jueves, 21 de abril de 2016

Tercera

Firma el nombre al reverso de cada carta, escucha el silencio que rellena el buzón y luego interrúmpelo, lentamente por la entrada frontal. Bordes suaves y vírgenes, sello de propiedad y nombre completo, rut, dirección. Te has hecho partícipe completamente del momento.
El papel es blanco, tomas el lápiz, trazas una línea, escribes una letra, escribes la segunda, escribes la tercera. El sello marca que es tuyo, que tú has compartido la desdicha y el placer de recibirlo y de tener que contestarlo. El contenido es irrelevante: siempre será el mismo, sólo que con distinto nombre cada vez que lo escribas.
Abre el sobre y descubre qué hay adentro. Antes de que los bordes se cierren. ¿Se cierran solos, tal vez?
Introdúcelo en el buzón. Déjalo caer.
Lentamente.
Hazlo real.

Segunda

Cuando comienzas el ciclo de andar de translúcida y prepotente, no acabas jamás de entenderlo, de sentirlo, ni de dejarlo fluir. No tiene por qué ser razonable, no tiene por qué ser leído por otras personas. Eres tú y tus sentimientos, tú y tus estadías, tú y tus consecuencias que corroen y que no quieren ser más inflamables que tu espíritu. Simplemente déjalo ir, no te detengas, porque la presión pronto deja tu cuerpo y es ahí cuando de verdad, de verdad, eres libre.Y aunque no quieras serlo eres libre, de hacer lo que quieras, de las mentiras, de la vista ciega que ofrecen tus ojos. Un panorama que aterra y que desalienta si eres niña dulce o adulta incapaz; el panorama tierno de sentarse y no hacer nada para que el mundo te guíe y tus ojos más que nada, se pierdan lejos donde no puedan ser encontrados.
Ahora no estoy siendo parte de nada, ni de mi misma, Simplemente cierro los ojos y escribo y no sé qué escribo, carencias del alma, supongo. Falta de afecto, falta de emotividad, falta de miseria. Puras razones artificiales que no dicto yo, estoy segura que no. Pero si no soy yo. ¿quién? El fantasma los libros, el corazón atado de un león rugiente, la búsqueda. La eterna búsqueda. Yo no y me lavo las manos por ello.

Primera

Hazlo fácil para mí y olvídalo.
No éramos ni fuimos lo suficientemente estables. No lo seremos jamás.
Pregúntate si podemos vivir de esta manera. Pregúntate si eso es vivir.
(Hazme olvidar en primer lugar.
En segundo lugar, que corran lejos; ellos, no tú.
Si te alejas me quedo sola,
y es el problema diario que menos me gusta).

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