A esos antiguos,
pálidos dolores
que se tomaron de mi mano
y me dejaron ir
libre y desangrante
una vez que oscurecía.
A esos tristes,
tristes recuerdos
que aprovecharon mi voz
para emitir palabras impropias
que juzgaron previamente
y no esperaron defensa alguna.
A esos lejanos,
lejanos amigos...
que escucharon una a una
las grietas más profundas
y las observaron de cerca
y les pusieron cal.
A esos cómplices
dulces y siniestros
que se tomaron de la inocencia
la dulzura y el anhelo
y se la llevaron sin preguntar
lejos de aquí.
A esos que no tuvieron paciencia.
A esos que tuvieron envidia.
A esos que vieron mis lágrimas
y pensaron en dejarme así, ahógandome.
A esos
A todos
los perdono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario