Mi castigo
idóneo y preciso
es nunca alcanzar
los deseos del corazón
y estoy triste
tan estúpidamente triste
que estoy ahogándome
nuevamente, como la primera vez
en que ya no te pertenecí.
El que yo quiera infinitamente
recuperar lo perdido
se pierde y oculta
entre el tiempo, las pastillas
el descuido
del que trato de no culparte
en algo que se escapa de las manos.
Solo soy un corazón roto
en un mundo de creencias
e investigaciones
y otras cosas vacías...
Me estoy parchando sola
por todas las decisiones que tomé
a punta de lágrimas
de rabia
y de recuerdos.
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