención lo que aparece tras el terciopelo rojo. No hay luz; todo es negro, oscuro, decepcionante. Los pintores dicen que es un indicio de minimalismo; los escritores dicen que el color representa la emoción del dramaturgo; los críticos dicen que escenografía es barata; la gente normal, que abrieron el telón muy antes. El cuchicheo aumenta cuando en una esquina que ignoraron, poco a poco se ilumina una caja de cartón, y comienza la música melancólica y versátil que hacía recordar a todos un momento, por más leve y volátil que este fue alguna vez. El piano se introduce lentamente en los pensamientos de todos, lejano e intangible, sutil y melodioso. Mientras acompaña el baile en los dedos de cada uno que se cree pianista, se hace tarde, la función ya empezó y quedaron varios afuera; no importa, será una próxima vez, dijeron, aunque sabían que cada actuación cada día no es la misma. Dentro del teatro, la obra seguía su curso. En la caja, se ocultaba Pandora y fuera de ella los demonios que atormentaban al mundo. Una mujer desde hace muy poco tiempo, salía a su alrededor con una expresión de miedo incontrolable: no conocía nada, no conocía a nadie. Mira la caja, mira al público, intenta mirar la música. Comprende y sabe nada; es inocente, totalmente inocente. Su tez es clarísima y apenas se nota carmín en sus mejillas y en sus labios, una figura alta y delgada que lucía con gracia una pulcritud exhaustiva. Comienza a levantar sus brazos y los mira exigiendo una explicación. Busca algo familiar y lo encuentra en la música; la melodía la lleva y su vestido blanco flota en todos lados al mismo tiempo. Es una bailarina, todos piensan, una bailarina hermosa y excepcional; a veces, pasiva y desorientada, otras veces frenética, casi como si su razón dependiera de la locura. Nadie puede dejar de observar sus movimientos y su soltura, todos están bajo el mismo hechizo del piano y de la mujer. La melodía se torna triste y rápida al mismo tiempo, con un ritmo incontinuo y cautivador, estelar, enigmático como ella, la bailarina. Sus piernas avanzan, corren, saltan y se deslizan por el escenario; sus brazos son el adorno de aquella estructura magnífica y su rostro se mantiene angelical. Antes de volver a girar, cae. Un sonido de preocupación se escucha y el piano se detiene drásticamente. Alguien en el público se pregunta si estará bien, si es parte de la obra. De inmediato, se levanta y su brazo ya no se mueve: se ha cortado la cuerda que lo sostenía. El telón se cierra rápidamente y sí, los críticos tenían razón.
domingo, 4 de marzo de 2012
Nombres, nombres...
Repiquetean como gotas de lluvia,
imparciales, estoicos;
una espiral de personalidad
que no cesa – o no quiere-
dejar de sonar
e intenta entrar en la burbuja
que es la inmortalidad
pura, intacta
- como Aquiles -
y pensar que para mí
significan nada...
Porque no soy intelectual
ni la de Bukowski
ni esa mujer a la cual
dedicó sus versos Cortázar…
porque solo aprendí el francés
que me insinuó Magritte,
y conocí pocos experimentos,
los de Pavlov, sin estímulo
- aunque un libro de Conan Doyle no está mal-
y de los tangos de Gardel…
recordé solo el acariciar su ensueño,
como toda buena ineficaz y desgraciada.
Pero ya me da igual no ser la terca Elizabeth,
ni recorrer los mares del capitán Nemo,
o ser o no ser Ofelia,
ni estar en el college con Jerusa;
ni conocer al forastero de Gracia,
cuál era la sombra del viento
y si Miguel Ángel era o no lo último;
la bendición de la ignorancia
¿no es así, Puck?
y pensar que jamás,
jamás conocí al tal Morfeo
que a todos pasaba a buscar…
¿quedé apartada como Grenouille?
tal vez me volví ascética
y me alejé,
o enloquecí de amor,
uno angelical, literalmente…
Por eso jamás leí a Neruda,
por eso creo que Andrómeda
es pariente de Atenea,
o mía
o de nadie…
- desconozco el sistema solar-
pero admiré a Desmóstenes,
a los sabios de otros tiempos;
a los filósofos y los psicólogos,
que me conocen más
aun sin conocerme
¿Verdad, señor Lecter?
¿O era Freud?
Pero de recuerdo
atesoré las palabras de Eckhart:
“Pero el que yo sea yo, es mío exclusivamente,
y no pertenece a nadie más.”
Y el resto…
no sé…
para mí, significan nada.
imparciales, estoicos;
una espiral de personalidad
que no cesa – o no quiere-
dejar de sonar
e intenta entrar en la burbuja
que es la inmortalidad
pura, intacta
- como Aquiles -
y pensar que para mí
significan nada...
Porque no soy intelectual
ni la de Bukowski
ni esa mujer a la cual
dedicó sus versos Cortázar…
porque solo aprendí el francés
que me insinuó Magritte,
y conocí pocos experimentos,
los de Pavlov, sin estímulo
- aunque un libro de Conan Doyle no está mal-
y de los tangos de Gardel…
recordé solo el acariciar su ensueño,
como toda buena ineficaz y desgraciada.
Pero ya me da igual no ser la terca Elizabeth,
ni recorrer los mares del capitán Nemo,
o ser o no ser Ofelia,
ni estar en el college con Jerusa;
ni conocer al forastero de Gracia,
cuál era la sombra del viento
y si Miguel Ángel era o no lo último;
la bendición de la ignorancia
¿no es así, Puck?
y pensar que jamás,
jamás conocí al tal Morfeo
que a todos pasaba a buscar…
¿quedé apartada como Grenouille?
tal vez me volví ascética
y me alejé,
o enloquecí de amor,
uno angelical, literalmente…
Por eso jamás leí a Neruda,
por eso creo que Andrómeda
es pariente de Atenea,
o mía
o de nadie…
- desconozco el sistema solar-
pero admiré a Desmóstenes,
a los sabios de otros tiempos;
a los filósofos y los psicólogos,
que me conocen más
aun sin conocerme
¿Verdad, señor Lecter?
¿O era Freud?
Pero de recuerdo
atesoré las palabras de Eckhart:
“Pero el que yo sea yo, es mío exclusivamente,
y no pertenece a nadie más.”
Y el resto…
no sé…
para mí, significan nada.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)