lunes, 11 de julio de 2016

Niña dulce

Niña dulce, niña amarga, nunca es día ilustre ni demasiado pulcro para malgastar el tiempo en latidos inocuos, en pensamientos cálidos y en vísperas de amor. La vida pasa, ¿y cuándo has de descubrir que es triste, si nunca ignoras las ensoñaciones? Hoy no duermas, hoy no; hay que enseñarte a ser forraje o ser hiedra, porque ya acabaron los besos de la primavera y de su hastío nos ha dejado el invierno, sin opción ni caricias más profundas que la lluvia. Hoy no duermas, niña dulce, pedazo triste de cielo, porque tus ojos aún atentos deben cerrarse solamente para contemplar dolores, para centrarse en las variaciones del tiempo, las tonalidades grises, pasteles, frías y resueltas que protagoniza tu esmero por seguir despierta.
Y en esta dicha, cláusula del desconsuelo, permaneces niña amarga hasta que cada latido no duela, que cada pestañeo no contenga lamentos.

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