La situación en la que se encontraba, peligrando cada vez más cerca del borde, hacía que el miedo paralizara sus sentidos y alterara su paciencia. ¿Cuál era el real motivo de aquel nerviosismo que le oprimía el pecho y no la dejaba respirar en paz como quería?
Se lo preguntó diez veces antes de poner un pie al otro lado, sin encontrar la respuesta que quería, temiendo el momento en que el mundo se detuviera junto con ella, y fuera catástrofe, caos, desorden.
La forma en que anheló aquella crisis de violencia, con tanta fe en las pérdidas, hizo de ella nada más una sucesión de segundos;
y era catástrofe
pregunta incierta
corazón ofuscado
pequeña esclava del olvido
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