jueves, 4 de junio de 2015

Como si lloviera

Finas ondas de intensidad que pronto se hicieron catorce, quince, dieciséis. Un afán de romper las cosas y un abrazo inmenso que no estuvo en mis propios brazos, sino en los ajenos ... y yo mirando a lo lejos la unión estrecha y tortuosa que se me ofrecía como espectáculo: las finas ondas de intensidad que transcurrían entre las anécdotas, entre el tenue espacio físico. Simplemente existía una diferencia entre lo pensado y lo ocurrido, que ya no era sólo contexto ni eran sólo dieciséis, que los minutos y las miradas se hicieron tangibles desde el momento en que comenzamos a caminar el mismo recorrido que puede abarcar un "siempre", con las hojas aún cayendo y esas flores, las flores que ya no estaban.

Pasaba todo, tal vez, demasiado rápido, contenido en solo unas horas de  entrega casi desesperada, con las manos abiertas para que alcanzaran los bajos y los agudos al mismo tiempo para que fuera la cercanía de los catorce, la lejanía de los veinte, para que todo estuviese en su lugar como nunca lo había estado. Una extrañeza casi familiar, como la calidez de los abrazos que se reciben a la distancia, que de pronto se convierten en olas de intensidad, y ya no hay números ni historias ni secretos. Secretos como que… tal vez ya no éramos niñas desde hace tiempo, o simplemente jugábamos a serlo; verdades a viva voz como que pasaba todo, tal vez, demasiado rápido. 

Contador por país