No está claro que,
habiendo matado la fe en asuntos terrenales y encendida la llama de jamás perdonar, se sucumba tan fácilmente al día a día falso que evoca sensaciones y malestares propios de otro tiempo irreprochable, irrisorio, estrafalario y de mala clase, que se escondió tantos días bajo las pestañas de quien tiembla por expresar lo que grita pero no quiere que oigan.
No, está claro que
hay prioridades y sin embargo, se encuentran lejos y encubiertas en azúcar de mentiras.
Está claro que la sonrisa de un niño es hermosa.
No está claro que yo no entienda por qué sonríen, si todo sale tan mal, si las maneras correctas no existen.
Está claro que yo he perdido la certeza de tantas cosas que el miedo es común en cada situación; el frío abraza mis piernas y ya no quiero moverme.
La sonrisa de un niño me espera mañana; habrá que caminar, Dios mediante.
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