Me faltan horas, días, atentados de gracia divina, para entender con qué propósito existen los disgustos, los desencuentros, los silencios incómodos. Tal vez nací con poca inteligencia emocional y el tacto no es lo mío...
Aunque sé, que ante todo pronóstico, actuar con sabiduría es lo correcto.
Pero, ¿y si ya no soy sabia?
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