Tenía aceite hirviendo
que de pronto estaba en mis manos
y en lugar de quemarme la piel
me hería de palabra y de hecho
Decidí quitármelo entonces
tranquila, sin alboroto alguno
y probé con agua y azúcar
y con sal de mares nuevos
El tiempo fue enemigo entonces
porque no quiso alivianarme
ni la carga ni el dolor
ni el volumen de la música
Y vino de pronto el frío
sanó las heridas
devolvió el color al cuerpo
besó mi mejilla
Entonces el sol, tímido
me otorgó al recuerdo
y la culpabilidad
del que es indiferente