Ante los ojos tristes, los días cálidos, la ansiedad del viento y la valentía incómoda, no se puede decir que sí los lunes de septiembre y yo lo entiendo. Sin embargo, se puede decir una infinidad de cosas el resto de los días de semana, incluso el sábado y domingo, repasando las tardes ajenas y las que ya no están por venir. Se pueden contar los árboles, las anécdotas, los encuentros furtivos; se pueden contar los días en que decae el semblante y las semanas en las que se recupera, los momentos exactos que se borraron en el cambio de hora. Está la posibilidad de traducir todos aquellos sueños y ilusiones que ocurrieron a finales de Agosto...
Pero ya es martes, ¿y entonces?
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