domingo, 17 de marzo de 2013

Away

Voy caminando como cada quién, como cada alguien. Mi reflejo está en una poza de agua y me cuenta que anteayer voló, que voló lejos. Y yo también quiero volar, aunque sea en sueños.
Tomo mi bufanda y mi cartera y emprendo un largo viaje a sabiendas de que nada he de temer si Dios está conmigo. Me saco los zapatos, subo al tren conservando la contrariedad y pido un café cargado de olvídame (soy de sonrisa fácil; el asistente me la respondió tres veces y a la cuarta me guiñó un ojo).
El libro pasa las páginas sin ser leídas y me da miedo perderme de algo importante: si mis girasoles volverán a crecer, si es el primer triángulo, si el ángel volvió para llevarse los jueves.
A veces soy yo, a veces cierro los ojos.


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