martes, 27 de diciembre de 2011

Dale la bienvenida a la imaginación

Toc, toc ; me dijo un día al tocar mi puerta.
Se presentó en forma de letra, en formato de carta y con portada de libro, haciendo que se viera atractiva a mi modo de pensar. Entra, me sugirió, cuando yo no pensaba que en realidad toda aquella serie de párrafos y palabras desconocidas eran todo un mundo que podía afrontar y personificar a mis años de creatividad. Gracias a ella, comencé a vivir.
Los libros hicieron una escalera fundamental para mí, página por página alentándome a continuar en las historias que se hicieron un ejemplo. No sé cuál fue el primero, y espero que cientos de ellos pasen antes de llegar el último libro.



"Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro." - La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Créeme, por favor.

Créeme, amor mío, que si no te quise más fue porque tú me lo impediste.
La mirada fría que dabas en las mañanas después de imaginarme en sueños, que prometías tener cada noche después de pensar eternamente en mí, como solías mentir, repletaron mi mente de dudas incontrolables acerca de ti. La sonrisa irónica que me hacía sentir insegura, cada vez se agrandó más y más comenzó a captar la maldad cruel que posee el sarcasmo. Así como comenzó a verse como una burla de nuestras conversaciones y ofrecía falsedad a nuestros abrazos, tus demás expresiones reflejaban un triste panorama pobre en vocablos de afecto, vasto en sutileza y abundantes en desidia.
Aún de ese modo, me decías te amo. Un te amo tan vacío y desprovisto de significado, tan desigual entre ambos y poco creíble, que yo seguía cayendo por culpa de las novelas románticas. Sólo bastó una prueba para que la ternura de soñar conmigo, la sonrisa alegre que me hacía morir y resucitar al toque de tus manos, a partir de las palabras de unicidad hacia mí, cambiaran su total significado.
Créeme, amor mío, que si no hubiese sido por el labial en el borde de tu cuello, nunca te hubiese matado.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Represento tu vanidad

Narcisos negros, para ti compré.
Eran pulcros, eximidos de las noches de desvelo y el aire frío de Berlin; ácidos a la vista y fragantes a las caricias de mis torpes manos. Cada flor nacía de un largo viaje enredado en una coreografía de colores irrisorios para quien extiende la sobriedad en su curriculum y confunde el color blanco con el verde. Como me dijiste una vez, el vinagre cambiaría hasta lo más inocente de una flor. Al triste hombre que creía ganarse una vida en lugar de perderla frente a su puesto, le sugerí la idea para teñirlos del negro que cubría mi falsa pena en forma de velo. Uno por uno, con la delicadeza que se hace un perfume, tomó los pétalos y los sumergió en los recuerdos que me hicieron llorar cada jueves al anochecer; y uno por uno, comenzaron a ennegrecer. Los dejé esperando frente a tu puerta y no volví a mirar atrás.

martes, 6 de diciembre de 2011

Escribe sobre el silencio

...

Merece permanecer en él mismo.

Exprésese por seis

Confíe en tus pensamientos.
Navegué en tus ojos.
Me perdí en tu poesía.
Expuse mi admiración en ti.
Inventé sendas para guiarte.

Hice mías tus palabras.
Te contemplé por horas.
Aprecié el silencio.
Me cerré a las letras.
Te regalé mi seguridad.

¿Qué logré?
¿Qué perdí?
¿Cuánto esperé?
¿Dónde escapó la crebilidad?
¿Cuántos días soñé frente a la ventana?

Después no eras filósofo.
Después no eras eterno.
Después no eras poeta.
Después no eras un misterio.
Después no eras tan real.

Pero te encontré a ti, y dentro de todo eso que no eres, me alegro y sonrío.

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