lunes, 7 de enero de 2013

Nacen, crecen, se reproducen, y siguen viviendo.

De pronto me doy cuenta que mi mente está llena de poemas.
Pero éstos poemas, se rebelan y se vuelven prosa, más legibles y contentos consigo mismos.
Pero esas ideas comunes, por muy defirentes que sean, se me mezclan todas unas con otras, en parejas, en tríos, en cuartetos, tan así que se me amotinan y luego aparecen en el orden que querien.
Para que finalmente, me confundan y todo termine con un no supe cómo empezar.
Al final están vaivs, viasv, asviv, avsiv, vavis, vivas. Y esa es la idea. Que fluyan.
Luego las palabras se suman y van cambiándose las letras, burlándose de mí y foenmantdo la entrapío que ya tenían mis ideas dispersas.
De pronto me doy ceunta que para que sean prosa, han de tener alguna coherencia más importante que solo los conectores: han de albergar una idea común.
Poco a poco lo voy manejando, pero cuesta forzarlas a que se queden tranquilas, porque va en contra de su naturaleza.

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