Amargo siempre, la sensación anestésica, el clavo de olor en la receta. Yo quería tener por siempre mi galleta de canela: dulce, cálida. Quería compartirla contigo, pero tiré tus cosas, quemé las fotos, ardió mi casa. Mis manos tienen sabor a ceniza.
Hace un mes, un día se hizo un siglo que aún no acaba
ResponderEliminarUn siglo de azules y grises debajo del agua
¿Podré algún día escuchar los colores otra vez?