Ahora entiendo, con suma alegría, como el aire invade cada espacio y cada milésima de segundo convirtiéndose en una necesidad, en una limpieza intransigente y profunda que fluctúa sin intervención de nadie (no creo que sea estrictamente necesario divagar en enfermedades del sistema respiratorio). Es un proceso demasiado natural. Tan natural como reir, como la curiosidad, como mirarse al espejo en las mañana y dejar de mirarse de repente por culpa del desayuno o los cinco minutos de atraso; un asunto de estar en la tierra y moverse junto al ritmo de la gente que ve y escucha ("pero el que yo sea yo, es mio y de nadie más"), que siente y piensa con la espontaneidad propia de cada quién y los problemas vagos que rodean cada día, una hora a lo menos.
El aire fluye y ahora entiendo.
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