domingo, 15 de agosto de 2010

Servilletas con sal.

El espejo reflejaba nuestras caras sonrientes, cuatro en total.
Había una quinta, pero solo vestigios quedaban de ella, estando más feliz que las demás.
Un ruido, la lluvia cayendo, una respuesta vaga. ¿Qué sucede?
La conversación inconclusa, hizo que esas caras cambiasen en el reflejo; una enojada, una angustiada, y dos perplejas. La quinta cara seguía aún feliz.
Rápidamente el viento pareció llevárselo todo lejos. Pareció, porque de aquellos rostros cambió uno, uno que se llenó de sal.
Hogar, dulce hogar.
La calma sólo afectó a la nada misma, y todo, todo el espejo se distorsionó con el sentimiento de cada uno. El quinto rostro, mantenía una gran sonrisa.
Un grito que se elevó en el aire, una preocupación en la atmósfera, una cara distinta que mojaba servilletas con sal.
No es cierto todo lo que se vió, ni lo que se escuchó de todos alguna vez. Tampoco si la verdad fue verdad o no lo fué.
La expresión más dura, también lloró. La quinta cara, nunca se enteró de que pasaba.
No es cierto, no es cierto. Nadie sabe quién va en contra de quien.
Ayúdanos, cálmanos, cuidanos.
Las cicatrices se mostraron poco a poco en el brillo distorsionado, y la quinta cara pareció mostrar algunas también.
Aquél, que cubrió por último su rostro, se oscureció con los recuerdos. Se volvió más ausente, el odio llenando su corazón.

Y yo, al recordar esto, volví a mojar las servilletas con sal.

1 comentario:

  1. "No es cierto todo lo que se vió, ni lo que se escuchó de todos alguna vez. Tampoco si la verdad fue verdad o no lo fué" amé esa frase.
    Es cierto, nadie sabe nada sobre la verdad, porque todos tenemos distintos puntos de verlas, y todos la distorisionamos alguna vez.
    Muy bien redactado, señorita Holmes, no podría esperar menos de Usted.

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