no sabes
era muy joven
niña, era niña
la ilusión en los ojos
en la boca
en el corazón
me quebraste,
no te culpo
en cambio hoy
cumplidos algún tiempo
ya adulta, sí adulta
la ilusión en la espera
en las manos
en la mente
me quiebro yo misma,
y me culpo siempre
infinitamente
martes, 10 de diciembre de 2019
miércoles, 20 de noviembre de 2019
este cielo
es tan azul como mi tristeza
este mar
se me hace tan profundo
no era mi color, tú sabías
no era mi dolor
ahora comparto
las mismas agujas clavadas
una y otra vez
no sé si tú
no sé si yo
se oxidan conmigo
y va bien con mi piel
va bien con mi azul
no era mi color
tú sabías
me estás pintando
es tan azul como mi tristeza
este mar
se me hace tan profundo
no era mi color, tú sabías
no era mi dolor
ahora comparto
las mismas agujas clavadas
una y otra vez
no sé si tú
no sé si yo
se oxidan conmigo
y va bien con mi piel
va bien con mi azul
no era mi color
tú sabías
me estás pintando
sábado, 5 de octubre de 2019
Preludio
Todo mi vida he estado,
o siempre quise,
quizá nunca estuve
tratando de pertenecer a algo,
o a alguien,
porque la mitad de mí
nunca ha estado presente.
Y con el tiempo he ido encontrándome
por partes, enterrada
en aquellos lugares en que pensaron
nunca vería de nuevo
nunca sentiría de nuevo
tal vez con inocencia.
Mi corazón todavía no lo encuentro
y es culpa mía:
nunca lo cuidé.
De él nacía mi vida
y yo pensé
que la mejor forma de cuidarlo
de mí misma, de mi insatisfacción
era ponerlo
en manos de terceros.
Ahora estoy flotando y no respiro.
Hoy estuve hundiéndome,
mañana habré perdido del todo
quién sabe qué.
Eso siento.
Tal vez sólo es un preludio
de todo lo que tendré que tocar
una vez mis pies alcancen tierra
o siga en la profundidad de mar,
o del tener que perdonarme,
o del tener que perdonar a otros.
Si cierro los ojos
una vez más
me acostumbraré
y volverá todo a su lugar.
o siempre quise,
quizá nunca estuve
tratando de pertenecer a algo,
o a alguien,
porque la mitad de mí
nunca ha estado presente.
Y con el tiempo he ido encontrándome
por partes, enterrada
en aquellos lugares en que pensaron
nunca vería de nuevo
nunca sentiría de nuevo
tal vez con inocencia.
Mi corazón todavía no lo encuentro
y es culpa mía:
nunca lo cuidé.
De él nacía mi vida
y yo pensé
que la mejor forma de cuidarlo
de mí misma, de mi insatisfacción
era ponerlo
en manos de terceros.
Ahora estoy flotando y no respiro.
Hoy estuve hundiéndome,
mañana habré perdido del todo
quién sabe qué.
Eso siento.
Tal vez sólo es un preludio
de todo lo que tendré que tocar
una vez mis pies alcancen tierra
o siga en la profundidad de mar,
o del tener que perdonarme,
o del tener que perdonar a otros.
Si cierro los ojos
una vez más
me acostumbraré
y volverá todo a su lugar.
domingo, 8 de septiembre de 2019
Pestañeo
Respiro. Tomo aliento profundo, respiro. Abro los ojos y aprecio que estoy demasiado despierta, mi mente persiste en recuerdos que no fueron y no son míos. Cierro los ojos, respiro. Es demasiada la sensación volátil, de que todo acabará pronto; los días ya se están alargando, que ya se viene la primavera. Pero siempre es abrir la ventana y la misma casa, los mismos ojos, el mismo desorden y la misma percepción de insatisfacción constante. Siempre es ese vacío ajeno a todo lo que no puedo entender y me pregunto, sólo me pregunto, no puedo contarlo aquí. Pero es siempre la misma pregunta, los mismos rostros, parece un ciclo interminable de interrogantes y respuestas que no llegan jamás.
Abro los ojos de nuevo, ya estoy tranquila, respiro hasta ya no palpitar tan velozmente. Me tomo la cara y pienso, ¿podría hacer que perdure?. Esa tendencia natural a la destrucción me persigue, dudo. Pero es que es así, hay que aceptarlo, no puedes vivir toda la vida negándote. Eso te sucede cuando abres los ojos y observas el pasado, el presente y el futuro. Te carcomes.
Cierro los ojos. Parece que la calma viene ahora en forma invertida. Siempre que cierro los ojos tengo que respirar fuerte, aunque nadie me escuche. Y pienso y pienso y pienso, con todas mis fuerzas. No importa, no pasará nada. Nunca pasa.
Abro los ojos de nuevo, ya estoy tranquila, respiro hasta ya no palpitar tan velozmente. Me tomo la cara y pienso, ¿podría hacer que perdure?. Esa tendencia natural a la destrucción me persigue, dudo. Pero es que es así, hay que aceptarlo, no puedes vivir toda la vida negándote. Eso te sucede cuando abres los ojos y observas el pasado, el presente y el futuro. Te carcomes.
Cierro los ojos. Parece que la calma viene ahora en forma invertida. Siempre que cierro los ojos tengo que respirar fuerte, aunque nadie me escuche. Y pienso y pienso y pienso, con todas mis fuerzas. No importa, no pasará nada. Nunca pasa.
Don't you
Hoy no quiero
florecer ni sembrar ni asumirme
partícipe del futuro
de cualquiera de los he diseñado
Hoy quiero ser tierra
infértil, desnuda
y asumirme por fin,
pesadilla voraz y sentimiento oculto
Podrías tú, si quisieras,
encontrar el lugar perfecto
en donde interceptar mis palabras
Podrías tú, si entendieras,
abrigarme del todo
y quitarme el espejo,
ayudar con la ceguera
Pero no quieres, ¿verdad?
No quieres.
florecer ni sembrar ni asumirme
partícipe del futuro
de cualquiera de los he diseñado
Hoy quiero ser tierra
infértil, desnuda
y asumirme por fin,
pesadilla voraz y sentimiento oculto
Podrías tú, si quisieras,
encontrar el lugar perfecto
en donde interceptar mis palabras
Podrías tú, si entendieras,
abrigarme del todo
y quitarme el espejo,
ayudar con la ceguera
Pero no quieres, ¿verdad?
No quieres.
Para aquellos
A esos antiguos,
pálidos dolores
que se tomaron de mi mano
y me dejaron ir
libre y desangrante
una vez que oscurecía.
A esos tristes,
tristes recuerdos
que aprovecharon mi voz
para emitir palabras impropias
que juzgaron previamente
y no esperaron defensa alguna.
A esos lejanos,
lejanos amigos...
que escucharon una a una
las grietas más profundas
y las observaron de cerca
y les pusieron cal.
A esos cómplices
dulces y siniestros
que se tomaron de la inocencia
la dulzura y el anhelo
y se la llevaron sin preguntar
lejos de aquí.
A esos que no tuvieron paciencia.
A esos que tuvieron envidia.
A esos que vieron mis lágrimas
y pensaron en dejarme así, ahógandome.
A esos
A todos
los perdono.
pálidos dolores
que se tomaron de mi mano
y me dejaron ir
libre y desangrante
una vez que oscurecía.
A esos tristes,
tristes recuerdos
que aprovecharon mi voz
para emitir palabras impropias
que juzgaron previamente
y no esperaron defensa alguna.
A esos lejanos,
lejanos amigos...
que escucharon una a una
las grietas más profundas
y las observaron de cerca
y les pusieron cal.
A esos cómplices
dulces y siniestros
que se tomaron de la inocencia
la dulzura y el anhelo
y se la llevaron sin preguntar
lejos de aquí.
A esos que no tuvieron paciencia.
A esos que tuvieron envidia.
A esos que vieron mis lágrimas
y pensaron en dejarme así, ahógandome.
A esos
A todos
los perdono.
viernes, 22 de febrero de 2019
Sol
Hay un sol en el desierto que arrulla cálido todos los sueños que eran y que serán. Abarca gran parte de las cúspides, del cielo, del fondo de los valles; cuando desaparece son más solitarios que fríos, y cuando está, parece pintar un nuevo paisaje. Remarca siluetas, accesos lunares, miradas nuevas. Después de tener horas contemplándolo, me enseñó a mirar más allá de mis ojos.
Hay un sol en el desierto que desde entonces, siempre me indica si es de día o de noche y en base a su esfuerzo, sé en todo momento dónde estoy, porque siempre sale a encontrarme y aunque yo no quiera, es capaz.
Podría pensar que de noche se esconde de mí y me abandona, y aún así, yo no dudo de él jamás. No tendría por qué, sí es tan diferente a todo el universo de estrellas. Nunca había visto tal sinceridad, tanta atención, tanta ternura al despedirse en los ocasos. No había visto la capacidad, o el deseo o la intención, de abrazar tan difíciles cerros de piedras y arena y convertirlos en una escena de belleza diferente. Es la tranquilidad frente a caminos tan largos y empinados. Tranquilidad frente a nubes que días anteriores, habían sido devastadoras.
Tranquilidad que se me escapa lentamente.
Ahora mientras tanto, puedo observar el rojizo, el naranjo, el silencio que me otorga, y pienso que extrañaré los colores y el impacto que logró en mi vida mientras desaparece de mis ojos.
Me recuerda que nada dura para siempre.
Aún así, sé me queda el consuelo de saber que mañana volverá a amanecer, a cubrir con luz todo a su paso. Y sé que a pesar de todo, hay un sol en el desierto que siempre está esperándome.
Hay un sol en el desierto que desde entonces, siempre me indica si es de día o de noche y en base a su esfuerzo, sé en todo momento dónde estoy, porque siempre sale a encontrarme y aunque yo no quiera, es capaz.
Podría pensar que de noche se esconde de mí y me abandona, y aún así, yo no dudo de él jamás. No tendría por qué, sí es tan diferente a todo el universo de estrellas. Nunca había visto tal sinceridad, tanta atención, tanta ternura al despedirse en los ocasos. No había visto la capacidad, o el deseo o la intención, de abrazar tan difíciles cerros de piedras y arena y convertirlos en una escena de belleza diferente. Es la tranquilidad frente a caminos tan largos y empinados. Tranquilidad frente a nubes que días anteriores, habían sido devastadoras.
Tranquilidad que se me escapa lentamente.
Ahora mientras tanto, puedo observar el rojizo, el naranjo, el silencio que me otorga, y pienso que extrañaré los colores y el impacto que logró en mi vida mientras desaparece de mis ojos.
Me recuerda que nada dura para siempre.
Aún así, sé me queda el consuelo de saber que mañana volverá a amanecer, a cubrir con luz todo a su paso. Y sé que a pesar de todo, hay un sol en el desierto que siempre está esperándome.
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