miércoles, 25 de abril de 2012
Detalles
Miró sus manos con detenimiento, por primera y única vez en su vida. El tiempo le parecía demasiado poco para malgastarlo en detalles como su persona, y los espejos eran nada más que sombras a la espera de una vista a expensas de la noche. Notó las arrugas, hasta ese momento invisibles, que decoraban cada uno de sus dedos. Había envejecido, y sin embargo, nunca había producido nada bueno con aquellas torpes que tiritaban al tejer. Luego, lloró por todos los años que había perdido, reflejados en su piel.
lunes, 23 de abril de 2012
Cien años a mi pesar
Cien años de espera,
cien años son miseria
susurraste a mi pesar.
No hallé gracia en tu boca,
en sus movimientos de malicia
y tapé mis ojos para no ver
solo para oír tu voz clara,
arrulladora,
futuros haciéndome soñar.
Me dejé llevar por ella,
una luna
dos inviernos
cien años
y es que cien años pasan rápido
entre la pena y la agonía,
cien años que vuelan,
sin alas, sin razón
sólo pasan, olvidan;
son sólo cien años,
susurraste a mi pesar.
La segunda vez,
tapé mi cordura
y te observé con ventanas nuevas,
mis ojos siendo los tuyos;
pero no me perdí en ellos,
si no en tu voz.
Un intérprete,
parte de una obra,
un personaje que emociones
cantaba todos los días
y delegó
a cien años de mi pesar.
Y dejé que el escenario se esfumara,
porque no era para mí;
no se recitaba mi nombre,
ni mis sueños
sólo era más y más vacío
dentro de mi corazón.
La radio dejó de sonar. Dejó el lápiz a un lado y abrió la ventana. El tenor imaginado desapareció y el viento hizo caer la hoja, perdiéndola bajo la mesa. Dejó que los cien años de pesar, se esfumaran tranquilamente y se librara su alma de pájaro encerrada en una poetisa.
cien años son miseria
susurraste a mi pesar.
No hallé gracia en tu boca,
en sus movimientos de malicia
y tapé mis ojos para no ver
solo para oír tu voz clara,
arrulladora,
futuros haciéndome soñar.
Me dejé llevar por ella,
una luna
dos inviernos
cien años
y es que cien años pasan rápido
entre la pena y la agonía,
cien años que vuelan,
sin alas, sin razón
sólo pasan, olvidan;
son sólo cien años,
susurraste a mi pesar.
La segunda vez,
tapé mi cordura
y te observé con ventanas nuevas,
mis ojos siendo los tuyos;
pero no me perdí en ellos,
si no en tu voz.
Un intérprete,
parte de una obra,
un personaje que emociones
cantaba todos los días
y delegó
a cien años de mi pesar.
Y dejé que el escenario se esfumara,
porque no era para mí;
no se recitaba mi nombre,
ni mis sueños
sólo era más y más vacío
dentro de mi corazón.
La radio dejó de sonar. Dejó el lápiz a un lado y abrió la ventana. El tenor imaginado desapareció y el viento hizo caer la hoja, perdiéndola bajo la mesa. Dejó que los cien años de pesar, se esfumaran tranquilamente y se librara su alma de pájaro encerrada en una poetisa.
miércoles, 11 de abril de 2012
¿Sigues estando ahí, inseguridad?
Por minutos he llegado tarde y perdido mi oportunidad. ¿Cuántas veces ha de ocurrirme, antes de reaccionar? La inseguridad me lo impide. Me lo impide todo.
Algún día el mundo será mío y ya no me pasará otra vez. Sí, ríete de mí. Quizá así también yo me ría.
Algún día el mundo será mío y ya no me pasará otra vez. Sí, ríete de mí. Quizá así también yo me ría.
La nube en el último vagón
Como avanzan los murmullos,
se encierra el ruido,
la paz aparente,
los sueños perdidos,
el pensamiento caótico,
las horas condensadas
y todo aquello sutil
que perece,
que no quiere revivir,
toma sus maletas y huye
fuera de la escena del bien.
Los rieles no escapan,
se hacen volátiles,
lejos del silencio,
donde los llaman a gritos
de dolor,
de miedo, algunas veces...
los mínimos de sarcasmo,
llenos de música
de color y nuevas ilusiones.
Adoptan alas de un batir nuevo.
El humo desprendido,
no es más que un canto,
asumido en despedida,
el borrón en la carta
que nunca te envié.
se encierra el ruido,
la paz aparente,
los sueños perdidos,
el pensamiento caótico,
las horas condensadas
y todo aquello sutil
que perece,
que no quiere revivir,
toma sus maletas y huye
fuera de la escena del bien.
Los rieles no escapan,
se hacen volátiles,
lejos del silencio,
donde los llaman a gritos
de dolor,
de miedo, algunas veces...
los mínimos de sarcasmo,
llenos de música
de color y nuevas ilusiones.
Adoptan alas de un batir nuevo.
El humo desprendido,
no es más que un canto,
asumido en despedida,
el borrón en la carta
que nunca te envié.
sábado, 7 de abril de 2012
Para los que extrañamos el sol, los días cálidos, el dinamismo de aquellos...
Y es que quizá, no exista silencio más hermoso que el sonido de la lluvia.
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