martes, 9 de noviembre de 2010

Reflejando mi propia muerte

Dicen que si uno revierte las manecillas de un reloj,
el tiempo vuelve atrás,
las decisiones cambian,
las percepciones del futuro se anulan.


Me acerqué al velador con la respiración acelerada, analizando cada paso que daba la andrajosa mujer cuidosamente.
Con la daga haciendome heridas en mi temblorosa mano, di un paso. Otro más. Y otro más. Paré.
No se movió.
Levanté mi brazo, amenazante en dirección hacia ella. No hubo reacción alguna. Esperé.
No sé cuanto tiempo lo hice, quizá minutos, horas, incluso días; pero aquella mujer seguía estática, respirando dificultosamente y mirándome como si tuviese pena de mí.
Continué mirándola.
Finalmente, capté un movimiento. Su boca se curvó hacia arriba y comenzó a reir a carcajadas, señalandome. El sonido que emitía me recordó porqué la odiaba tanto.

Mi mano actuó por si sola y la apuñalé, no solo una, sino más de cinco veces, haciendo que el piso de la habitación quedase cubierto de cristales.

Yo acababa de matar a mi reflejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Contador por país