Sólo es ubicarse, lisa y llanamente, entre el costado del corazón y por encima del decoro, entre los latidos que resuenan e interrumpen todo avance del silencio. Es emoción, tal vez, lo que podría significar y transformarse en un avivamiento del ímpetu y una canción melodiosa al comenzar los días. Quizá se acerca a la felicidad, pero la posibilidad más fría y racional, es que el efecto es sólo fisiológico y no se asemeja a ningún regalo divino. Mejor, mejor verlo así.
lunes, 20 de febrero de 2017
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