domingo, 8 de septiembre de 2019

Pestañeo

Respiro. Tomo aliento profundo, respiro. Abro los ojos y aprecio que estoy demasiado despierta, mi mente persiste en recuerdos que no fueron y no son míos. Cierro los ojos, respiro. Es demasiada la sensación volátil, de que todo acabará pronto; los días ya se están alargando, que ya se viene la primavera. Pero siempre es abrir la ventana y la misma casa, los mismos ojos, el mismo desorden y la misma percepción de insatisfacción constante. Siempre es ese vacío ajeno a todo lo que no puedo entender y me pregunto, sólo me pregunto, no puedo contarlo aquí. Pero es siempre la misma pregunta, los mismos rostros, parece un ciclo interminable de interrogantes y respuestas que no llegan jamás.
Abro los ojos de nuevo, ya estoy tranquila, respiro hasta ya no palpitar tan velozmente. Me tomo la cara y pienso, ¿podría hacer que perdure?. Esa tendencia natural a la destrucción me persigue, dudo. Pero es que es así, hay que aceptarlo, no puedes vivir toda la vida negándote. Eso te sucede cuando abres los ojos y observas el pasado, el presente y el futuro. Te carcomes.
Cierro los ojos. Parece que la calma viene ahora en forma invertida. Siempre que cierro los ojos tengo que respirar fuerte, aunque nadie me escuche. Y pienso y pienso y pienso, con todas mis fuerzas. No importa, no pasará nada. Nunca pasa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Contador por país