martes, 2 de febrero de 2016

18 de Septiembre

Entonces era,y con su andar frívolo recorrió aquella calle desde abajo, mirando en cuanto a su altura se lo permitía y en cuanto a su egocentrismo, unas tantas más. Y se limitó a estar quieto, a sopesar el aire, a mantener la respiración intacta y los ojos de universo sin parpadear, sin dar señales de estar despierto cuando yo lo miraba atenta a sus movimientos. Pero ignoraba todo cuando estaba allí incluyendo el césped que le incomodaba al tacto. Ignoraba todo excepto su presencia.
Noté entonces que tenía ojos para ella y no para el público pendiente, que tenía ojos para ella y no para el cielo enorme y limpio que anunciaba la llegada de la primavera; que tenía ojos que comprendían que una vez la dejara ir, ella no iba a volver jamás a pesar de que cada día era distinta.
Fueron largos los minutos y el gato no se inmutó. Solo nos fuimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Contador por país