Él es de todos
el que más comprende
atesora y recuerda
cómo romperme el corazón
al que podría entregárselo
sin pensar que un día
iba a mirarlo con ojos fríos
y dejarlo ir, dejarlo ir
y solo Dios sabe cuándo lo amé
y cuánto lo quiero
y cómo pienso en recuperarlo
para que me entienda
y me cuide los días malos
y que en mi descuido
me bese la frente y me entregue
polvo de sueños y de amor
de lo que ya se rompió otra vez.